Cristina Zuker: “No creo en las teorías que señalan a Firmenich como el malo de la película”

La autora de El tren de la victoria habla de la reedición de su libro. Una saga familiar imantada por la historia de su hermano Pato, participe de la contraofensiva montonera y desaparecido por última vez en junio de 1980.

POR HORACIO BILBAO en Revista Ñ

“Asistimos a una historia que sucedió aquí, en nuestro país, que empezó hace mucho con la pena que traían los inmigrantes”, dice la periodista Cristina Zuker. Sentada en la penumbra del Centro Cultural Caras y Caretas, donde dirige un ciclo de cine, Zuker habla de la reedición de El tren de la victoria (Del Nuevo Extremo), el libro que publicó hace siete años y que en 2010 apareció con nuevos documentos y un anexo pertinente. La saga familiar nace con la llegada de los Zuker en barco, huyendo de la crisis europea, hasta el horror de la última dictadura argentina. Y aunque Cristina diga que es una historia familiar, es más un relato en primera persona de la militancia montonera, atravesada por el derrotero de su hermano Ricardo, o el Pato, según el nombre de guerra que llevó primero en la Unión de estudiantes secundarios (UES) y más tarde en la Juventud Universitaria Peronista JUP. Un libro político que va más allá de la muerte de su hermano, secuestrado dos veces, torturado y desaparecido por última vez en junio de 1980, uno de los pocos militantes que fue parte de las dos contraofensivas de Montoneros (79 y 80) y que, pudiendo quedarse en el exilio madrileño, decidió volver dos veces al país siguiendo las órdenes de sus comandantes. Aquí, Cristina Zuker recuerda y valora el famoso y tenso reportaje que mantuvo con Mario Firmenich en España, habla también de su padre, el actor Marcos Zuker y de lo que significa para ella reeditar un texto que es toda una tragedia familiar. Se dice escéptica en cuanto a la aparición de nueva información sobre la contraofensiva. “Pasaron treinta años y sólo se acercaron dos personas para testimoniar”, dice. Y también dice cuánto quisiera que este libro funcionara como un cierre. Pero cuando lo dice se ríe. Serena, con las marcas de una historia que ocurrió aquí, y que a veces convierte la risa en pena.

-Ya en el prólogo, Horacio Verbitsky hace una crítica lapidaria de los líderes de la contraofensiva, y se hace una pregunta que te traslado: ¿Cómo esos jóvenes, con una formación intelectual sólida en muchos casos, acataron órdenes de una cúpula que no estaba a su altura?

El reportaje a Firmenich quedará como un testamento, dice cosas muy fuertes él. Pero la pregunta es cómo creer que las condiciones estaban dadas en el país para encarar la contraofensiva montonera, que en definitiva no fue otra cosa que la derrota final…

-Entregar lo poco que les quedaba, las migajas…

Exactamente, las migajas. La derrota había empezado mucho antes, y en eso coincidíamos todos, ya lo adelantaba Rodolfo Walsh. El pase a la clandestinidad marcó el ingreso en una zona terrible.

-Has hablado con líderes como Firmenich o Perdía, que todavía sostienen que las condiciones estaban dadas, ¿crees que dicen toda la verdad?

En ningún momento quise hacerme eco de la teoría colaboracionista, porque me parece que eso va en el mismo sentido de la teoría de los dos demonios.

Claro, después de haber encontrado los cuerpos de las Madres, de las monjas, no hay tales dos demonios. Hubo terrorismo de un estado que usó todos sus recursos para desaparecer, torturar, matar.

-Comparto esa lectura, pero creo que eso no anula la posibilidad de tener una mirada crítica, como en este caso, sobre los líderes de la contraofensiva…

Bien, pero yo creo firmemente que no hubo complicidad de parte de Firmenich, que no existen esas supuestas reuniones con Massera en Roma. Si tuviera esas pruebas, simplemente me sentaría a llorar por los rincones, día tras día. No creo en las teorías que señalan a Firmenich como el malo de la película. Hablando de Firmenich, sobre él creo que estaba subido a un caballo del que no se bajó nunca para mirar lo que pasaba. Y ahí está el porqué de esta y otras decisiones.

