El tarambana de Marx

Adúltero, tendente al sablazo, perezoso… y dependiente de su santa esposa. Así retrata el ensayo ‘Love and capital’ al padre del socialismo

en elmundo.es

Pablo Pardo | Washington

Actualizado martes 04/10/2011
 ¿Qué filósofo moderno, mientras su esposa se está recuperando de la viruela, se va a otro país en busca de dinero y, de paso, a acosar a una sobrina? Una pista: es el mismo que tuvo un hijo ilegítimo con su criada. Otra: la obra de ese filosofo es sinónimo de igualdad, revolución del proletariado y leyes inmutables de la Historia que acabarán llevándonos al Paraíso en la Tierra. Respuesta: Karl Marx.La vida de Marx es exactamente lo contrario de lo que propuso. En primer lugar, para alguien que creía en una dinámica de la Historia marcada por leyes, es una sucesión de casualidades. Unas casualidades derivadas no sólo de una personalidad con propensión a meterse en líos políticos, profesionales, personales y sexuales, sino también de una incapacidad manifiesta para organizar su vida, como queda reflejado en el hecho de que Marx entregó ‘El capital’ a su editor nada menos que con 16 años de retraso con respecto a la fecha pactada. En segundo término, para un defensor de la igualdad, la vida de Marx es una existencia marcada por la dependencia. Dependencia económica de su mecenas, Friedrich Engels y, sobre todo, de su esposa, la baronesa Jenny von Westphalen.

La relación entre Marx y Von Westphalen es el eje de una de las sensaciones editoriales del otoño en EEUU, ‘Amor y Capital. Karl y Jenny Marx y el nacimiento de una revolución’, de la periodista Mary Gabriel, autora de una biografía publicada hace 13 años de la líder del movimiento sufragista Victoria Woodhull. Así que las biografías de líderes que persiguieron el cambio social, y situarlas en el contexto socioeconómico de su era no es algo nuevo para Gabriel.

Claro que escribir sobre la vida privada de Marx es saltar a una categoría diferente. En primer lugar, porque, como explica Gabriel en ‘Amor y capital’ (o ‘Love and capital’ en inglés), el padre del comunismo (y abuelo del socialismo) es, hoy en día, más que otra cosa, “una enorme cabeza de granito sobre un pedestal en el cementerio de Highgate“. Escribir sobre él es escribir sobre una institución que, a medida que pasan los años, se está quedando convertido en un mero adjetivo.

Pero también es hacerlo sobre el fundador de una cuasi-religión. Para muchos de sus seguidores, por ejemplo, es un anatema pensar que Marx fue capaz de hacerle un hijo a su criada, acaso porque tengan problemas para aceptar que Marx tenía una criada. Eso de ser revolucionario y hacerle hijos a la servidumbre debe de ser una ley histórica que se le escapó a Marx. A fin de cuentas, muchos estadounidenses tienen aún hoy serios problemas para aceptar que uno de los padres del país, Thomas Jefferson (de hecho, el más democrático de los fundadores, casi hasta rozar el anarquismo) tuviera siete hijos con su esclava negra Mary Jennings, cuya propiedad había conseguido como parte de la herencia de su suegro (que era, encima, el padre de Jennings).

Así que Gabriel se ha metido a analizar el lado más complicado del santón: no la ideología, sino el hombre, y más bien la mujer detrás del hombre. La vida de Marx tiende a ser soslayada. La de Jenny, simplemente, ignorada, a pesar de que ella fue el ancla que fijó a Marx a la realidad y, al menos, evitó que se perdiera en un mundo de burdeles, proyectos intelectuales inacabados y ruina. Como afirma ‘Amor y capital’, Marx “sólo reconocía la existencia de la economía cuando escribía sobre ella”. Como buen intelectual, lo suyo era el razonamiento abstracto. La consecuencia fue una vida marcada “por la lenta muerte del espíritu de aquéllos condenados a la pobreza mientras viven en un mundo rodeado de riquezas”. Jenny, poniendo el dinero de su familia para pagar las deudas de Marx, y después con una sumisión a su marido que incluye perdonarle sus constantes infidelidades y alumbrar siete hijos suyos (de los que sólo tres sobrevivieron hasta llegar a la edad adulta), fue quien lo salvó. Su abnegación fue total. “Los años que pasé en este pequeño apartamento transcribiendo los papeles que él había garabateado están entre lo más felices de mi vida”, escribió la esposa de Marx.

Escribir de Karl Marx y de Jenny von Westphalen es casi hacer una biografía de ella. Ambos se conocieron en Triers, donde Marx nació, cuando eran adolescentes y ella era “la chica más guapa del pueblo”, según el propio filósofo. Se casaron cuando ella tenía 29 años y siguieron juntos, viviendo a salto de mata en Alemania, Francia y Reino Unido hasta que ella murió a los 67, de cáncer de hígado en Londres. Así que Gabriel ha tenido que hacer un enorme esfuerzo documental, que le ha llevado a recorrer seis décadas de documentos y cartas de los Marx y las personas de su entorno, muchas de ellas inéditas hasta ahora en inglés. El resultado es un libro duro, aunque sin caer en el melodrama, incluso en los detalles más sórdidos, como cuando la familia Marx tiene que esconder en una habitación el cadáver de uno de sus hijos mientras trata de conseguir que le presten dinero para poder pagar el entierro.

“Gabriel presenta a Marx como un quijote: en un momento, lleno de devoción, responsabilidad y sentido de la protección y, al siguiente, ausente, disoluto y totalmente centrado en sí mismo”, ha escrito Linda Lear en ‘The Washington Independent Review of Books’. En esa epopeya, “Jenny von Westphaleen es la heroína”. No hace falta excavar mucho en la biografía de la pareja para darse cuenta de que ésa es una conclusión prácticamente inevitable de cualquier libro acerca de la familia Marx. Desde el momento en el que Jenny abandona una vida aristocrática para irse con un novio al que lo primero que tiene que hacer es pagarle las deudas que tiene, queda claro quién se ha sacrificado más.

El problema, según la crítica estadounidense, es que ‘Amor y capital’ nunca entra en el por qué de esa dinámica de pareja. Gabriel tampoco trata de explicar en qué podría haberse basado la tremenda hipocresía de Marx, la zanja que había entre lo que decía y lo que hacía. En las 786 páginas del libro hay, además, una peligrosa tendencia a caer en la digresión histórica y en los cambios socioeconómicos de la época. Paradójicamente, al analizar la relación entre Karl Marx y Jenny von Westphalen, Mary Gabriel ha decidido abandonar el igualitarismo y optar por el marxismo.

 

 

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