“El turismo fue siempre un gran factor de progreso social en la Argentina”

Desde principios del siglo XX hasta nuestros días, los argentinos hicieron con las vacaciones su propia “conquista del Desierto”, abriendo caminos y descubriendo distintos horizontes.

PorFABIÁN BOSOER en Clarín

Elisa Pastoriza, historiadora residente hace muchos años en Mar del Plata, profesora de la Universidad Nacional de esa ciudad y autora de dos importantes libros sobre su trayectoria histórica (“Los trabajadores de Mar del Plata en vísperas del peronismo”, de 1993, y “Un mar de memoria. Historias e imágenes de Mar del Plata”, acaba de publicar “La conquista de las vacaciones. Breve historia del turismo en la Argentina” (Edhasa, 2011). Explica, aquí, porqué cuando nos vamos de vacaciones siempre hay una contradicción entre huir de las rutinas y a la vez replicarlas en condiciones más placenteras. Un viaje que vincula el pasado con el futuro.

¿Qué es lo que revela el turismo de los argentinos acerca de cómo somos como sociedad?

La historia del turismo en nuestro país puede ser recorrida como la del avance en esa conquista social que han sido las vacaciones; un avance permanente desde su surgimiento hasta nuestros días. Es la historia de viajes, itinerarios y lugares que inauguran nuevos territorios espaciales y sociales en cada momento de la vida nacional. Junto con la historia de la educación y la inmigración, son una muestra importante de cómo la sociedad fue alcanzando ciertos bienes que estaban circunscriptos inicialmente a una minoría.

¿Cuándo aparecen los primeros destinos turísticos y lugares de vacaciones?

No fue un crecimiento espontáneo. Al principio fueron más que nada iniciativas de la sociedad civil, muchos emprendimientos privados o familiares a partir de los cuales se edifica una ciudad turística, como fue el caso de Mar del Plata, a imagen y semejanza de otras ciudades balnearias europeas. Estos sectores estaban muy relacionados con el sistema político, y entonces el que no era gobernador era senador o diputado, y muchas veces iniciativas que se iban haciendo contaban con un apoyo o beneplácito del Estado. Mientras tanto, ya entre 1910 y 1920 muchos de esos sectores aristocráticos u oligárquicos manifiestan su fastidio porque se sentían invadidos en sus sitios de veraneo, porque venían “rostros desconocidos” que no pertenecían a esos círculos cerrados.

El viaje en sí mismo era una práctica bastante exclusiva y selecta.

Claro, también estaba Córdoba como destino serrano, Mendoza con los primeros hoteles de montaña … y luego la apertura a la Patagonia, en los años 30, en una búsqueda de paisajes naturales alejados y de reductos selectos, atraídos por una inmigración que recrea allí los paisajes y costumbres europeas.

¿En qué momento aparecen las vacaciones como una reivindicación social?

En los años 30 algunos comienzan a plantearlo, y algunos a obtenerlo; como los ferroviarios, los empleados de comercio, etc. La idea del turismo social se consolida con el primer peronismo. Pero la democratización social de las vacaciones empieza antes, y los años 30 son muy interesantes para ver este proceso. Incluso si uno ve las cifras de entrada de pasajeros en Mar del Plata en ese momento, cuando se lleva a cabo un proyecto cuya consigna era “por la democratización del balneario”, donde coinciden iniciativas públicas con privadas, es cuando se construye el Hotel Provincial y se abre el Casino. En ese camino, la gran ciudad turística se tornó un laboratorio de gestación de un poderoso mito: primero se llamó “La Perla del Atlántico”; luego, la “Ciudad feliz”.

¿Cómo se pasa de la idea del veraneo a la del turismo?

Esa es una peculiaridad argentina. En otros países, ya en el siglo XIX e incluso en muchas novelas francesas o inglesas, ya se hablaba de “turistas”. Acá se habla primero de veraneo, y el término “turista” es tomado como sinónimo de la popularización del veraneo, hacer del veraneo turismo es hacerlo más amplio, implica una apertura social.

Y esta figura del turista ¿cómo se va construyendo?

