El día que la U.R.S.S. también tuvo la bomba

ABC Una de las puebas nucleares realizadas por la URSS

En la página 5 de su edición del sábado 24 septiembre de 1949, el diario español La Vanguardia titulaba: Ha habido una explosión atómica en Rusia. El presidente Truman y el Gobierno británico dan cuenta del acontecimiento, que ha causado gran sensación.” 

El artículo proseguía diciendo: “Las declaraciones del Gobierno británico y del presidente Truman sobre «una explosión atómica» en Rusia, son quizá el acontecimiento más importante desde la terminación de la guerra, porque con ellas queda cerrado un periodo de relativa tranquilidad,  para entrar en uno de inquietud verdaderamente invencible. Cuando se ha visto lo que es la política soviética en los últimos años, se ha podido comprender la magna trascendencia que ha tenido que el secreto atómico haya sido hasta ahora un privilegio occidental. La política de abierta violencia y de auténtica agresión empleada por Rusia, no hubiera tenido límites si el secreto atómico hubiera sido descubierto allí antes que en los Estados Unidos. Puede  afirmarse, a este respecto, que el mundo entero hubiera ya conocido la ley soviética en tal caso. Providencialmente, pues, no ha sucedido así; y el mundo ha tenido por lo menos un respiro.

Es indudable que este respiro ha terminado. No se trata, desde luego, como es obvio, de que Rusia sepa lo que no saben los occidentales. Se  trata de que sabe lo mismo. O, por lo menos, que está en camino de saberlo. Por lo pronto, es un hecho que ha causado sorpresa la fecha del descubrimiento. En efecto, nadie dudaba, entre los técnicos y políticos dirigentes occidentales, de que la Unión Soviética llegaría a poseer el temible procedimiento destructivo. Pero se creía que no llegaría a ello por lo menos antes de dos años. He ahí otro efecto de la desastrosa política de apaciguamiento.”

Y más adelante consignaba: “En su declaración sobre una explosión atómica en Rusia ocurrida en las últimas semanas, el presidente Truman ha dicho: «Tenemos pruebas de que en el transcurso de las recientes semanas se ha producido una explosión atómica en la U.R.S.S.». Agregó que este acontecimiento recalca una vez más si había necesidad de que se recalcase la necesidad de un control internacional de la energía atómica verdaderamente eficaz y susceptible de imponerse, que cuenta con el apoyo del Gobierno de los Estados Unidos y de la gran mayoría de las naciones miembros de la O.N.U.”

Así, se daba inicio a una de las fases más inquietantes de la Guerra Fría, signada por la amenaza nuclear, que puso más de una vez al mundo al borde de la hecatombe.

(Para leer el facsimilar de esta portada histórica, ver en la Hemeroteca de Lavanguardia.com)

 

Años más tarde, el 30 de octubre de 1961, el mundo entero volvió a conmocionarse ante la noticia de que la URSS acababa de explotar la bomba nuclear más poderosa jamás lanzada por el hombre, con una potencia 3.800 veces mayor que la de Hiroshima. 

Recuerda Israel Viana en el diario ABC de Madrid del 30 de octubre de 2010:  “Sólo 16 años después de que las bombas de Hiroshima y Nagasaki pusieran el punto final a la Segunda Guerra Mundial –causando más de 220.000 muertos en apenas unas horas–, el mundo entero se conmocionaba ante la noticia de que la URSS acababa de provocar la detonación nuclear más poderosa de la historia. Con una potencia 3.800 veces mayor que la liberada por «Little boy» en 1945 y casi el doble de la energía solar que recibe la superficie de la Tierra en un segundo, la «bomba del Zar», como se conoció a aquel artefacto de 15 toneladas, 50 megatones, 15 metros de altura y tres de diámetro, fue lanzada sobre el archipiélago ruso de Nueva Zembla tal día como hoy de 1961. ¿El objetivo? Demostrar a Estados Unidos el poder armamentístico y tecnológico del «ejército rojo».

