Cartelera de Historia

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Archivos para Siglo XX

Historia del Arte: las Vanguardias tomadas con humor

Realismo: Asesino de moscas.
Impresionismo: Homicida de moscas en la estación de Saint Marie sobre el Sena, una mañana de domingo en primavera.
Fauvismo: Joven mata a mosca.
Art Nouveau: Encantamiento floral con pequeña mosca alegre.
Expresionismo: Yo y mi mosca.
Cubismo: Retrato de hombre y matamoscas en la mano.
Futurismo: Dinamismo de mosca cazada.
Arte Abstracto: Estudio para la cacería de moscas.
Dadaísmo: Gazze-ra
Suprematismo: Mosca roja insinúa pequeño hombre.
Metafísico: Inquietante mosca.
Surrealismo: Paisaje con mosca y mesa en llamas.
Action painting: Negro brillante y mosca.
Pop-Art: Okay…
Minimalismo: Hombre y mosca.

(Para agrandarla, hacé click!! sobre la imagen.)

Lamento no poder especificar el origen de esta historieta, ya que es una de esas cosas que circulan por la red. Sin embargo, está tan genialmente hecho, que vale la pena compartirlo. Así que… ¡disfrútenlo!

La política del pantalón

Sobre el valor simbólico de la ropa que eligimos según el libro “Historia politica del pantalón” de Christine Bard… 

POR RAQUEL GARZÓN en Revista Ñ

Mi hija muere por los vestidos. Tiene tres años y ya se perfila infartantemente coqueta: ensaya mohínes ante el espejo y la he visto practicar el efecto que causan lágrimas y medias sonrisas, con una expertise que envidiarían las quinceañeras. Su afición por el broderie y los volados ha saltado una generación –de mi madre a ella– ignorándome. Anticipo que mi placar cumplirá decepcionándola, cuando su adolescencia reniegue de mis gestos: para mí la sensualidad puede acampar sin culpa en un buen par de jeans (tiro alto, de esos que aún valoran el esfuerzo que hacemos por conservar la cintura, mal que le pese a la moda). En Historia política del pantalón (Tusquets), Christine Bard analiza las tres funciones reconocidas a todas las prendas –el atuendo, el pudor y la protección–, añadiéndole una cuarta dimensión que interactúa con las anteriores: el valor simbólico. “El pantalón es el marcador del sexo/género más importante para la historia occidental de los últimos dos siglos”, sostiene la académica francesa. Nació revolucionario en 1789 (antes de eso los varones usaban “calzones” que llegaban hasta la rodilla) y fue por largo tiempo emblema de virilidad, prohibido a las damas. “La conquista del símbolo por parte de las mujeres sólo puede expresar el deseo de igualdad de los sexos”, aunque en el ámbito individual quepa leerlo también como “la elección de una prenda práctica”. Bard analiza el proceso que nos trajo de entonces a ahora, pasando por los sentidos del travestismo en diversas épocas, el imperio del unisex hacia fines de los 60 del siglo XX y el presente de organizaciones como Men in Skirts, que defiende el derecho de ellos a colgar los pantalones. El traje es una expresión de identidad, algo que Catalina sabe cuando prefiere pasar frío a deslucir el suyo con un abrigo. Vestirse es un modo de elegirse, con la revolución que eso siempre implica. Entre su estilo y el mío hay encuentro y una deliciosa complicidad: acepta vaqueros con dibujos y bordados (“rosa, mami”) y por nada del mundo salimos a la calle sin perfume. 

El Hotel de Inmigrantes de Buenos Aires: advertencias para viajeros italianos

Entre 1870 y 1929, la Argentina recibió alrededor de 6 millones de inmigrantes. De ellos, 3.250.000 se radicaron en nuestro país. Este asombroso movimiento humano tuvo un peso decisivo en nuestra demografía.

Desde 1810 se había intentado proveer al alojamiento de los recién llegados. Después de utilizar varios edificios en distintas ubicaciones (desde el asilo de La Chacarita de los Colegiales al “Hotel de la Rotonda”), en 1906 la empresa Udina y Mosca comenzó a construir en Buenos Aires un edificio destinado a recibir, alojar y distribuir a los recién llegados. El proyecto del llamado Hotel de Inmigrantes, elaborado por el Ministerio de Obras Públicas, comprendía un complejo de pabellones destinados al desembarco, colocación, administración, atención médica, servicios, alojamiento y traslado de los extranjeros arribados a nuestro país.

Muchos de los recién llegados provenían de Italia. La inmigración italiana, junto a la española, conformó más del 80% del total de esos hombres jóvenes, solteros y en edad de trabajar que integraron aquella marea humana que tanto contribuyó al carácter nacional. Desesperados, audaces, ambiciosos o buscavidas, provenían de regiones del joven estado italiano donde la idea de abandonar el país estaba en el aire, como Lombardía, Piamonte, Calabria y Sicilia.

