Cartelera de Historia
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C.S.I. en Argentina, 1892
El 30 de junio de 1892, dos niñitos fueron encontrados asesinados en sus camas en la pequeña ciudad bonaerense de Necochea. El dolor imposible de su madre, una mujer pobre llamada Francisca Rojas, despertó de inmediato la piedad de las autoridades y de toda la sociedad pueblerina.
Los días pasaban, y la investigación no daba resultados. La madre acusaba a un vecino, Ramón Velázquez, pero éste, a pesar de haber sido torturado por la policía, se negaba a confesar. El misterio acosaba al detective a cargo del caso, Eduardo Alvarez.
Mientras repasaba la escena del crimen, Alvarez notó un par de huellas digitales impresas en sangre y no dudó que debía pertenecer al verdadero asesino. Entonces llevó al acusado Velázquez y a la señora Rojas a la capital de la provincia, La Plata, donde el jefe de Policía Nunes había instalado desde hacía muy poco una Oficina Antropométrica. Allí trabajaba el inmigrante croata Juan Vucetich, encargado del área de Estadística.
Canciones de crimen y pasión en Buenos Aires
Entre 1870 y 1930, circulaban por Buenos Aires hojas sueltas con canciones anónimas que hacían alusión a sonados crímenes a menudo teñidos de rojo pasión. ¡Lástima que sólo se conozcan a través de testimonios, y no se haya podido conservar ninguna! Sin embargo, alguna vez los periódicos de entonces -que debían competir con estos brevísimos noticiarios impactantes, pícaros, libres hasta la inmoralidad- debieron resignarse a sumar estas coplillas insidiosas y efectivas para atraer a sus morbosos lectores.
En 1894, un francés llamado Tremblié, mató a otro de nombre Farbos y diseminó las partes de su cuerpo descuartizado por toda la ciudad. En las calles porteñas se vendían las siguientes coplas:
“¿Dónde vas con catorce baúles?
¿Dónde vas, asesino Tremblié?
-A la cárcel por toda la vida
por el hombre que descuarticé
-¿Dónde vas con el bulto apurado?
-A los lagos lo voy a tirar,
es el cuerpo de Augusto Conrado
al que acabo de descuartizar.”
Los diarios populares de la década de 1920 incorporaron la tradición callejera de las coplas con canciones en rima sobre los casos más resonantes del momento. ¡El ingenio popular nunca descansa!
(Si querés saber más sobre este tema y otros relacionados con la historia del crimen, la historiadora argentina Lila Caimari escribió Apenas un delincuente, publicado por editorial Siglo Veintiuno.)
Nora V. Iglesias


























