Napoleón atormentado por los celos

Napoleon y Josefina

27 de noviembre de 1796

(A Josefina, su esposa)

“Llego a Milán, me precipito a tu apartamento, lo he abandonado todo para verte, estrecharte en mis brazos; tú no estabas; recorres las ciudades asistiendo a fiestas; te alejas de mí cuando llego, ya no te preocupas por tu querido Napoleón. Un capricho te hizo amarlo, la inconstancia te lo vuelve indiferente. Estaré aquí hasta el día 29 entero. No te molestes, corre a tus placeres, la felicidad está hecha para ti. El mundo entero es feliz si puede complacerte, y sólo tu marido es muy, muy desdichado. ¡Ah, Josefina, Josefina!”

5 de febrero de 1799, a su hermano José:

“No tienes ningún afecto hacia mí. ¡Las mujeres! ¡Josefina! Si me hubieses tenido afecto, me habrías informado de lo que acabo de saber por Junot. Este sí es un verdadero amigo. ¡Josefina! Y yo a seiscientas leguas… ¡Tendrías que habérmelo dicho! ¡Engañarme a mí de ese modo, Josefina! ¡Malditos sean! ¡Voy a exterminar a esa raza de mequetrefes y pisaverdes! Y en cuanto a ella… ¡el divorcio! Un divorcio público, escandaloso. ¡Tengo que escribir! ¡Lo sé todo! ¡Todo es culpa tuya! ¡Tendrías que habérmelo dicho! ¡Mi gloria! ¡Ay, no sé qué daría porque fuera mentira todo lo que me ha contado Junot, hasta tal punto amo a esa mujer! Si Josefina es culpable, el divorcio deberá separarnos para siempre. ¡No quiero ser el hazmerreír de todos los inútiles de París!”

En: André Malraux, Vida de Napoleón, Barcelona, Gallimard, 1993.

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