En aquellos años de aventuradas travesías, las Guías y Manuales destinados a aquellos campesinos o muchachos de suburbios que aspiraban a cruzar el océano se sumaron a tantas sociedades laicas, ordenes religiosas y organismos públicos que intentaron organizar la gran escapada general. Entre ellos apareció en 1913 El Manual del Emigrante Italiano a la Argentina, escrito por el profesor Arrigo De Zettiry por cuenta del R. Commisariato dell′Emigrazione. En seis capítulos, con un lenguaje de aire moralista, desplegaba consejos prácticos para el inadvertido viajero. “Con lenguaje sencillo y coloquial -dice Diego Armus-, se les explica cómo adquirir el pasaje, qué equipaje llevar, qué precauciones tomar contra timadores y “cuenteros”, cómo conseguir empleo o aprender el idioma.”

Decía allí sobre el Hotel de Inmigrantes: “Será huésped del Hotel por el lapso de cinco días. El actual edificio no es más el antiguo caserón de madera que estaba en la estación Retiro; ahora se encuentra junto a la Aduana y es de material más decente y mucho más cómodo.” Pero no todos son rosas, pues “El Hotel no tiene camas ni colchones. Le podrá parecer extraño, pero yo le aseguro que no es así. Aún más, es mejor que no los tenga ya que sería muy difícil mantener la higiene con colchones que no se cambiaran todas las semanas.” (Obsérvese el tranquilizador tono coloquial.)  No se haga el delicado, adviertía: “No será la primera vez que duerma en el piso y recuerde bien que es necesario tener paciencia. De todos modos se trata de un sacrificio que dura poco tiempo.” (Fomentaba la esperanza…)

El Manual recomendaba cumplir el reglamento del Hotel a rajatabla: diríjase al Hotel inmediatamente después de desembarcar, no lleve alcohol, limpie sus cubiertos, no sea promiscuo, no haga alboroto. “¡Bien alto el buen nombre italiano!”  Advertía que el establecimiento estaba abierto a “todo tipo de nacionalidades” y por ello era necesario que sus “maneras educadas y respetuosas” honraran a su patria de origen frente a extranjeros y nacionales.

Fuente:  Diego Armus (Traducción, selección y prólogo), Manual del emigrante italiano, Historia Testimonial Argentina, Documentos vivos de nuestro pasado, 8, Buenos Aires, Centro Editor de América Latina, 1983.

Enlaces recomendados: Infografías sobre el Hotel de Inmigrantes.

Nora V. Iglesias

Documental sobre John Edgar Hoover (en inglés)

 

 

El mago que instruyó a la CIA contra los espías del KGB

El ensayo neurocientífico `Los engaños de la mente´ nos desvela cómo y por qué nuestro cerebro acepta los trucos de magia más conocidos. Entre sus páginas, también podemos encontrar la historia de John Mulholland, el mago que adiestró con dos manuales de prestidigitación a los agentes de la CIA contra el KGB soviético, durante las décadas de la Guerra Fría.
David González | aviondepapel.tv
Durante los años 50, la CIA reclutó como asesor a uno de los magos más reputados de losEstados Unidos. Su nombre era John Mulholland. Su misión fue instruir a los servicios secretos de su país para contrarrestar a los espías del KGB de la URSS. Para ello, Mulholland redactó dos manuales ilustrados de magia en los que desvelaba algunos de sus trucos de prestidigitación.Uno de aquellos libros secretos contenía múltiples engaños para esconder, transportar o administrar pequeñas dosis, polvos o pastillas contra los adversarios soviéticos. El segundo libro en cuestión era más –digamos, de uso corriente-. Se trataba de una serie de instrucciones de cómo los magos y los ayudantes se comunican entre sí, sin que el público se percate de nada.En este sentido, Mulholland adiestró a los espías americanos en el arte de no ser visto. Uno de aquellos trucos era la “ceguera al cambio”. Una táctica que, incluso, funcionó frente a la propia oficina del KGB en Moscú.

Un agente de la CIA realizaba entonces un paseo controlado siguiendo la misma rutina, transitando por la misma acera o aparcando su coche en el mismo lado de la calle. Así, cuando intentaba realizar una entrega a otro agente, cambiaba de ubicación, creando un “espacio ciego” de apenas unos minutos.

Sus vigilantes, sedados por la monotonía de la misma rutina del agente vigilado, ni se percataban del pequeño cambio de lugar. El agente de la CIA regresaba a su itinerario de inmediato, aparcaba el coche o continuaba el trayecto de su paseo habitual, pero ya había pasado la información de alto secreto. El truco de la línea ciega había funcionado.

“Los magos manipulan las líneas de vista para crear ilusiones. Nuestra posición estratégica puede ser empleada para engañar nuestro sistema visual”, según narra el ensayo Los engaños de la mente (Destino, 2012), de los neurocientíficos Stephen L. Macknick y Susana Martínez-Conde.  Leer el resto de esta entrada »

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