El museo y la escuela. Ligados pero sueltos. Una perspectiva de trabajo con las escuelas en el Museo Histórico Nacional

El Museo Histórico Nacional fue fundado a fines del siglo XIX, en el marco de consolidación del Estado-Nación, con el objetivo de guardar la memoria de la Revolución de Mayo y de las Guerras de la Independencia. Desde sus inicios se orientó a la reunión y producción de una iconografía patriótica con fines políticos y pedagógicos. Se trataba de fijar, en consonancia con la historiografía liberal, los hechos y personajes que constituirían nuestra historia. Hechos y personajes que fueron seleccionados, organizados en una narrativa e interpretados, por quienes sentaron las bases de esa historiografía, principalmente Bartolomé Mitre y Vicente Fidel López. En la Galería de las Celebridades Argentinas, 1857, Mitre explicita esa intención:
La historia argentina ha sido fecunda en hombres notables (…) La gloria de esos hombres es la más rica herencia del pueblo argentino, y salvar del olvido su vida y sus facciones, es recoger y utilizar esa herencia, en nuestro honor y nuestro provecho. En esas vidas encontrará la generación actual modelos dignos de imitarse. En los sucesos memorables que ellas recuerden, encontrará el historiador futuro, temas dignos de sus meditaciones austeras. En sus nobles fisonomías buscará algún día el pincel y el buril del artista, tipos dignos de inmortalizarse en lienzos, en mármoles y en bronces.

El MHN, complementó a partir de la conformación y exhibición de la colección, esa visión de la historia nacional y se ocupó de transmitirla. A los objetos de gran fuerza simbólica, que Adolfo Carranza –primer director del museo- reunió sistemáticamente, se sumaron pinturas y esculturas que fueron adquiridas, recibidas en donación, o encargadas a diversos artistas. Décadas más tarde, en medio del gran cosmopolitismo dado por la inmigración masiva, el museo tuvo un papel fundamental en la consolidación una identidad común, una manera de concebir y vivir “la argentinidad” a fuerza de borrar las identidades particulares. Este proceso, que como sabemos se llevó a cabo generando una suerte de liturgia patriótica, una galería de escenas y personajes que constituyeran la imagen misma de la patria, se desplegó materialmente en las salas del MHN.

Al mismo tiempo en el país se estaba consolidando el sistema educativo. Entre el MHN y la escuela había muchos puntos en común. La escuela argentina se estructuró alrededor de rituales, actos escolares y efemérides, de una visión de la historia ligada a la valoración de hechos y no de procesos, en definitiva, como dijimos anteriormente, del relato historiográfico liberal. El normalismo coincidía con el Museo en su busca por delinear y establecer una identidad nacional que se creía amenazada por la creciente inmigración. La alianza entre el sistema educativo y el MHN se consumó apenas fue fundado el Museo. Ya en septiembre de 1890, el flamante director del MHN, Adolfo P. Carranza, escribe al Presidente del Consejo Nacional de Educación Doctor Benjamín Zorrilla:

Me es grato comunicar a Ud. que el “Museo Histórico” se ha instalado en la calle Esmeralda 848 i como al fundarlo se ha tenido en vista principalmente que él sirva para inculcar a los niños el amor a nuestros próceres i el conocimiento del pasado por medio de los retratos, objetos, etc. que allí se reúnen, creo de mi deber ofrecer al señor Presidente la facilidad de que los alumnos de las escuelas que están bajo su Dirección asistiesen al local ya sea en los días indicados para el público o en los días que sólo se abren las oficinas. Si el señor Presidente aceptare esta idea, podrían señalarse dos días de la semana (Martes i Jueves por ejemplo) para que en cada uno fuesen los alumnos o alumnas de uno o dos colegios de 12 a 2 de la tarde, horas que podrían dedicarse especialmente a ese objeto.

En julio de 1891, el Consejo Nacional de Educación estableció regulaciones precisas para las celebraciones de las fiestas patrias(1). De hecho, en el archivo del Museo figura una carta enviada por el mismo Benjamín Zorrilla donde agradece la invitación y menciona que ha dispuesto de lo necesario para que los cuatro grados superiores de todas las escuelas concurran a visitarlo.

