Alicia Servetto: “En Ezeiza, Perón aseguró la impunidad desde la cúpula del Estado”

En “73/76, el gobierno peronista contra las ‘provincias montoneras’”, la historiadora ofrece una investigación académica sobre el desalojo de cinco gobernadores populares impulsado por Perón y finalizado por Isabel.

Por HORACIO BILBAO en Revista Ñ

El último Perón, el que venía a Ezeiza y calló sobre ese baño de sangre, tiene quienes le escriban. A contrapelo del mito, literatos, investigadores e historiadores de distinto signo político, sacan a la luz historias para todos los paladares. Un caso destacable es el de la cordobesa Alicia Servetto, que con su libro 73/76 el gobierno peronista contra las “provincias montoneras”, trae una investigación exquisita sobre un período todavía caliente en los debates. En 250 sólidas páginas Servetto cuenta y documenta cómo bajo los gobiernos de Perón primero y luego de Isabel se propició la caída de cinco gobernadores elegidos por la vía del voto para intervenir sus provincias: Formosa, Córdoba, Mendoza, Santa Cruz y Salta. La masacre de Ezeiza, aquel 20 de junio de 1973 fue el punto de inflexión, el comienzo de la batalla contra Montoneros. ¿Cómo se vivió en las provincias la tensión entre la derecha y la izquierda peronista en esos años? “Este libro pretende abordar el conflicto de los 70 desde lo que pasaba en las provincias”, dice Servetto. Una mirada desde el interior, sobre un tema de trascendencia nacional. Un punto de vista que discute con la visión etnocéntrica de la historia en base a información bien argumentada.

Hay una exageración en el título de su libro al nombrar a estas provincias como montoneras. Si ninguno de estos gobernadores lo era, ¿cómo se sostiene?

Fue una decisión conjunta. Poner un título provocador. De hecho, como decís, ninguno de los gobernadores provenía de la Tendencia. El más cercano fue Jorge Cepernic (Santa Cruz), a él no le molestaba que lo tildaran de montonero. Pero el uso de “provincias montoneras” está vinculado al imaginario que había en esa época. Eran provincias cuestionadas por el gobierno central por la cercanía que tenían sus gobernadores con la Juventud Peronista y montoneros. Gobernadores que habían llegado al poder con el apoyo prestado de la JP, más por conveniencia electoral que por afinidad ideológica. Igualmente, leyendo El descamisado, vemos que estos gobernadores, Miguel Ragone  en Salta, Ricardo Obregón Cano en Córdoba, Martínez Baca en Mendoza, Antenor Gauna en Salta, eran considerados compañeros. Y montoneros no consideraba compañero a cualquiera.

¿Por qué frente a estas intervenciones, o frente a episodios como el Navarrazo, no hubo resistencia popular?

Es una buena pregunta. Podríamos verlo en relación a la destitución de Obregón Cano en Córdoba. ¿Por qué no hubo una reacción popular? Si fue un golpe policial que tomó la casa del gobernador y la respuesta del gobierno nacional fue intervenir la provincia en lugar de restituir a las autoridades.

Y estamos hablando de que el vice era Atilio López, una figura emblemática y con fuerte arraigo popular, ¿cuál era su ascendencia real?

Claro, él tenía una capacidad de movilización importante, era el emblema de la Córdoba combativa. Y era el depositario de las esperanzas de la JP cuando votaron la fórmula Obregón Cano-Atilio López. El representaba a la Córdoba combativa, a la del Cordobazo. Pero el desgaste de ese gobierno en apenas 9 meses, su caída abrupta, evaporaron ese 63 por ciento de los votos, licuaron el apoyo popular. Y la JP, que exigía de estos gobernadores una mayor radicalización, también restó su apoyo. A Obregón Cano ya lo trataban de vacilante, ambiguo, tibio. Y lo mismo pasaba con Ragone, y Martínez Baca de quien los montoneros dicen que cae por haber buscado alinearse con el gobierno nacional. Eso fue una ruptura de alianzas. Los gobernadores, durante sus cortas gestiones, van rompiendo esos pactos preelectorales.

¿Era una lectura correcta la que hacía la JP en relación a la ambigüedad de estos gobernadores?

Yo no me hago cargo de esos calificativos. Pero sí puedo decir que se trataba de gobernadores con escaso margen de maniobra. Presionados por las demandas de radicalización y por un gobierno nacional que había iniciado un operativo para desplazarlos. Y tenían un liderazgo relativo, subordinado al liderazgo de Perón.

