Confrontación y políticas de corto plazo

Marcos Novaro evoca proyectos a medio hacer e intenciones de gobierno desde la Revolución Libertadora a la actualidad. “La lección nociva –advierte– es que en realidad no hace falta planificar”.

POR HECTOR PAVON en Revista Ñ

La historia reciente de nuestro país genera la sensación inmediata de que merece ser estudiada constantemente. Marcos Novaro ha publicado Historia de la Argentina 1955-2010 (Siglo XXI), un aporte significativo con un título que parece definitivo pero que en realidad provoca nuevos debates sobre lo que ha pasado en estas tierras desde 1955, cuando la Revolución Libertadora tomó el poder violentamente y también fusiló. En este encuentro, Novaro habla de los planes, proyectos, intenciones para gobernar un país que todavía traza el mapa de su territorio.

Parecería que Perón, Frondizi, Illia, Cámpora, Alfonsín, entre otros, han dejado proyectos inconclusos. ¿La historia argentina es un plan inconcluso?

Hay un cementerio de proyectos que han quedado a medio hacer. Pero las instituciones del desarrollismo sobrevivieron –como el Banade u otras empresas, instituciones–. Hay sí, una sedimentación de proyectos por lo que se podría decir que hay cierta continuidad. Que más allá de las diferencias muy fuertes en términos políticos y de la confrontación de corto plazo, en muchos de estos proyectos hubo continuidades importantes, y eso permitía que se usaran algunas de las instituciones creadas por sus predecesores. Y esto explica que para ninguno de esta lista de presidentes fuera necesario erradicar esas instituciones, o cambiarlas por otras nuevas. Sobre todo en el terreno económico, uno diría: si Alfonsín seguía usando algunas de las instituciones creadas por el peronismo, por Frondizi fue en parte porque creyó que esas instituciones eran sanas en sí mismas, o podían curarse de las enfermedades que las aquejaban, fruto de la política, del uso que se había hecho de ellas.

En términos teóricos todos estos gobiernos han tenido un plan. Pero, ¿cuáles de ellos han podido desarrollarlo?

Creo que Frondizi fue un caso interesante porque cambió muchos de los instrumentos para tratar de ser fiel a las líneas de largo aliento. Y se lo considera siempre un oportunista, se lo criticó fuertemente por haber cambiado instrumentos que se consideraban esenciales. Pasó de una política nacionalista y proteccionista en el tema del petróleo a una de apertura y extranjerización de la extracción de petróleo. Frondizi fue uno de los presidentes, tal vez, más articulado, tenía un discurso que pensaba en el largo plazo. Ahora, uno puede decir cuánto de plan había detrás de esto, ¿había lo suficiente? O, por el contrario, preguntarse si no había demasiado plan. El plan era muy racional, y se confiaba tanto en él que no importaba si había oposición, porque finalmente los resultados iban a demostrar que la razón estaba del lado del gobierno. Pero Frondizi es una figura que pasa de posiciones muy democráticas a otras cada vez más autoritarias.

En los 70, los 80, el plan se vuelve una herramienta clave.

El tercer peronismo viene con la idea del plan quinquenal, una idea muy articulada. Más allá de que después, en la práctica, eso no se lleva a cabo, hay también una expectativa de planificación estatal, de control. E incluso Alfonsín, en medio de la tormenta económica que gobierna, él pone sus mejores cabezas a pensar la planificación. Pero viendo un poco lo que los radicales pensaban, cómo justificaban algunas decisiones de coyuntura, también aparece detrás la idea de que finalmente, son instrumentos para salir de una circunstancia extremadamente dramática y que, a la vez, los instrumentos no tienen que oscurecer las metas del largo aliento que siguen siendo las del desarrollo industrial. Y si uno escucha el discurso de Sourrouille en esa época, sólo hablaba del corto plazo: cómo iban a frenar la inflación del Plan Austral, si aumentaban de nuevo los salarios, cuánto, cómo, etcétera. Y después volvía al petróleo, a la industria automotriz, los grandes temas de una política industrialista que en ese momento se hacía sin recursos.

¿Y cómo es el caso de Menem? ¿Viene con un plan secreto?

Los dos primeros años de Menem son años de descalabro. La crisis hiperinflacionaria es muy larga. La hiperinflación va y viene. Y es recién después de esos dos largos años que Menem logra dar con una nueva política económica, que son la convertibilidad y las reformas estructurales emparentadas con ella. Pero el hecho de que haya tardado dos años, me parece que habla bastante a las claras de que no hay un plan. Menem se convence de algunas ideas iniciales, y de la misma manera se habían venido convenciendo economistas peronistas y algunos sindicalistas. Se pueden encontrar declaraciones de Armando Cavalieri, de Jorge Triaca anticipatorias de que venía una política distinta. Pero para convertir esto en un plan, en una política que tiene sostén en actores políticos y actores sociales, pasan dos años. El plan de convertibilidad nace recién en 1991 cuando las medidas que están un poco sueltas –privatizaciones, desregulación, apertura, etcétera–, empiezan a quedar más o menos encajadas en algo parecido a una estrategia.

De ahí en más, ¿triunfa la planificación o la improvisación?

Creo que la experiencia argentina es bastante decepcionante en términos de que los que han planificado, los que hicieron cálculos y trataron de ajustarse a las reglas de juego, fallaron. Y los que improvisaron, en cambio, tuvieron más éxito. La conclusión es que en realidad no hace falta, o es incluso contraproducente, planificar. Me parece que ésta es un poco la lección nociva que ha arrojado la experiencia argentina desde los 90 hasta hoy. Se le reprocha al kirchnerismo la no planificación, el estar atado a la coyuntura. Pero lo cierto es que es un gobierno, en ese sentido, relativamente exitoso. Y la tolerancia de la sociedad a la inestabilidad se ha demostrado más alta de lo que se presuponía. Se decía: “La sociedad argentina no va a tolerar niveles altos de inflación”. Bueno, los viene tolerando desde hace cuatro años. Y no pasa nada. Hay un reacomodamiento de los actores a la inflación que es sorprendente. Y en parte, es razonable porque los actores que tienen mayor capacidad de acción colectiva de presión, de amenaza política son los que tienen recursos para adaptarse y sacar provecho de la inflación: los sindicatos, los empresarios más poderosos y el propio Estado. Esos son los actores que encuentran que es más fácil ponerse de acuerdo y reproducir sus recursos de poder y asegurarse un futuro en un contexto donde hay inflación que en otro donde no la hay. Hay un gen que nos hace proclives a contextos inestables, de incertidumbre.

¿Qué tiene de nuevo este país que estamos viviendo?

Antes la Argentina y Brasil eran economías parecidas; y hoy la Argentina es la sexta parte de Brasil. Antes, la Argentina era una de las sociedades más igualitarias de la región y está de la media para abajo. Ha habido un deterioro muy fuerte, un fracaso de políticas, de proyectos. Pero algunos rasgos de la Argentina de hoy son los mismos que los de hace cuarenta, cincuenta años. El sindicalismo argentino hoy no es tan distinto del sindicalismo vandorista, y tiene funciones políticas que en algún sentido son parecidas. El empresariado argentino no sé si ha cambiado tanto. Hay actores que permanecen, que lograron atravesar todo tipo de cambios de régimen y circunstancias. Sobrevivieron a sus propios fracasos y además son bastante parecidos a sí mismos; no han sufrido grandes conmociones. Se puede decir que la Argentina tiene comportamientos que no son novedosos.


 

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