En los años previos al Centenario esas regulaciones incluyeron la visita a un museo histórico como parte de las actividades vinculadas a la celebración. El MHN estrechó aún más su vínculo con las escuelas, sobre todo con las ubicadas en la ciudad de Buenos Aires(2). También con motivo del Centenario, la tarea de Carranza se intensificó. En 1908, por ejemplo, encarga al pintor chileno Subercaseaux tres de las pinturas más representativas de la iconografía histórica argentina: El Cabildo Abierto del 22 de mayo de 1810, Mariano Moreno en su mesa de trabajo y Ensayo del Himno Nacional en casa de M. S. de Thompson. Sería interesante extendernos acerca de la manera en que es necesario mirar estas imágenes, encuadrándolas en los cánones de la pintura historicista, como representaciones de ciertos hechos, y no como expresiones de una verdad histórica, pero lamentablemente eso excedería el espacio de este trabajo. Sin embargo, podemos afirmar que la factura de esos y otros cuadros y esculturas fue supervisado por Carranza hasta en los más pequeños detalles para que fueran capaces de expresar lo que se necesitaba expresar. El MHN proveyó, entonces, al sistema educativo, de un cuerpo de imágenes que llegaron a través de láminas editadas por el mismo Estado, los libros de lectura y la revista Billiken, a todos los niños escolarizados del país, y a través de las visitas escolares a los que vivían en la ciudad. A partir de ese momento, cada año, en cada fecha patria, las escuelas de la ciudad –y las que podían del Gran Buenos Aires o del interior- visitaron el MHN, para ver en vivo y en directo aquello que estaba en los libros: el catre del General San Martín, el cuadro del 22 de Mayo. La fuerza simbólica de esas imágenes perdura hasta nuestros días, al punto que los mismos docentes llegan a tomarlas como verdades históricas, como si lo que está representado fuera una copia fiel, una especie de fotografía no retocada, de lo que ocurrió.

Hay otro aspecto de este vínculo entre el MHN y la escuela es que la organización misma del Museo coincidía en gran medida con la organización temática escolar o las unidades didácticas delos libros de historia: Sala de Rosas y su tiempo, Sala de Urquiza, Sala de la Conquista, etc. Las visitas al Museo se organizaban de esta manera, largos recorridos por las distintas salas o visitas específicas a ciertas salas para ilustrar un contenido en particular. Esta tradición está tan fijada en la memoria de las escuelas aun en la actualidad que es difícil proponer otro recorrido, otra mirada, e inclusive otra perspectiva historiográfica. Las propuestas actualizadas en el área de ciencias sociales e Historia, planteadas por el curriculum nacional y las currículas provinciales, buscan también incorporar la noción de construcción histórica y memoria del pasado como un relato parcializado de los hechos, sujeto al contexto de producción y atravesado por ideología. Sin embargo, las prácticas no siempre son permeables a los cambios, además de que dichos cambios se realizan en el contexto de una cultura institucional determinada, más o menos flexible a aceptar nuevos modos de pensar y de trabajar.

El desafío del área de educación del MHN es precisamente romper esa lógica escolarizada de la oferta del museo y proponer actividades que si bien se ajustan a contenidos curriculares, no están organizadas por ellos. Desde que el área se reestructuró en 2006, cuando se inició la gestión del Dr. Pérez Gollán como director, el trabajo ha estado orientado a establecer una nueva relación con las escuelas en el convencimiento de que un museo debe proponer un recorrido por los temas que le atañen en un formato diferente del escolar. No es fácil desandar el camino de casi un siglo, y menos hacerlo en un espacio marcado por la tradición de cierta visión de la Historia, referente de una elite decimonónica cuya herencia actual persiste en sostener una cierta idea de Nación, así como tampoco es sencillo cambiar la imagen que las escuelas tienen del Museo: suele haber grandes decepciones cuando se les dice a los docentes que el MHN ya no tiene las salas que ellos conocieron, decepción que se profundiza cuando se agrega que ya no volverá a tenerlas.

Las actividades que proponemos en función de nuestra meta están sostenidas fuertemente en:
-la necesidad de cuestionar la Historia como un relato único y proporcionar herramientas para pensar la historia como una construcción hecha por los historiadores, sujeta entonces a las determinaciones del contexto, ideológicas, etc. Poner en primer plano a la historia como un espacio de poder y de negociación de sentidos.
-la búsqueda de ejes temáticos que nos interese desarrollar, no necesariamente vinculados a la demanda escolar, establecer contenidos transversales no correlativos a las efemérides. Actividades como
“¿Qué ves cuando me ves?”, orientada a la reflexión sobre la función de las imágenes o “La sorprendente vida de las cosas”, pensada para reflexionar sobre la cultura material y los objetos como fuentes de conocimiento, muestran que tomando una misma exhibición se abren miradas diferentes.
-en complementación con esto, el vínculo con las escuelas parte de un contacto previo a la visita que incluye el envío de materiales producidos en el área, con el fin de anticiparla y a la vez personalizar el contacto. Buscamos de esta manera compartir con los docentes el sentido que le estamos dando a la actividades, que no es el de la celebración de una efeméride.
-la inclusión de contenidos museológicos –es decir que promuevan una reflexión sobre el quehacer museológico- en todas las actividades.
– incorporar el Parque Lezama al Museo y pensarlo como punto de contacto entre la historia del país y la historia de la ciudad.
-la revisión constante de las actividades, la reflexión sobre la práctica, que nos ayude a mantener la coherencia entre los objetivos que nos hemos propuesto y su puesta en marcha. La demanda de cierto tipo de visitas, de ciertos temas es constante e intensa.
-El cuestionamiento de los objetos que constituyen nuestra exhibición en su carácter de “reliquias” para transformarlos en “testimonios materiales” y “fuentes”.
Y en cuanto a los aspectos más específicamente didácticos:
– creemos que sólo es posible transmitir los contenidos a partir de un intercambio, de un diálogo con el visitante, de ahí que privilegiemos las visitas que llamamos participativas y que se desarrollan de manera abierta en diálogo con los visitantes, sean estudiantes o público en general, o actividades con impronta lúdica. No tenemos en el MHN visitas guiadas de estilo tradicional, ni para el público escolar ni para el general.