Habrá que darle la razón a la JP, ninguno radicaliza su posición y todos caen…

En el caso de Obregón Cano, el trató de ocupar una posición central entre estos dos polos. Y lo mismo sucede con Ragone y Martínez Baca. Tal vez Cepernic haya sido el único que tomó una decisión radicalizada cuando decide expropiar las tierras de una compañía inglesa. Y hubo un intento similar en Formosa. Pero ninguno de estos proyectos recibió apoyo del gobierno nacional, dejándolos sin margen de maniobra.

Bueno, estamos hablando del tercer peronismo, ligado a la Triple A y a lo que vino después. De eso también habla esta investigación, pero me gustaría conocer su opinión personal, en un tono menos académico…

El Perón que vuelve al poder en el 73 no es el mismo. Tampoco lo son las condiciones económicas ni los actores sociales. El sindicalismo se había transformado en un actor de peso durante toda la proscripción del peronismo, durante todo el exilio de Perón. Y Perón no logra encausar el conflicto interno del peronismo, atravesado por una serie de fracturas y por la línea interna de la juventud radicalizada que el mismo había alentado. Simplificándo, quedó atrapado entre la izquierda radicalizada y la burocracia sindical. Sin duda que optó por la segunda vertiente y se valió de métodos constitucionales tanto como de los ilegales. En eso yo, como otros historiadores, recalco el significado de Ezeiza. Allí se asesinó a cientos de personas y Perón, no sólo evitó mencionarlo sino que jamás investigó ni encarceló a nadie. Allí aseguró la impunidad desde la misma cúpula del Estado. Y eso se repite con el Navarrazo (Córdoba). Una sedición policial derroca al gobernador y al vice, y el Gobierno Nacional responde cuestionándolos e interviniendo la provincia. No se cuestiona el accionar del Jefe de Policía, se cuestiona el accionar del Gobernador de la provincia.

¿Necesitaba Perón desbancar a estos gobernadores para aislar más a Montoneros?

Perón se propone reestructurar sus equipos de gobierno. Y en esta reestructuración, la izquierda peronista no tenía ningún lugar. Hay luz verde para los sectores más ortodoxos, que comienzan a desplegar una serie de acciones para desplazarlos. Asaltos a las casas de Gobierno, toma de sindicatos, etc. Hubo una serie de coincidencias en estas provincias que evidencian el avance de la derecha peronista sobre los espacios de la izquierda peronista. Para Perón la intervención federal era una forma de disciplinar políticamente a su propio partido, y apuntó a las que consideraba provincias díscolas.

Ese disciplinamiento tiene un desenlace trágico, acelerado por la muerte de Perón tal vez, pero no por ello distinto…

Isabel profundiza la línea de gobierno que había iniciado Perón. Durante la presidencia de Perón se intervienen Formosa y Córdoba, y se destituye al gobernador de Mendoza y se cuestiona fuerte a Salta y a Santa Cruz. Cuando Perón muere, se interviene a estas tres provincias restantes.

Hay una distancia enorme entre lo que ocurrió en los setenta y lo que pasa hoy, pero otra vez el peronismo está fracturado…

El peronismo tiene una dinámica interna que trasciende a su propia historia. Es un partido que es gobierno y oposición al mismo tiempo. Eso se ha vuelto a ver ahora. Por la diversidad de fuerzas que integran el peronismo.  Pero la diferencia con aquél tiempo es que hoy, esas contradicciones se canalizan de manera institucional. Frente al lenguaje de la guerra y militarista de los setenta hoy tenemos el lenguaje de la confrontación, que es parte del juego político.

Simplificando los términos, ¿hoy vuelven a enfrentarse la derecha y la izquierda peronista pero con una inversión en las relaciones de poder?

No lo simplificaría en esos términos. Hoy no está tan claro. Sin duda que, hacia afuera, la derecha liberal, por llamarla de algún modo, se ha encolumnado en la oposición a este gobierno, pero hacia el interior del peronismo hay un ida y vuelta permanente. Es un fenómeno muy complejo de analizar.

Alicia Servetto, básico

Es doctora en Historia y magíster en partidos políticos por la Universidad Nacional de Córdoba (UNC). Investigadora del Centro de Estudios Avanzados, docente de la maestría en partidos políticos y profesora de Historia Argentina Contemporánea de la Escuela de Ciencias de la Comunicación de la UNC. Es autora del libro De la Córdoba combativa a la Córdoba militarizada (1998) y compiladora, junto a María Estela Spinelli, Marcela Ferrari y Gabriela Closa, de La conformación de las identidades políticas en la Argentina del Siglo XX (2000).

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s