Cartelera de Historia

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Las dos vidas del asesino de Trotsky

Enigma obsesivo de la literatura y el cine, la figura del español Ramón Mercader, espía y brazo ejecutor de Stalin, es revisitada por la escritora Nuria Amat, emparentada con él y autora de la novela “Amor y guerra”.

POR NURIA AMAT en Revista Ñ

La policía mexicana exhibe el piolet con el que Mercader mató a León Trotsky.

La policía mexicana exhibe el piolet con el que Mercader mató a León Trotsky.

Siempre supe que Ramón Mercader, responsable de haber dado muerte al recordado dirigente de la Revolución Rusa, León Trotsky, era para mí un asesino muy especial. En primer lugar, mi padre estaba emparentado con María Mercader, la esposa de Vittorio de Sica, y en lo que respecta a la familia, Ramón era poco menos que un demonio. Silencio sepulcral al respecto. Y, para añadir más misterio al enigma, la vida de Mercader ha sido uno de los más grandes secretos de la historia del comunismo soviético.
Elementos todos que, sumados, se convirtieron un buen día en tentación fulminante para una novelista entregada a descubrir intimidades, desvelar confidencias, atar cabos sueltos a personajes incómodos y poner sobre el tapete la luz reveladora de tanto misterio y manipulación política.
¿Cómo un joven catalán de veintisiete años, hijo de la burguesía barcelonesa, consiguió ser uno de los asesinos más conocidos y repulsados de la historia y con ello cambiar el curso de la misma? Para responder a fondo escribí una novela (Amor y guerra) y, posteriormente a su publicación, dediqué tres años más a una investigación sobre la verdadera personalidad del asesino, los motivos del crimen (ordenado, como es sabido, por Stalin) y el entramado de la importantísima red de espionaje soviético en la que Mercader llegó a ser considerado el agente más valorado.
Ramón Mercader ha pasado a convertirse en mi fantasma particular. Especialmente cuando el único nieto de Caridad Mercader consiguió comunicarse conmigo pidiéndome que en lo posible siguiera indagando y estableciendo claridad histórica sobre su tío y abuela. No he podido evitar desde entonces buscar la mejor respuesta a los datos ocultos ¿Fue Ramón Mercader el único ejecutor del crimen? ¿En qué consistió la sucesión de órdenes para que fuese un catalán el responsable del asesinato? ¿Por qué con la ayuda de un piolet, objeto primitivo, pudo perpetuar el crimen? ¿Llevaba otras armas mortíferas? ¿Cómo estos elementos, digamos surrealistas y sórdidos consiguen superar las estrategias criminales soviéticas más profesionales? ¿Cómo era Ramón? ¿Qué le indujo a hacer lo qué hizo? ¿Caridad Mercader del Río, madre del protagonista, estuvo realmente loca? ¿Amó a Stalin más que a sí misma? ¿Qué motivos hubo para que no fuera purgada y encarcelada por Stalin como todos los agentes soviéticos participantes del crimen? ¿Cuál era la relación entre madre e hijo antes del asesinato? ¿Por qué se negó Ramón a escapar a Moscú cuando su madre había articulado la estrategia para sacarlo de la prisión de Lecumberri? ¿Por qué concedieron a Mercader el Premio Lenin de la Paz? ¿Por qué “huyó” a Cuba? ¿El asesinato de Trotsky cambió, como dicen, la historia del siglo XX? ¿Fue Mercader asesor de Fidel Castro durante su exilio cubano? ¿Cuáles fueron los motivos de su muerte?
Y sobre todo: ¿por qué un silencio tan largo y espeso? Un riguroso silencio de sus protagonistas y de los testigos del hecho que persiste todavía pese a los cambios extraordinarios ocurridos en la antigua Unión Soviética y el mundo.
Mercader no es cualquier peón elegido al azar tal y como han querido presentarlo.

