Los tesoros del Louvre en Buenos Aires

Morfeo, Houdon“No le falta más que hacer hablar a sus retratos”, decía un periódico francés en 1783. “No tiene rival”, le escribió Thomas Jefferson a George Washington en 1775. “Señores, señoras, mándenos a sus parientes, amigos y conocidos, porque el Sr.Houdon es el más hábil escultor de París”, repetía el portero en cada visita guiada por su atelier, según consigna una carta anónima atribuida al escultor de Luis XVI, Jean-Jeacques Caffieri.
(…)  Es que Jean-Antoine Houdon (Versalles 1741- París 1828), hijo de un miembro del personal doméstico de un funcionario, que a los 28 años ya había ingresado a la Academia Real, fue “el” escultor de su época. El retratista de Jean-Jacques Rousseau y de Voltaire, de Washington y de Benjamin Franklin. Y a partir del 5 de agosto diecinueve piezas suyas, provenientes del Museo del Louvre, se expondrán en el Museo Nacional de Arte Decorativo tras exhibirse en Estados Unidos y Brasil. Buena parte de la primera muestra que Louvre cura en Buenos Aires ya está montada en los salones principales del Palacio Errázuriz Alvear, donde funciona el museo. Los bustos, que también incluyen a Buffon, Condorcet o Mirabeau, dispuestos entre los espejos y las arañas, son un encuentro cara a cara con esas figuras, un pasaje bastante directo a la Francia de los siglos XVIII yXIX. Entre esos rostros realistas, simples, prolijísimos y con el aura invencible de los clásicos, sonríe Guilhelm Scherf, el curador jefe del Departamento de Esculturas del Louvre y de esta propuesta.
“La exhibición se propone dar un panorama de la producción de Houdon –comenta–. Morfeo, una muestra de su interés por la mitología, dará la
bienvenida. Pero seleccionamos sobre todo retratos porque constituyeron su gloria”.
¿Por qué? ¿Qué llevó a que Voltaire pasara por el taller de Houdon poco antes de morir? ¿A qué Washington lo invitara a los flamantes Estados Unidos para que lo inmortalizara en un momento? ¿A que lo eligieran para tomar el molde del rostro de Rousseau apenas falleció? “Houdon mostró una gran precisión en la reproducción de los rasgos físicos y se preocupó por señalar las características de cada personaje, desde la vestimenta hasta el carácter –responde Scherf–. Casi siempre con sobriedad. Pero buena parte del secreto de su éxito está en los ojos, en cómo los trabajaba. Véalo en Diderot”. Mientras se mueve hacia esa pieza, Scherf explica que Houdon la creó para “seducir” al influyente retratado. (…) Y que, pese a que los labios separados imprimen dinamismo, la mirada que le talló se convertiría en su técnica para dotar al mármol, la terracota o el yeso de una vitalidad asombrosa en aquellos años. “En la antigüedad, los ojos de las esculturas eran ciegos –recuerda–. Pero Houdon excavó, quitó materia, y en ese hueco marcó la pupila. Así halló una técnica que repetiría y que aplaudieron ya sus contemporáneos”.
(…)
Se podrá visitar en el Museo Nacional de Arte Decorativo, en Avenida del Libertador 1902, de martes a domingos, de 14 a 19, hasta septiembre. La entrada general costará $ 5. Los martes es gratis.

El artículo completo en el Diario Crítica Digital del día 30 de julio de 2009.

Más información en la página de la Embajada de Francia.

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