Contar la historia nacional a partir de la interpretación de procesos, llevados a cabo por distintos sectores de la población inclusive de aquellos que no habían sido contemplados en períodos o en relatos anteriores, y poner en foco los modos de construcción del relato histórico como parte de un proceso de apropiación y negociación política interpela la imagen del Museo que los maestros han ido construyendo y transmitiendo, y necesariamente implica transformar el vínculo original que ponía al museo como complemento de las escuelas y a las visitas como el medio eficaz para inspirar sentimientos patrióticos.

Notas:

(1) Bajo la aspiración de que los niños que asistían a las escuelas se interesaran y participaran en las dos grandes fiestas patrias, hacia 1891 el Consejo Nacional de Educación estableció las primeras pautas relacionadas con estas celebraciones. Desde entonces se sucedieron regulaciones que dispusieron que los niños concurrieran obligatoriamente a las escuelas en esos días, que llevaran una pequeña insignia con los colores de la bandera nacional o un pequeño escudo con la armas de la República, que en todas las escuelas y todos los niños cantaran el Himno Nacional, que los maestros explicaran los sucesos históricos y que se trataran los temas históricos en composiciones orales y escritas durante las celebraciones. En Finocchio, S.: Las invenciones de la docencia en la Argentina (o de cómo la historia escolar transformó progresivamente a los enseñantes en sujetos resignados).” (Documento de trabajo, FLACSO, 2009).

(2) Recién en torno al Centenario y en tiempos en los que el Consejo Nacional de Educación encargaría a Ricardo Rojas el informe del que resultaría su renombrada obra, La Restauración Nacionalista, se comenzaron a establecer rituales nacionales claramente dirigidos al trabajo de la escuela: leer diariamente algún episodio o anécdota histórica de carácter nacional; hacer visible las efemérides del día con un comentario; iniciar las clases con un canto patriótico; conmemorar con actos “sencillos” —poesías, cantos, composiciones— las fechas importantes de la historia argentina; visitar un museo histórico; visitar monumentos, tumbas y edificios antiguos; disponer y colgar en la escuela retratos de “prohombres” así como cuadros que representen hechos históricos importantes; organizar concursos de composición sobre temas patrióticos entre grados y entre escuelas; leer y recitar trozos escogidos de autores nacionales referidos a temas patrios. En Finocchio, S.: Las invenciones de la docencia en la Argentina (o de cómo la historia escolar transformó progresivamente a los enseñantes en sujetos resignados).” (Documento de trabajo, FLACSO, 2009).

Bibliografía:

Amuchástegui, M.: Rituales y educación: una mirada histórica sobre dos ceremonias escolares. En Revista del Instituto de Investigaciones en Ciencias de la Educación IICE, Año 12 Nº 22, junio de 2004.

Finocchio, S.: Las invenciones de la docencia en la Argentina (o de cómo la historia escolar transformó progresivamente a los enseñantes en sujetos resignados). FLACSO, Buenos Aires, 2009.

Rodríguez Aguilar, M. I. y Ruffo, M.: El imaginario político, social y cultural de la Argentina desde el arte, la literatura y los medios de comunicación 1930-1969. Disponible en http://www.museoroca.gov.ar/articulos/Iconografia.pdf

Varela, M.: Los hombres ilustres del Billiken. Héroes en los medios y en la escuela. Colihue, Buenos Aires, 1994.

Documentos:

Museo Histórico Nacional. Archivo. Libro de notas. Correspondencia copiada. Folios 38 y 39. Año 1890.

Museo Histórico Nacional. Archivo. Carta de Benjamín Zorrilla a Adolfo P. Carranza, julio, 10, 1891.

Material elaborado por el Área de Acción Educativa y Extensión Cultural del MHN.
Presentado en el XIX Encuentro Educativo “El Museo y la Escuela”, septiembre de 2009, realizado en el Museo del Banco Provincia de Buenos Aires.

Ver artículo en  la página del Museo en Facebook.

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