«Cualquier arma de este tipo sería en primer lugar un asesinato en masa de personas durante una guerra, y la prueba de una superbomba de este tipo tiene por objeto principalmente sembrar el pánico en la Guerra Fría», decía el comunicado de la Casa Blanca, donde el presidente Kennedy tuvo que mostrase agresivo ante la desproporcionada demostración de fuerza de la URSS: «El actual arsenal nuclear norteamericano es superior, en cantidad y en calidad, al de cualquier otra nación. Los Estados Unidos tienen el suficiente poder militar para destruir a cualquier nación que deseara desencadenar una guerra termonuclear».

Pero esa no era la intención de ninguna de las dos superpotencias, enfrentadas en una guerra silenciosa cuyo aspecto más visible era una carrera de armamento atómico cada vez más frenética, donde finalmente las armas atómicas no se volvieron a usar contra las personas después de Hiroshima y Nagasaki.

Negociando con bombas atómicas

Nada más terminar la Segunda Guerra Mundial, la URSS no representaba ninguna amenaza inmediata para Estados Unidos. Se encontraba en ruinas, desangrada y exhausta, con una economía civil hecha trizas. Su postura de fondo tras la guerra no era ofensiva, sino defensiva. Además, los soviéticos habían conseguido la bomba atómica en 1949, y aunque ambas potencias dejaron de utilizar la guerra como arma política, sí que se valieron del recurso de las bombas atómicas con otras finalidades negociadoras.

«Cunde la impresión de que Moscú, al concluirse su actual serie de experiencias –contaba ABC–, propondrá un plan de desarme a sus intereses. En primer lugar, para explotar los recientes temores del mundo, acaso reclame la abolición de nuevas pruebas nucleares. Con ello, puede hacer cundir la idea de que la URSS es la más fuerte y que disfruta de mayor maestría en el empleo de aquellas armas de exterminio».

Mayores hubieran sido las amenazas de un ataque real si, como dicen algunos autores, la URSS se hubiera enterado de que la junta de jefes de estado mayor de Estados Unidos trazó un plan para lanzar bombas atómicas sobre las veinte ciudades más importantes de la Unión Soviética, a las pocas semanas del fin de la Segunda Guerra Mundial.

Conmoción mundial

Tan pronto saltó a las portadas de los periódicos la explosión de la bomba nuclear rusa de 50 megatones, la mayor explosión causada jamás por el hombre, el fantasma de una nueva Hiroshima perturbó al Planeta. Universidades y observatorios de Francia, Inglaterra, Japón, Estados Unidos y otras zonas del mundo registraban movimientos sísmicos que podían ser achacables a esa explosión.

Miles de personas se manifestaban en señal de protesta en «casi todas las ciudades del mundo no sojuzgadas por el comunismo», como Ámsterdam, Bruselas, Copenhague, París o Londres, mientras las embajadas soviéticas tenían que ser reforzadas por policías para evitar las represalias.

El Gobierno inglés se reunía de urgencia y, en la sede de las Naciones Unidas, la Unión Soviética recibía duros ataques, pues la explosión se produjo tan sólo tres días después de que la Asamblea –por 37 votos a favor y 11 en contra– hiciese un «solemne llamamiento» al Kremlin para que no realizase la prueba.

«Un acto de locura»

«Un gran salto hacia la anarquía y la destrucción», la definieron los delegados estadounidenses. «Un acto de terror contra la humanidad», lo calificó el embajador de los Países Bajos. Otros hablaron de «la mayor explosión letal de la historia», de acto de «violencia sin precedentes», de «locura» o «crimen contra la humanidad que traerá graves consecuencias contra los hombres», mientras que el delegado soviético lanzaba sus cartas: «Para evitar un guerra nuclear y de cohetes, que cada vez está más cerca, deben tomarse todas las medidas posibles, y una de las que pueden impedir que ustedes lancen un cohete nuclear es aumentar el poderío de la Unión Soviética».

Aquella guerra nunca llegó, aunque las pruebas nucleares de la URSS y el resto de los países no se detuvieron. Sin embargo, aún hoy, 49 años después de aquella explosión, no se tiene registro de la construcción de ninguna otra bomba de potencia semejante a la del «Zar».”

 

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