Hallan un cementerio indígena de más de dos mil años

Parte del enterratorio arqueológico de Las Barrancas, fue hallado tras los datos brindados por un lugareño. (Fotos: Claudio Gutiérrez

Por pruebas de radiocarbono se estableció la antigüedad del hallazgo. Primer registro de un período tan remoto.

en Diario Los Andes, 9/9/2011  Miguel Títiro – mtitiro@losandes.com.ar

Un descubrimiento singular para esclarecer el pasado remoto de nuestra provincia se produjo en Las Barrancas (Maipú), donde un grupo de arqueólogos encontró un enterratorio de indígenas de más de 2.000 años de antigüedad.

En un alejado lugar de ese distrito, entre fincas, tierras incultas y con profundos barrancones, no muy lejos de una línea de alta tensión, los estudiosos localizaron un cementerio, donde moraban para siempre los restos de 32 individuos.

El hallazgo es sorprendente porque revela la presencia de antepasados en la zona, con una antigüedad que oscila entre 2.000 y 2.500 años.

El equipo que realizó el hallazgo está conducido por la doctora a Paula Novellino, investigadora del Conicet, secundada por sus colegas Victor Durán y Diego Estrella, ambos de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNCuyo.Lo notable del caso es que la pista para llegar al cementerio la brindó un lugareño, y a partir de sus indicaciones, los rastreadores del pasado encontraron un total de 32 individuos, entre adultos y niños, de ambos sexos. Uno de ellos tenía incrustada una punta de proyectil en el pecho (ver aparte). Recobrar los cuerpos fue una labor que se hizo entre 2008 y nuestros días. Los investigadores estaban haciendo una prospección en ese paraje, cuando les llegó la noticia que se convertiría en un descubrimiento de mucha trascendencia científica.

Guardaron en secreto el trabajo, para evitar el vandalismo, que lograron evadir, en parte, porque ya está culminando la extracción de todos los huesos. “Cuando llegamos por primera vez, la sorpresa fue mayúscula, ya que de la pared lateral de una barranca asomaba una línea de huesitos”, confió Paula, quien es porteña, y pertenece al Conicet, con lugar de trabajo en el museo Cornelio Moyano.

Como había peligro de desmoronamientos y de posibles hurtos de material, el equipo se instaló en el terreno y comenzó el rescate, designando al punto de trabajo como sitio arqueológico B6.

En las primeras operaciones, fueron retirados 17 esqueletos, pero con el paso del tiempo se llegó a totalizar un total de 32 individuos, que es mucho para un solo lugar.

Pre huarpes

Piezas testigos de las osamentas fueron sometidas, en Estados Unidos, a pruebas de datación por radiocarbono. El resultado entusiasmó más al equipo: corresponden a habitantes que vivieron en esa parte de Mendoza, hace más de 2.000 años e inclusive hasta 2.500.

Los restos pertenecen a personas infantiles, juveniles, adultas y hasta perinatos (niño desde una semana antes hasta una semana después del nacimiento). Son tribus pre huarpes y al parecer es el primer enterratorio colectivo de envergadura que se encuentra en esas latitudes. Hay que recordar que los huarpes se establecieron en ese valle a principios del siglo XVII.

Los despojos estaban de cúbito dorsal, extendidos y ubicados en forma de abanico. Para extraerlos de su posición, los expertos utilizaron estacas de madera (para no dañar los huesos), pinceles varios, cucharines y espátulas. Las piezas extraídas seguirán siendo estudiadas en el Museo de Ciencias Naturales Cornelio Moyano, y pasarán a integrar su patrimonio.

Los recursos económicos que demandó el proyecto provinieron de subsidios aportados por la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica, el Conicet, la Municipalidad de Maipú, y la Universidad Nacional de Cuyo.

Fin de tarea

Ayer cuando Los Andes estuvo en el lugar, los arqueólogos iniciaban el tramo final de la extracción de los últimos individuos, bajo un sol a pleno y con la alegría de haber cerrado una larga como exitosa investigación.

El sitio puntual del camposanto está cerca del arroyo Claro y de la flamante línea de alta tensión Comahue-Cuyo (500 kilovoltios).

El contexto es un suelo de limo, arcilloso, en medio de cañadones que denotan la erosión de cientos de años. Primero, los estudiosos despejaron el sitio, tapado por 5 m de sedimento, valiéndose de palas y mucha precaución. Quedó a la vista un espacio de 10 metros de largo, en el perfil de una barranca, y entonces se encontraron con una gran sorpresa: en forma de abanico aparecieron una gran cantidad de esqueletos. Lo que sigue ahora son varios estudios de los restos, uno de ellos para establecer la dieta de estos antiguos aborígenes.

Con esas indagaciones y otras métodos químicos, se procurará determinar si estos remotos pobladores fueron cazadores recolectores o agricultores. Sí se estableció que no tenían una cultura desarrollada, ya que no hay vestigios de trabajos en cerámica, y apenas algún desarrollo en cestería. Además de los titulares de la iniciativa, el grupo se completa Iván Pérez, Valeria Bernal, la estudiante Natalia Brachetta Aporta y Gabriela Blenda, aficionada y pasante del Museo Moyano.

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