Cartelera de Historia

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Archivos para Francia

Tierra de redentores

ENRIQUE KRAUZE 01/10/2011 en El País

El culto al caudillo y el mito revolucionario han dominado la historia de América Latina. Octavio Paz reivindicó su raíz democrática, y ahora, Mario Vargas Llosa es el líder intelectual y moral de aquellos que esperan el triunfo de la libertad. El autor de este texto interpreta la historia independiente y moderna del continente, habla del mito del hombre fuerte, del héroe providencial, y censura la revolución como el prestigio de una nueva aurora.

No uno sino dos fantasmas recorren la historia independiente y moderna de América Latina: el culto al caudillo y el mito de la Revolución. Los pensadores liberales del siglo XIX abjuraron de ambos. En Facundo -su obra clásica sobre el telúrico caudillo Facundo Quiroga, “sombra terrible” de las pampas-, Sarmiento recreó al prototipo del poder personal en el siglo XIX latinoamericano, el dueño de vidas y haciendas, hombre de horca y cuchillo, símbolo de Barbarie opuesta a la Civilización. Publicada en 1845, aquella obra tuvo una brillante descendencia, primero en el Nostromo de Conrad y más tarde en una larga sucesión de novelas sobre dictadores: Tirano Banderas de Valle-Inclán, El Señor Presidente de Miguel Ángel Asturias, Oficio de difuntos de Arturo Uslar Pietri,Yo, el Supremo de Augusto Roa Bastos y las dos antitéticas creaciones de García Márquez y Vargas Llosa: El otoño del Patriarca y La Fiesta del Chivo. Por lo que hace a la Revolución, a pesar del influjo romántico de la Revolución Francesa, en el siglo XIX el concepto se entendió como una ruptura ilegítima y violenta del orden legal. En ese mismo sentido lo emplea Conrad para describir a su turbulenta Costaguana: la Revolución como la otra vertiente de la Barbarie. Pero al despuntar el siglo XX, con el advenimiento de la Revolución mexicana y la bolchevique, una lenta trasmutación comenzó a operar en la realidad y la imaginación de nuestros países: la crítica del caudillo se transformó en culto al hombre fuerte, al héroe providencial; y la Revolución adquirió el prestigio de una nueva aurora de justicia para los pueblos. Leer el resto de esta entrada »

I Guerra Mundial en colores, parte 1

Por fin pudimos subir la primera parte del video… ¡a no perdérselo!

I guerra mundial en colores, parte 1, posted with vodpod
Seguí la historia en:
La I Guerra Mundial en colores, parte 2

La I Guerra Mundial en colores, final

Haití, el azote de la venganza histórica

 

 

LA ESCLAVITUD afroamericana y la revolución haitiana muestran que la modernidad se funda en una doble violencia.

 

El paupérrimo país caribeño provocó la primera rebelión de esclavos que devino en la formación de una nación en 1804, antes que el resto de América. Dos siglos después, Haití parece estar pagando largamente ese atrevimiento. Eduardo Grüner trata el tema en la entrevista que le realizó Ñ.

por Agustín Scarpelli

El último libro de Eduardo Grüner viene a interrumpir el flujo del pensar histórico-filosófico y, por tanto, la tarea que abre es infinita y el camino que señala es arduo. Si por un lado recuerda, al nivel de los “meros hechos”, la importancia de la revolución haitiana –la primera y más radical de las revoluciones independentistas y la única revolución de esclavos negros triunfante en la historia humana– para Sudamérica y el Caribe, y la forma en que allí se anudan la historia colonial de Africa y de América, por otro lado, nos desvela su influjo en el pensamiento filosófico y la producción literaria modernos. Incluso Hegel, sugiere el autor en la huella de Susan Buck-Morss, estaría pensando en ella en el célebre apartado IV, “la dialéctica del Amo y el Esclavo”, de su Fenomenología del Espíritu , cuando habla de la lucha a muerte por el reconocimiento del Otro, aun más que en la revolución francesa, aunque el filósofo alemán no mencione ni a una ni a otra. Leer el resto de esta entrada »

Vuelta de Obligado: reivindicación de una epopeya nacional olvidada

03/10/10

En 1845, Argentina enfrentó a las dos potencias de la época, Francia e Inglaterra. Y las obligó a capitular.

Por PACHO O’DONNELL. ESCRITOR para Clarín

El combate de la “Vuelta de Obligado” es, junto al Cruce de los Andes, una de las dos mayores epopeyas de nuestra Patria. Una gesta victoriosa en defensa de nuestra soberanía que puso a prueba exitosamente el coraje y el patriotismo de argentinas y argentinos, lamentablemente silenciada por la historiografía liberal escrita por la oligarquía porteñista, antipopular y europeizante, vencedora de nuestras guerras civiles del siglo XIX.

Corría 1845. Las dos más grandes potencias económicas, políticas y bélicas de la época, Gran Bretaña y Francia, se unieron para atacar a la Argentina, entonces bajo el mando del gobernador de Buenos Aires, don Juan Manuel de Rosas. El pretexto fue una causa “humanitaria”: terminar con el gobierno supuestamente tiránico de Rosas, que los desafiaba poniendo trabas al libre comercio con medidas aduaneras que protegían a los productos nacionales, y fundando un Banco Nacional que escapaba al dominio de los capitales extranjeros. Leer el resto de esta entrada »

“El hombre impar”, por Martín Kohan

Continuamos publicando los relatos aparecidos en la Revista Ñ, inspirados en la figura del gral. San Martín:

“La idea se inspiró al parecer en un recurso de los ejércitos napoleónicos, aunque puede que tuviera precedentes. Se justificaba ante todo por pruritos de seguridad: poner al jefe a salvo, suplirlo de ser preciso, con otro que se le pareciera lo suficiente. De paso, otras funciones se desprendían de esa primera, pero como complemento; por ejemplo, aliviar al jefe de fatigosas recepciones populares, saludando en su lugar a distancia y con mejor semblante.

Delfín L. Cáceres fue incorporado con ese fin al Ejército Libertador, al igual que otros tres o cuatro lungos de tez morena y nariz aguileña; en caso de peligro para la integridad física del General San Martín, tenían que mostrarse (mientras él se escabullía) y prestarse a la confusión. El encargo era riesgoso, pero no requería esfuerzos: bastaba con parecerse y dejarse estar. Y faltando amenazas concretas, los días para estos dobles transcurrían con más placidez inclusive que para los restantes soldados, los que apenas podían parecerse a cualquiera, o a nadie, o a sí mismos nada más. Leer el resto de esta entrada »

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