El origen de la leyenda

En un mes de febrero gélido de 1913, año en que Stalin se verá por primera vez con Trotsky en Viena, nace en Barcelona Ramón Mercader del Río, el agente especialísimo que asesinará al Jefe de la Revolución Roja, obedeciendo el catalán la orden del tirano soviético. Mercader: el hombre más secreto de la historia reciente, leyenda mundial en hervidero sobre la que especularán voces célebres del arte y de la cultura (Losey y Semprún, entre ellos) pero sin conseguir demostrar la verdad de su vida. Se trata, sin duda, de un asesino muy particular. ¿Sicario? Por supuesto, no. Estalinista hasta los huesos, sí. Producto de un tiempo en el que el oficio de matar era práctica corriente de héroes, idealistas y belicosos. Espía modélico conforme al canon de agentes secretos de la época. Republicano, inteligente, cultivado, marxista, burgués, bien educado, intrépido que, a diferencia de otro agente famoso (alias 007) creado por Ian Fleming, con quien el catalán guarda más de un parecido, trabajará a las órdenes del servicio secreto de Moscú siendo el mismo el agente más valorado de la Unión Soviética.
Finales de los años treinta de un siglo que Kafka llamó “la época más nerviosa de la historia”. Una gran crisis económica ha afectado al mundo capitalista y se desatan guerras en diferentes países. Millones de muertos. Poblaciones destruidas. Hitler, Stalin, Mussolini y Franco establecen dictaduras absolutas y mortíferas, hasta terminar en una guerra fría entre dos bloques. El occidental capitalista, liderado por Estados Unidos, y el oriental comunista, liderado por la Unión Soviética.
¿Qué papel representa Mercader, hijo de un fabricante textil de Barcelona, en este escenario sombrío? Nadie sabe ni quiere saber. Su vida, su forma de actuar, su formación, la red de espionaje de la que depende su silencio y su gran personalidad (siempre bajo la bota del gran verdugo Stalin) contribuyen a que la fábula en torno al asesino de un solo hombre prevalezca sobre su historia real, sorprenda incluso a la maquinaria espía soviética y pase a transformarse finalmente en mito. Es decir: en una fatal quimera.
Los dioses de la guerra tienen su parte de responsabilidad en tamaña vida novelesca. Nacido Ramón para ser industrial, abogado, deportista, historiador, periodista, diplomático, militar o profesor (todo eso llegó a ser entre una cosa y otra) se convierte, como bien contó Javier Rioyo en su película (Asaltar los cielos), en el único asesino español de las enciclopedias universales sobre criminales gloriosos. Solo que en este caso su historia no es como han querido inventarla. Sino increíblemente mejor.
Héroe para unos, asesino para otros, el agente secreto Mercader, alias un sinfín de identidades, es conocido en el mundo por ser autor de su obra más significativa. Un 20 de agosto del que ahora se cumplen setenta y tres años, consigue matar al líder de la Revolución rusa con la ayuda de un piolet de niño que clava en la cabeza de su víctima sentada a la mesa de su despacho de la casa en el barrio de Coyoacán (México, D.F.) donde Trotsky vivía fortificado temiendo que su obsesionado enemigo consiguiera liquidarlo.

La mano que mueve la cuna Sigue leyendo


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La impresionante historia del embalsamiento de Lenin

Texto del periodista Daniel Utrilla publicado en el año 2001 en El Mundo (España).

Por Daniel Utrilla

Cuando a finales de marzo de 1924 los profesores Vorobiov y Zbarski sumergieron por primera vez el cadáver de Lenin en una viscosa mezcla de glicerina y acetato de potasio, pocos imaginaban que aquella momia de carne y hueso sobreviviría incorrupta a la descomposición de su propio régimen, acaecida el 25 de diciembre de 1991, hace justo una década. Transcurridos 78 años de la muerte del fundador de la Unión Soviética, sólo exiguas comparsas de nostálgicos y de turistas morbosos alimentan hoy un culto que durante medio siglo adquirió dimensiones faraónicas y convirtió el mausoleo de la Plaza Roja en la meca del comunismo, con más de un millón de visitantes al año (unos 3.000 al día), según datos de la prensa soviética de 1940. “Recuerdo que la primera vez que toqué el cuerpo de Lenin sentí cierta repulsión. No me hallaba ante un mero cadáver. Era una figura sagrada e idolatrada por todos”, asegura el académico Ilia Zbarski.

Codo a codo con su padre y el profesor Vorobiov, Zbarski manipuló con sus propias manos el cadáver de Vladimir Ilich Ulianov, Lenin, durante 18 años, lo embadurnó periódicamente de pies a cabeza con el bálsamo secreto y estuvo a su lado en su exilio siberiano durante la invasión alemana.

Último superviviente de aquel equipo original de embalsamadores, Zbarski sigue a sus 88 años al servicio de la ciencia como consejero adjunto del Instituto de Biología Kolsov, al que acude en metro dos días por semana desde la otra punta de Moscú. Encerrado en su lúgubre laboratorio, Zbarski recuerda aquellos años junto a la momia, tiempos difíciles en los que el mínimo error se pagaba con la vida. “Entré como asistente del mausoleo cuando tenía 21 años, en 1934, un año antes de graduarme en Fisiología. Aquello suponía una responsabilidad enorme, aunque con el tiempo se convirtió en algo rutinario”.

