Chanel Nº5, los nazis y los judíos

Soldados estadounidenses esperando comprar un Chanel Nº5 para llevarse de regreso a USA.

La lectura de al menos 2 libros acerca de Gabrielle Chanel, más conocida por Cocó, permite no solamente conocer acerca de la famosa estilista sino de tiempos tan tormentosos como los de la 2da. Guerra Mundial. 

En Urgente 24.com

por ROSANE PAVAM

S. PAULO (Carta Capital). Días después de liberar París de la ocupación nazi, en agosto de 1944, soldados estadounidenses formaron una cola enorme en frente del número 31 de la calle Cambon. Esa casa nunca había sido vinculada, antes, a los héroes de la liberación. Su singularidad estaba en que no albergaba una sede militar sino que era una tienda de indumentaria. Incluso, sin hablar una palabra de francés, los estadounidenses ahora podrían pasar por la puerta del establecimiento, abrir los dedos de una de las manos frente a la vendedora en el vestíbulo y que su pedido sea satisfecho con elegancia. Esos soldados querían frascos de perfume Chanel Nº5, que llevarían como recuerdo de la guerra y del lujo europeo a sus madres, novias y hermanas
La historiadora Tilar J. Mazzeo señala un saber oculto en la búsqueda de los soldados de los frascos de perfume. Se afirma, en El secreto de Chanel Nº5 – La historia íntima del perfume más famoso del mundo (Rocco, 304 páginas), que los jóvenes aliados no relacionaban el producto con su creadora, Coco Chanel, una francesa de carne y hueso, además, de simpática para los nazis. El perfume que llevarían en el avión de vuelta se había liberado de su origen. “Lo que había empezado como algo profundamente íntimo, se había convertido en un icono cultural amplio para contar la historia de millones de personas”, dice.
Mazzeo, quien ahora se empeña en un libro sobre la historia del Hotel Ritz de París durante la ocupación nazi, que será publicado por Harper Collins en 2013, reescribió no solamente la trayectoria de un perfume sino de la compleja criatura que lo concibió. La historiadora no victimiza ni condena. En el texto sólo se investiga la forma por la cual, a partir de los proyectos de Chanel, nació tal fragancia y la forma en que se mantuvo en el imaginario colectivo desde su creación en 1920, cuando tantas otras jamás se proyectaron hacia las generaciones venideras. También autora de La Viuda Clicquot, sobre el más admirado champagne francés, Tilar Mazzeo, quien se especializó en escribir sobre vinos, encontró conexiones entre la degustación de los taninos y los aromas aplicados al cuerpo. Cuando esta historiadora cultural comenzó a investigar los perfumes, nunca había probado el Chanel Nº5, el que la actriz Marilyn Monroe dijo que era lo único que llevaba puesto cuando se iba a la cama.
“Debo admitir que mi objeto de estudio comenzó por el hecho de que ella logró un gran perfume”, dijo Mazzeo en una entrevista con Carta Capital. El marketing nunca fue preponderante para la aceptación del producto, argumenta. “En el principio, la publicidad era muy simple, involuntaria, hecha a partir de testimonios reales. Chanel Nº5 era un lujo que podía durar más, en tiempos de dificultades económicas. Una botella de vino se bebe en una noche, mientras que una botella de perfume puede durar un año. Ese es el lujo perfecto para la recesión”.
El libro narra desde la infancia de Gabrielle Chanel, huérfana de madre y abandonada por su padre en un convento de la abadía de la rural Aubazine. Para la escritora, se puede decir que el contexto emocional de la niña fue transferido, en parte, hacia el perfume. En el convento, a partir de los últimos años del siglo 19, Gabrielle pasaba el día bajo una estricta disciplina, lavando y planchando ropa. Allí aprendió a coser. Las monjas querían la vestimenta sencilla y clara, tal como Chanel después, y de una manera revolucionaria, las diseñaría. La orden cisterciense, que dirigía el convento, también animaba a sus monjes a dar al perfume y a la unción un papel central en las oraciones y en los rituales de purificación. Durante siglos, los aromas formaron parte de la vida de devoción en Aubazine.
Chanel Nº5 tuvo orígenes grandiosos. No sólo evocaría los aromas que la creadora recordaba vívidamente y que contrastaban con los de los almizcles que se consumían a comienzos del siglo 20, sino que, con el asesoramiento de los perfumistas, más el dinero de un duque ruso, ella quiso (y logró) que las flores se pudieran detectar en la fragancia.
Acerca del duque ruso, con quien ella mantenía una relación, se sabe que estaba refugiado en París después de tramar, con otros, el asesinato del místico monje Rasputín.
