Turismo del horror

Turistas con fondo de personas sometidas a experimentos. Patricio LenardEl cuartel berlinés de las S.S. y la Gestapo, donde funciona la muestra “Topografía del Terror”, y el campo de concentración de Auschwitz permiten reconocer el punto de vista asesino en su territorio.

Por: Julián Gorodischer y Patricio Lenard en Revista Ñ

Visita a la cueva del monstruo

Julián Gorodischer
ENVIADO A BERLIN

Ahora estás parado justo encima –me revela Peter, nieto de polacos, uno de los miles de visitantes diarios que concurren al ex cuartel general de las fuerzas represivas nazis, donde funciona el nuevo centro de documentación ‘Topografía del Terror’– de lo que fue el despacho de Heinrich Himmler“. El bisabuelo de Peter fue asesinado en Treblinka; mi tía abuela en Auschwitz-Birkenau. El intercambio de muertos instala una entrañable afinidad durante el recorrido que encaramos juntos.

–Y vos, ¿dónde estás parado, Peter?

–Sobre lo que era la antesala de ese mismo despacho.

Le pido que se desplace hacia un punto más significativo para no redundar, pero no hay caso. Peter no hace nada a pedido. Es obcecado, como buen descendiente de polacos, aunque jamás levante el tono. Vuelve cotidianamente a esta muestra para tratar de entender y no lo logra. Conoce de memoria algunos tramos de “Topografía del Terror”, sobre las ruinas del centro de la matanza organizada, aquí donde los jefes de las S.S., la Oficina de Seguridad del Reich y la Gestapo coordinaban, ordenaban, comandaban los interrogatorios y los aniquilamientos de judíos, gitanos, homosexuales y opositores políticos deportados entre 1933 y 1945 a los campos de concentración y de exterminio.

“Berlín no niega su pasado”, me dice un agradecido judío ashkenazi, que decidió instalarse por un verano a vivir una vida de cerveza, sol y río, en la antigua capital del sufrimiento; estamos a minutos en subte del efervescente barrio turco –donde él vive–, infestado de alegres cafés con mesitas a orillas del Spree. Y, en medio del bucólico verano a pleno sol, está el dolor que testimonian cientos de fotos con textos alusivos, justamente donde empieza nuestro recorrido:

Vacaciones alemanas entre esvásticas (1939)

Como todas las imágenes que conviven en “Topografía del Terror”, ésta (arriba, izq.) fue tomada por los nazis y su foco son los propios nazis. Se ve la vida cotidiana en la Berlín sitiada, un costumbrismo de la represión, la requisa avalada por curiosos civiles, la revisación clínica para detectar judíos, el orgullo ante el ejercicio del escarnio.

Hay fotos registradas por oficiales nazis, otras por simples soldados y por adherentes civiles; fotos de propaganda como ésta, ahora ante nosotros, que muestra a una pareja retozando entre esvásticas, imagen oficial, digitada, en una puesta muy armada.

En contraste con la castidad asexual del arte comunista oficial, Vacaciones entre esvásticas (1939) es arte nazi “lascivo e idealizador”, como definió Susan Sontag a El triunfo de la voluntad, de Leni Riefenstahl.

Son hombre y mujer atléticos, rubios y pulcros sobre una arena que no ensucia, en una puesta de prolijidad inverosímil para el marco de playa. “El ideal fascista –escribió Sontag– es transformar la energía sexual en una fuerza espiritual para beneficio de la comunidad. Lo erótico siempre está presente como tentación, y la respuesta más admirable es la represión heroica del impulso sexual”. Eso se ve en la foto: el escarceo de la pareja es evasivo, apenas se abrazan, no amagan ni el principio de un beso; la cabeza de él se oculta en la lona; es un hombre contenido, discreto, dominado… “La estética fascista –sigue Sontag en ‘Fascinante fascismo’– se basa en la contención de las fuerzas vitales; el arte nazi es reaccionario y, retador, se mantiene fuera de la corriente principal del siglo, de realización plena en las artes”.

“En Alemania –me dice Peter– la gente estaba más interesada en las víctimas”. En ese sentido, este centro de documentación cumple una función reparadora: desmitifica, aleja del lugar común sobre el ogro represor o, como explica su director Andreas Nachama, “se opone a un presente que suele estar dominado por clichés cuando pensamos en la identidad de los perpetradores. En cambio, estos documentos permiten asignarles un rostro y una imagen concretos”.

Humillación pública de judíos polacos (1939)

Peter dice que el cuarto hombre, contando desde la izquierda, se me parece. Pido permiso a una anciana en una silla de ruedas, que no deja lugar al resto, y ella se niega en un idioma extraño. Hay que esperarla. Cuando termina su contemplación sobreactuada que incluye lágrimas, me acerco al cuarto hombre. Sí, es verdad, nos parecemos.

En la foto, su cara está desfigurada por el pánico. “O quizás ría, se esté burlando”, se opone Peter. “No, es miedo.” Sus compañeros lo sostienen, perdió completamente el equilibrio; los hombros van hacia adelante, se lo ve al límite del desmayo. Me gustaría parecerme al séptimo contando desde la izquierda: el que le sostiene la mirada al verdugo: su mordida de la cuerda es una provocación que, de tan osada, inmoviliza al perpetrador.