Mientras disecciona su pasado, Zbarski se aprieta los dedos rollizos de su mano derecha, que parecen contagiados de la eterna juventud que insufló a la momia. “En 1924, mi padre consiguió que Dzerzhinski lo recibiera en su despacho”, relata. Felix Dzerzhinski, fundador de la siniestra policía secreta soviética y cabeza de la Comisión Funeraria encargada de los restos del líder soviético, interrogó desesperado a Boris Zbarski. “¿Qué hacemos con Lenin?”, le inquirió escéptico. Pese a la oposición de Trotski, Bujarin y Kamenev, Stalin se había empeñado en conservar el cuerpo del ideólogo. Sin embargo, habían transcurrido ya más de tres meses desde su deceso y el bálsamo ordinario que el profesor Abrikossov utilizó para preservar provisionalmente el cadáver (inyectando en la aorta seis litros de alcohol, formol y glicerina) no daba más de sí. El rostro de Lenin se resquebrajaba ante la mirada de los miles de soviéticos que confluían a diario en la Sala de las Columnas para despedir a quien siete años antes había encabezado la insurrección que llevó a los bolcheviques al poder y que fundó la Unión Soviética en 1922 tras una cruenta guerra civil cuyo triunfo apenas pudo saborear.

Lúgubre sótano. Pese a los riesgos de un posible fracaso, el padre de Ilia Zbarski dijo estar dispuesto a cargar con el muerto. Le aseguró a Dzerzhinski que los reactivos creados por su amigo el profesor Vorobiov, catedrático de Medicina en la Universidad de Jarkov (Ucrania), frenarían en seco la putrefacción de los tejidos. La idea de congelar el cadáver como un mamut, planteada por el mandatario bolchevique Krassin, había engatusado desde el primer momento a Dzerzhinski. Sigue leyendo


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Dictador o súperestrella, Stalin “vive” 60 años después de su muerte

Homenajes e indignación se suceden en Rusia al cumplirse el 5 de marzo un nuevo aniversario de su muerte. El presidente Putin encargó se escriba un libro de historia común a todo el país que no contenga contradicciones.

En Revista Ñ

Retratos en autobuses, en imágenes religiosas o pósters de héroes: 60 años después de la muerte del dictador soviético Josef Stalin, Rusia revive el culto del histórico personaje. Nacido en 1879 como Josef Yugashvili, murió el 5 de marzo de 1953 a los 73 años. Mañana martes, cuando se cumplen 60 años de su desaparición, películas en la televisión estatal y conferencias recordarán al hombre que no sólo controló la Unión Soviética, sino todo el bloque europeo oriental.

Pero muchos se preguntan por qué se añora ahora en Rusia a un personaje represor, lo que ha desatado un fuerte debate en le país. “Stalin es celebrado por algunos como si se tratara de una superestrella”, dijo el publicista Nikolai Svanidze en declaraciones al diario sensacionalista MK. “Ya no es el sangriento dictador, sino casi Jesucristo”, escribe provocador. Svanidze critica que hoy en día se vuelva a “apretar las tuercas” a la población: “El pueblo no cuida la libertad y la democracia (…) y aprueba indiferente todo, está de acuerdo en todo. Y vuelve a odiar a América”.

Activistas de los derechos humanos e historiadores denuncian desde hace años que tras una fase de apertura y cambio (Glasnost y Perestroika) muchos archivos siguen reservados. El esclarecimiento de los crímenes de Stalin sigue siendo difícil. Y a debate público no salen cuestiones como los campos de la muerte, el fusilamiento de eclesiásticos y otros inocentes, la hambruna de los tiempos soviéticos, o toda esa brutal inhumanidad de la época estaliniana, señalan.