¿Cómo logró el objetivo de las flores en la fragancia? Gabrielle, ya rebautizada Cocó, no dudó en retirar del proceso revolucionario que tomó forma a partir de las dos últimas décadas del siglo 19, el uso de los aldehídos, moléculas que con una disposición particular entre hidrógeno, oxígeno y carbono, o acentuaban o moderaban la rusticidad de los aromas florales.
El perfume también habría tenido su origen en una fórmula de María de Medici, prima de la reinaCatarina de Médicis, enviada a Francia como novia del rey Enrique II. María estaba también casada con un miembro de la familia real francesa. Por cuenta de ella y del aprecio de Catarina por las sustancias aromáticas, el pueblito de Grasse, que comenzó como un centro artesanal para la producción de guantes y cuero curtido, se convirtió en la capital mundial del perfume en el siglo 17. María quería competir con los perfumes árabes, que estaban de moda. Coco, con la ayuda de una amiga, compró el manuscrito de su aroma, que permanecía guardado en la biblioteca de un ‘chateau’en el valle del Loire, por el equivalente hoy a US$10.000. En qué medida usó o no el secreto en su perfume, los historiadores aún no lo pueden afirmar.
Asimismo, ninguno de ellos puede afirmar con certeza si la más célebre diseñadora francésa fue una espía nazi, al contrario de lo que la prensa alardeara hace dos meses atrás durante el lanzamiento mundial de Durmiendo con el Enemigo-La guerra secreta de Coco Chanel (Companhia das Letras, 368 págs), de Hal Vaughan. Ni se puede atrever a mencionar tal cosa a este periodista perspicaz estadounidense de 83 años, quien incorporó al volumen 222 notas de pie de página y fotografías reveladoras del período de la 2da. Guerra Mundial. “Mi libro no reclama jamás un status de espía para Chanel”, dijo en una entrevista con Carta Capital. “Ella fue, más bien, una agente nazi, una proveedora que utilizó su amplia red de contactos para ayudar a los nazis”.
La distinción entre lo que significa una agente y una espía quizás constituya el único camino posible, de parte de este autor asertivo, desprovisto de evidencias de acciones de espionaje, aunque los registros le permitan relatar con seguridad el colaboracionismo de Chanel y su antisemitismo, ampliamente cultivado. Tilar J. Mazzeo habló acerca de los documentos sobre la colaboración de Chanel a los nacional-socialistas y el punto de vista de Vaughan: “Él construyó un argumento para leer los evidencias de una manera única”, dijo a Carta Capital, “y eso es también una valiosa contribución”.
Chanel no se volvió estilista sólo para ocultar sus verdaderas intenciones. Ella era una profesional de la moda, aguerrida, sin credo político y objetivos comerciales: “Coco Chanel fue criada (en un convento católico) durante la evolución del terrible ‘caso Dreyfus’, que provocó que gran parte de Francia viese a los judíos como enemigos”, dice Vaughan a Carta Capital.
“Ella fue un personaje extraordinario, una oportunista consumada, que aprovechó todas las oportunidades para avanzar en su carrera. Sus estrechas relaciones con el duque de Westminster, con el Príncipe de Gales, quien luego abdicó del trono, y con el primer ministro Winston Churchill hicieron de ella la agente perfecta para los nazis durante la 2da. Guerra Mundial”, agregó.
De acuerdo con Vaughan, Chanel tuvo muchas razones para colaborar con el gobierno de Adolf Hitler. Principalmente, ella entendía mal un mundo que regalaba derechos laborales a sus 2.500 empleadas, involucradas en la audaz y victoriosa huelga parisiense de 1936. Al igual que la mayoría de los millonarios de la época, convencida de que el nazismo combatiría el comunismo, ella partió en misión a Madrid, por ejemplo, a petición del general de las SS Walter Schellenberg, un conocido derivado de relación sentimental con el Barón von Dincklage, conocido como Spatz. Anteriormente, en 1941, ella había aceptado introducir un espía alemán de su conocimiento en la capital española a cambio de la liberación de su sobrino, André Palasse, detenido por sus vínculos con la Resistencia francesa.
Y había una razón más para actuar para la victoria nazi. Chanel sentía la urgencia de recuperar los plenos derechos de autor del Chanel  Nº5, vendidos en parte a una familia judía de apellidoWertheimer, cuando el producto perdía todas las posibilidades de supervivencia. Fueron los hermanos judíos Wertheimer los responsables de la expansión de la marca, especialmente al huir de París a Nueva York, después de un breve paso por Brasil. Hitler no ganó la guerra y Chanel, por lo tanto, nunca pudo recuperar el control de su mayor creación, que, a pesar de que había sido su fiel retrato en un primer momento, ahora quedaba en su imaginación como un icono inalcanzable, desprovisto de su importante origen.

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