-Después de esa entrevista con Firmenich, que recorrió el mundo, cuál es tu relación con él.

No he vuelto a verlo. Sí a su hijo, Marito, y a su nuera. Siento una enorme ternura por todos los hijos de aquélla época.

-Claro, está esa foto en Cuba, en la casita de La Habana…

Sí, la agregué en esta edición, es un documento demoledor. La Casita de Caramelo, la guardería. En la imagen aparece Firmenich, con su hija en brazos. Y todos esos niños con miradas tristes. No tenía la foto antes, me la acercaron y decidí que era importante.

-La tragedia familiar…

Claro, es algo analizar, hay que mirar las expresiones de esos chicos. Y están las ausencias. Es todo muy conmovedor.

-¿Cómo vivís la publicación de esta reedición?

Estamos mucho mejor, ya no nos sentimos parias, ni estamos tan solos como cuando llegaron las leyes del perdón en el que tuvimos que tragarnos la amargura. Ahora, con los juicios, con los Derechos Humanos como política de Estado, vamos por la vida de otra forma.

-Ese esfuerzo por plantar los mojones de un relato con final trágico aparece también en la figura de tu papá, Marcos Zuker, y ahí contás su doble personalidad…

Esa doble personalidad es común a casi todas las figuras públicas. Hubo y hay muchos famosos con una imagen pública alucinante, que cuando llegaban a su casa se convertían en monstruos.

-Pero a diferencia de otros padres, que borraron de sus familias a sus hijos militantes, Zuker tuvo un par de gestos valorables…

Claro, no fue fácil para él y a rogarles a señores como Viola o Suárez Mason. Había que estar allí, y dejarse tocar el culo.

-¿Te sorprendió él con ese gesto?

Y sí, asumo que le debe haber costado más que a nadie, porque él era muy antiperonista. Era una vergüenza horrorosa tener un hijo peronista. El era un radical, un boina blanca, pero en realidad de política no entendía nada. Mi viejo de lo único que entendía era de caballos y de minas. Ahí está su gran comprensión.

Y después está ese viaje a Madrid, donde vos y tu hermano le mienten…

Ahí acompaño una mentira, convencida que nada iba a cambiar si le contábamos que mi hermano había estado de nuevo en la Argentina. Nada iba a cambiar, él no iba a dejar de volver a la Argentina porque mi papá se lo pidiera. Yo también se lo pedí. Y después, cuando él todavía estaba vivo en Campo de Mayo, yo le avisé a papá, porque creía que todavía se podía hacer algo. Pero el me respondió: “Tu hermano está muerto”. Ese fue el cierre, no fue fácil tenerlo de papá, y de marido ni hablar…

-El libro es la saga de tu familia, los Zuker, la historia de tu hermano y la tuya. Hay un acto de catarsis contando todo esto, pero esa catarsis, como decís en el capítulo que se agrega en esta edición, te enfermó, literalmente. ¿Cómo se explica esa doble acción?

El terrorismo de estado no sólo produjo desaparecidos y muertos. Hay mucha gente que se ha enfermado, y muchos no sobrevivieron. El caso de mi sobrina es paradigmático, la mató un cáncer de lengua en una época donde el silencio era salud todavía en Buenos Aires. Estaba empecinada en sacar esta nueva edición, por lo considero un libro necesario y también por lo catártico, porque esto tiene que implicar un cierre.

-¿Se puede hacer ese cierre?

Lo estoy haciendo (risas). Ejemplo: Tengo una investigación muy profunda sobre el caso de Norma Arrostito y decidí que no voy a escribirla. No puedo darme el lujo de instalarme en la ESMA y revivir el dolor de los que allí estuvieron. Es tan grande ese dolor, que me voltearía. Es desgarrador, y por eso voy a seguir escribiendo pero dejando un poco la temática de los setenta.


 

Un comentario en “Cristina Zuker: “No creo en las teorías que señalan a Firmenich como el malo de la película”

  1. Perdón, pero no es una “teoría”, son hechos ya comprobados que Firmenich entregó a todos los montoneros. ¿Cuántos libros y testimonios hacen falta para que quede claro? Hasta se hicieron denuncias penales al respecto por los mismos montoneros.

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