“Cuando llegó mi bisabuelo al campo –se inspira Peter, viendo la foto–, Treblinka ya estaba operando a toda capacidad. El gueto de Varsovia ya había sido vaciado. Tres trenes llegaron en dos días, cada uno con tres, cuatro, cinco mil personas a bordo, todas de Varsovia”.

El recién llegado tenía las muñecas cortadas, pero todavía no estaba muerto. De los que bajaban, la mitad estaban muertos y la otra mitad estaban locos. Un oficial de las S.S. golpeaba a los recién llegados. El bisabuelo de Peter era uno de ellos; duró sólo unos días en Treblinka, sin que fuera necesario el gas, ni un tiro para terminarlo. Se enfrentaba a los nazis en gestos nimios de rebeldía cotidiana, como negarse a despertar; lo forzaban a trabajar desnudo. Era 1943, era un invierno crudo y la temperatura era inferior a -4º.

Prisioneros de Sachsenhausen (1941)

El retrato de la masa judía es la antítesis de la toma de la masa nazi. Aquélla la presenta como una multitud dispuesta en perfecta cuadrícula enmarcada, por ejemplo, por el escenario monumental del Lustgarten. En una foto tomada en 1941, el plano se aleja para lograr uniformidad, indiferenciación; no hay siluetas ni rostros tal como necesita la masificación que reclama la regla N°11 del manual de propaganda de Joseph Goebbels (su “principio de unanimidad”):

“Se llega a convencer a mucha gente que piense como todo el mundo creando una falsa impresión de unanimidad. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar.”

La masa judía, en cambio, permite identificar al sujeto que sufre. Para Peter, él mismo tiene un parecido con el tercero desde la derecha, en la cuarta fila (izq.). A diferencia de los otros, ese deportado mira a cámara; se desmarca inclinando la cabeza hacia arriba, menos suplicante que desafiante. Otra vez, nos atrae un héroe inmóvil: el rebelde cauto. Se destaca por la dirección de su mirada en una formación pacífica, abúlica, entregada con resignación: son más de 200 mil personas las que fueron encarceladas en este campo, que tuvo un importante grupo de mujeres entre los internos, controladas por personal femenino de las S.S.

Esa masa irregular, zigzagueante, imprevisible, esta multitud que espera, empezará a caer masivamente en unos pocos meses; la imagen los registra cuando su final ya fue anunciado: la mayor operación de asesinato se llevó a cabo, aquí, entre septiembre y noviembre de 1941.

Evaluación racial de una niña gitana (1940)

“Sólo los ciudadanos pueden beneficiarse de los derechos cívicos…. Ningún judío puede ser ciudadano. Los no-ciudadanos no pueden vivir en Alemania sino como huéspedes y deben someterse a la legislación sobre extranjeros… El derecho de dirigir el Estado y de hacer las leyes está reservado exclusivamente a los ciudadanos. Exigimos que la función pública no pueda ser ejercida por no-ciudadanos. Exigimos que el Estado alemán se comprometa a procurar medios de subsistencia a todos los ciudadanos. Si el país no puede alimentar a toda su población, los no-ciudadanos deberán ser expulsados del Reich.”

El texto del aviso aparecido en la revista Neues Volk se acompañaba con la imagen de un médico sonriente, apuesto, erguido, junto a la caricatura de un judío deforme y ciego. En la foto, la “doctora” Sophie Erhardt acaba de medirle la cabeza a la nena. Las pinzas y tijeras anticipan el trato vejatorio o, quizás, dan cuenta de lo que ya ocurrió. La “gipsy” (se lee en el epígrafe) luce aterrada. El procedimiento incluye el contraste de su color de ojos con una paleta de colores referenciales. Peter me dice que su bisabuelo fue decretado “mixed race” y que eso no implicaba un mejor trato; la deportación era ordenada en los mismos términos que la de judíos puros. La planificación de la matanza –su sistema de identificación y castigo, sus oficinas públicas, sus funcionarios– hablan menos de biografías de sujetos monstruosos que de los alcances de cualquier maquinaria burocrática, del poderío de lo que tomamos cotidianamente por “banal”, como señaló Hannah Arendt en su cobertura del juicio a Adolf Eichmann en Jerusalén, del mal ligado menos a la patología personal que al hombre común dentro de una burocracia capaz de cometer delitos atroces.

El culto al Fuhrer (1937)

1,2 millón de personas participan del festival de Buckeberg, en honor a Hitler (abajo, izq). Bocas abiertas denotan gritos, manos se arrojan al venerado, todas y todos buscan el contacto físico; hay gente de todas las edades; una mujer se agarra la cabeza. “La expresión de las muchedumbres (en la estética nazi) es de éxtasis –describe Susan Sontag–. El líder provoca el orgasmo de la masa”. Valga la aclaración: la sensualidad no es atributo de los nazis, sino que muestra los límites de la imaginación sexual. En este caso: “un teatro de deleite y castigo a partir de nada –Sontag–, nunca tan conscientemente estetizada la relación entre un amo y sus esclavos”.


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s