Un escritor de los años 30, Enrique Loncan, tiene unos escritos muy interesantes en los que analizando quiénes iban al Casino de Mar del Plata, describe que “ya no son las mismas manos y dedos los que tocan esas fichas”, evocando el estilo aristocrático, de quienes se quedaban hasta tarde jugando y no les importaba perder; entonces “eran otros dedos que tocan esas fichas” de otra manera, no las sueltan, se levantan temprano … es otro mundo: es el turista, que está apareciendo. Y después el turista trabajador, que llega a participar de estas prácticas por los planes de turismo social y por el fenómeno de la hotelería sindical, que no era algo común en el mundo. Hay testimonios de esos primeros tiempos del turismo abierto a los trabajadores que muestran que muchos no se adaptaban, no querían ir. Les preguntaban por qué y la respuesta era que no sabían qué ropa ponerse, cómo comportarse en un hotel, etc. Había que estimular y motivar una actividad que era vista como ajena.

¿El viaje turístico seguirá siendo también una marca de distinción social?

Esta confluencia que se fue dando es muy visible en Mar del Plata, un símbolo de lo que significó el turismo como factor de progreso social en la Argentina. No es común una ciudad que fue una creación de la elite y a la que todos quieran ir después. Si vemos imágenes antiguas de Mar del Plata y actuales, veremos esos cambios de lo aristocrático que se va volviendo popular. Una ciudad joven (se fundó en 1874) que fue concebida como un balneario, se convierte en una de las principales ciudades del país. Esto tiene que ver con las tendencias igualitarias, con un país con fuerte movilidad social, que hizo posible este juego de distinciones: compartimos el mismo mar, pero no es lo mismo Playa Grande que la Bristol. Se generan y se inventan brechas en los gustos, en las formas de actuar, en las modas, que crean distinciones.

¿Cuándo descubrimos que no todo era la playa, la costa, el sol, la arena como destino de vacaciones?

El éxito de Mar del Plata hizo que surgieran otros balnearios en la costa atlántica buscando replicar esa experiencia. Después empezaron a surgir modelos alternativos, sitios que no fueran tan urbanizados y masivos, que estuvieran más inmersos en la naturaleza. También tuvo que ver con cambios en los gustos, la aparición de un turista más solitario o los grupos jóvenes que salen en carpa a recorrer el país o acampar. Y eso incluye todos los balnearios que se van a fundar hacia el norte de la costa bonaerense, que también requirieron un trabajo de forestación, cada uno con su propio modelo urbano: Ostende, el primero, con su trazado circular; Villa Gesell, que atraerá a sectores de clases medias, en esa ciudad balnearia más pequeña, con calles de arena, más cercana a la naturaleza. Pinamar y Cariló, que eran fondos de estancias, hasta las nuevas extensiones que avanzan a lo largo de la Costa con sus propios estilos en los últimos años; Mar de las Pampas, Mar Azul, etc.

El turismo ¿es nuestra experiencia social de “conquista del Oeste” o “conquista del Desierto”?

Hay una búsqueda de nuevos horizontes y nuevas formas de conformar deseos subjetivos, y esos gustos se van modificando, porque en este momento a lo mejor todo este turismo organizado, si bien existe, está vendido de otra manera, con gustos relacionados con nuevos lugares. Es una búsqueda que nunca termina. Sobre todo en un país que tiene tanto territorio y paisaje extraordinario por explorar, descubrir, re-descubrir. El Sur patagónico fue en algún momento nuestro Far West. Se descubren esos lugares impresionantes y se van creando centros turísticos diferentes.

Con tan rica historia del turismo y tanto territorio con bellezas naturales inexploradas en la Argentina, uno podría decir que hay una enorme historia por descubrir …

Parte de esa historia merece ser recuperada para pensar el desarrollo turístico actual; porque el turismo exige transportes, caminos, trenes, todas cosas que hoy nos faltan. Hay que rescatar trayectorias como la del Automóvil Club o el Touring Club, que tuvieron un rol fundamental desde la incorporación del automóvil, algo muy importante para el desarrollo turístico en nuestro país.

Es cada vez más difícil encontrar un lugar que uno diga “ahí está la utopía de la ciudad feliz” La fantasía del lugar turístico ideal ya no pasa por grandes ciudades, sino por lugares más desiertos, “naturales”, alejados de la gran ciudad. Ahora hay más diversidad, no hay “un” lugar al que todos quieren ir, aunque el mito de la ciudad feliz sigue siendo muy fuerte. En los viajes de vacaciones siempre hay una contradicción entre huir de las rutinas y a la vez replicarlas en condiciones más placenteras, un viaje que vincula la experiencia del pasado con la expectativa de vivencias nuevas o descubrimientos.

Copyright Clarín, 2011.

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