La televisión pública presenta comprensivamente a Stalin como un hombre que tuvo que tomar decisiones difíciles en momentos difíciles. Los políticos defienden por ejemplo que la ciudad de Volgogrado vuelva a llamarse Stalingrado, y no sólo para las celebraciones. Opinan que el nombre retirado en 1961 en el marco de la “desestalinización” podría quizá recordar más duraderamente la victoria contra la Alemania de Hitler. E incluso un grafiti borrado y reescrito en el metro de Moscú vuelve a recordar hoy al dirigente soviético: “Stalin nos inculcó la fidelidad a la nación”.  Sigue leyendo


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Fotografìas de la familia Romanoff, la última dinastía rusa

Familia RomanoffAlejandro IIINicolas y sus padresLos Romanoff y la abuela Reina Victoria
Rusia, policia 1905Duma en 1915Domingo Sangriento,1905
Coronación de NicolásNicolas y Alejandra, el matrimonioMatrimonio RomanoffZar Nicolás II
Zarina AlexandraFamilia RomanoffLos 5 hermanosMatrimonio imperial con el zarevich
RasputinNiños RomanoffTenis en Livadia, CrimeaRasputin
Zar y zarevichBebé de la familia Romanoff

Ver Familia Romanoff y Revolución Rusa, un álbum en Flickr.

Si alguna vez sentiste que te gustaría espiar por la cerradura y presenciar escenas cotidianas de grandes personajes históricos, no te pierdas estas extraordinarias imágenes de los protagonistas de uno de los sucesos más importantes del siglo XX, la Revolución Rusa: retratos familiares del zar Alejandro III, la reina Victoria y el matrimonio de Nicolás y Alejandra, escenas íntimas de la familia Romanoff y de sus hijos, del siniestro Rasputín, los asesinos de Ekaterimburg y los tesoros de la familia imperial. ¡No te lo pierdas!


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La U.R.S.S.: una experiencia del siglo XX

El análisis de una experiencia que no admitió neutralidades es la tarea que acomete Jorge Saborido en un libro que evalúa los intentos soviéticos de construir una nueva sociedad.

POR ISIDORO GILBERT en Revista Ñ

Los tiempos de la Unión Soviética marcaron el siglo XX, y significaron el objetivo de una experiencia que en teoría intentó poner en práctica las ideas transformadoras de Carlos Marx, quien pensó que el capitalismo desarrollado daría paso a la construcción de una nueva sociedad, la socialista, y en su despliegue, a la comunista, una organización social que se regiría por el apotegma “de cada uno según su capacidad, a cada uno según su necesidad”.

Veinte años después de la implosión de la URSS, Jorge Saborido, desde la Argentina, pero con documentación diversificada, incluso papeles que salieron de la oscuridad, ha escrito con suceso esta Historia de la Unión Soviética que sin duda será texto de las cátedras de historia contemporánea y que bien puede interesar a aquellos que quieren saber sobre esa experiencia y el porqué de su estrepitosa caída. Sigue leyendo


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Reivindicación de Trotsky

Las actas de la Comisión Dewey, ahora publicadas, prueban la falsedad de las acusaciones estalinistas contra Trotsky.

Por: ISMAEL BERMUDEZ para Revista Ñ

Hace ya bastante tiempo que la opinión pública mundial sabe con certeza, algo que no ocurría en la época: que las calumnias sistemáticas de Stalin y de los voceros internacionales del aparato controlado por la burocracia de Moscú contra León Trotsky fueron una pieza central para liquidar a toda la dirigencia que había comandado la Revolución de Octubre de 1917 cuya mayoría no compartía ni la teoría de la revolución permanente ni la caracterización de Trotsky sobre el Termidor ruso (la contrarrevolución piloteada por Stalin) ni la que caracterizaba a Stalin como un bonapartista cuya política conducía a la restauración capitalista.

Pero el 10 de abril de 1937, cuando en la Casa Azul de Frida Kahlo en Coyoacán, México, comenzaron las sesiones de la Comisión Dewey, un Tribunal constituido por grandes personalidades de la época a pedido de Trotsky para juzgar sus supuestas actividades contrarrevolucionarias, de espionaje y sabotaje contra la Unión Soviética que había lanzado Stalin, se estaban celebrando los Procesos de Moscú. Y el régimen de Stalin se encontraba en el momento de mayor crisis interna y sobrevivía a fuerza de crímenes, incluso de sus propios partidarios, y del terror. La política internacional de acercamiento a las “potencias democráticas” y los frentes populares había concluido en un completo fracaso y el régimen se encontraba aislado incluso de las propias masas en vísperas de una guerra inminente.

Los “juicios de Moscú” fueron acompañados por la masacre de decenas de miles de trotskistas y de otras corrientes de izquierda en los campos de concentración stalinianos. Fueron construidos sobre la base de “confesiones” arrancadas bajo la tortura y de una completa desmoralización política de los acusados, que pagaron de este modo su complicidad con el establecimiento del termidor. Sigue leyendo

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