Mesianismo sangriento en Tandil, 1872

“Tandil se despertó en la madrugada del 1° de enero de 1872 ahogada en un baño de sangre: momentos antes, medio centenar de gauchos, armados con lanzas y sables y con divisas punzó en las hojas y en los sombreros, habían asaltado el Juzgado de Paz, liberado a un preso, robado las armas y dando gritos de ‘¡Viva la Religión!’, ‘¡Mueran los masones!’ y ‘¡Maten, siendo gringos y vascos!’ habían iniciado un trágico itinerario rajándole la cabeza de un garrotazo a un gringo organillero en una esquina del pueblo; en su marcha hacia el norte degollaron a nueve vascos carreteros que dormían, a un matrimonio inglés y su dependiente, también inglés, y a toda una familia de vascos carreteros, sus amigos y dependientes, dieciocho más, treinta y siete en total.

“Tras el estupor, la población se organizó en armas, los persiguió, les dio alcance en campos vecinos, eliminó, hirió y tomó prisioneros a los que no alcanzaron a huir y los trajo a los calabozos del pueblo. Los conjurados decían que habían cometido esos crímenes inspirados por la prédica de Tata Dios, un curandero llamado Gerónimo de Solané que se había radicado en una estancia de la vecindad y al que habían acudido en número alarmante (desde el Tandil y desde muchas otras poblaciones vecinas) para hacerse curar por él.

“Solané fue apresado y puesto en calabozo aparte. Pero en la noche que fue del 5 al 6 de enero lo asesinaron misteriosamente sin que las autoridades determinaran la autoría.

“Para esclarecer la matanza colectiva se inició una frondosa investigación que al cabo de un mes de indagatorias y testimonios sólo determinó algunas culpabilidades -como para satisfacer la vindicta pública- pero dejó que toda la responsabilidad cayera aparentemente en el curandero asesinado en el calabozo. El sumario buscó culpables -y no causas y antecedentes- porque se limitó a juzgar y a sentenciar antes que, obviamente, buscar explicaciones psicológicas, sociológicas e históricas.

“(…) En el conflicto de Tandil intervinieron otros factores en que los historiadores no habían reparado hasta ahora y sobre los que la antropología y la sociología pueden arrojar nuevas luces. (…)

(N. de N.V.I.:) (Los cambios producidos en el último cuarto del siglo XIX en Argentina tuvieron un alto costo social y dieron como resultado reacciones incontrolables de sectores campesinos que recelaban de la mano de obra extranjera -pastores vascos, irlandeses, alemanes- que, mientras los criollos servían en duras condiciones en las fuerzas fronterizas, se ocupaban en labores nuevas y desplazaban a los trabajadores nativos, cuya experiencia vaquera ya no era necesaria. Esto generará una enemistad hacia los extranjeros que es compartida por los estancieros tradicionales, herederos de las glorias de la vida pionera de la pampa y guardianes de la frontera con el indio, ahora rivales también de los extranjeros que les disputaban el monopolio del poder político y del prestigio social.)

“(…) Si el mesianismo es un fenómeno político social que se traduce en movimientos populares que atribuyen a algún personaje, presente o futuro, el poder de satisfacer por la fuerza de su genio los sueños de felicidad o de gloria de un sector social, y si se recuerda asimismo que los mesías religiosos o políticos nacen en el seno de pueblos desdichados, en momentos en que debido a derrotas o a presiones extranjeras (…) se encuentran a punto de perder sus tradiciones y sus costumbres, puede asociarse el panorama planteado más arriba a las argumentaciones apostólicas que les impartieron a los gauchos.”

(Así explica el juez de Paz, Juan Adolfo Figueroa, el origen de los sangrientos hechos:)

“De la creencia pública por una parte, y de las declaraciones de los más de los criminales por otra, resulta que el titulado ‘médico Dios’ llamado Gerónimo G. de Solané, aprovechándose de la ignorancia de algunos y de la popularidad que iba ganando en las masas irreflexivas, ponía en juego ciertos principios con ánimo de extraviar las creencias religiosas profanando así la base de nuestra organización social, como en efecto lo había conseguido en un número considerable de personas a quienes había fanatizado de tal modo que lo consideran aún como un hombre superior a la humanidad, puesto que hay entre los hombres hoy criminales individuos de buena razón, cargados de familia y trabajadores. ¡Y sin embargo, señor ministro, estos individuos han asesinado y han visto asesinar impasibles hasta criaturas de cuatro meses sin que su ímpetu salvaje hubiera podido detenerse ante el recuerdo de sus hijos y el de sus esposas!”

(Pero Cruz Gutiérrez, cuyo verdadero nombre era Crescencio Montiel, acusado de los hechos, declaró algo que todos repitieron: nadie jamás había hablado con Solané:)

“Habiendo sido conquistado por un tal Jacinto a quien le decían el Adivino y que según cree era subalterno del que llamaban Tata Dios (…) y cumpliendo las órdenes del citado Jacinto, asistió a una reunión (…) y que el nombrado Jacinto proclamó a la reunión diciendo que venían a cumplir los deberes que el Tata Dios les había impuesto, que aunque viesen matar a su padre, no se empeñasen para que lo dejaran (…) y habiendo dado la orden el mencionado Jacinto de matar a unos extranjeros que eran unos conductores, todos los acometieron simultáneamente y los mataron en efecto, no recordando cuál fue el número de víctimas, de las cuales ninguna conocía; que de allí siguieron a una pulpería inmediata y dando la misma orden en el referido mataron dos extranjeros; que en seguida se dirigieron a la pulpería de Tomson (sic), donde fueron muertos dos individuos y una mujer extranjeros. Que después fueron a la casa de un tal Chapar, a donde cuando el declarante llegó supo que habían sido muertos todas las personas que había allí (…).”

(Gutiérrez fue condenado a muerte y fusilado el 13 de setiembre de 1872.)

¿Quién era Gerónimo Solané, el llamado Tata Dios?

“Muy poco es lo que pudo saberse sobre los antecedentes de Gerónimo de Solané, que se hacía llamar Tata Dios y ejercía el arte de curar. La prensa porteña, después de los sucesos, fantaseó mucho y ahora resulta imposible desentrañar la verdad. Algunos diarios dijeron que era santiagueño; otros boliviano. Las coincidencias parecen confluir hacia Entre Ríos, y hasta hay quienes hoy en día aventuran que podría haber sido jordanista…”

(Solané fue detenido y vigilado por los extranjeros, organizados en cuerpo armado. La noche del 5 al 6 de enero fue asesinado y nunca se supo por quién. Otros cabecillas también fueron muertos o desaparecidos.

En cuanto al móvil de la masacre generalizada, extrañamente nunca se aclaró apropiadamente. Sin embargo, todo apunta a considerar que Ramón Santamarina, estanciero español de reciente ascenso, pudo ser el objetivo de la agresión.)

Si te interesa conocer en detalle este episodio, leé el librito de Hugo Nario, Los crímenes del Tandil, 1872. En: Historia Testimonial Argentina, N° 5,  Buenos Aires, Centro Editor de América Latina, 1983.

También “El triste y solitario final de ‘Tata Dios'”, en La Nación.


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