Voces notables del siglo XIX emergen de cilindros de cera

Thomas Edison sentado al centro envió a Adelbert Wangemann detrás de él a Europa, donde utilizó un fonógrafo.
Thomas Edison sentado al centro envió a Adelbert Wangemann detrás de él a Europa, donde utilizó un fonógrafo.

POR RON COWEN – The New York Times en Revista Ñ

Después de décadas de estar refundida en un armario en el laboratorio de Thomas Edison, detrás del catre en el que el gran inventor tomaba siestas, una valiosa colección de discos fonográficos en cilindro de cera ha recobrado vida tras un siglo de silencio.

Los cilindros, de 1889 y 1890, incluyen la única grabación conocida de la voz del poderoso canciller alemán Otto von Bismarck. Dos de los discos preservan la voz de Helmuth von Moltke, venerable estratega militar alemán, quien recitó fragmentos de Shakespeare y de “Fausto”, de Goethe, al cuerno del fonógrafo. Otros discos hallados en la colección contienen tesoros musicales, entre ellos la que se cree es la primera grabación de una obra de Chopin.

Los funcionarios del viejo laboratorio de Edison, en West Orange, Nueva Jersey, hoy el Parque Nacional Histórico Thomas Edison, dieron a conocer las grabaciones el mes pasado.

“Esto es sensacional”, declaró Ulrich Lappenküper, director de la Fundación Otto von Bismarck, en Friedrichsruh, Alemania. El cilindro de Bismarck está documentado en los archivos de la fundación, pero después de emprender su búsqueda, en 2005, Lappenküper y sus colegas supusieron que se había perdido para siempre.

Las grabaciones sin etiquetar fueron descubiertas en 1957. Sin embargo, su contenido se determinó hasta el año pasado, cuando Jerry Fabris, curador del laboratorio Edison, utilizó un dispositivo llamado el Arqueófono para trazar los surcos y convertir las señales eléctricas análogas en archivos de transmisión WAV.

Dos historiadores del sonido, Patrick Feaster, de la Universidad de Indiana, y Stephan Puille, de la Universidad de Ciencias Aplicadas, en Berlín, ayudaron a identificar las grabaciones apenas perceptibles.

La tapa de la caja portaba una pista importante: las palabras “Wangemann. Edison”.

El primer apellido hace referencia a Adelbert Edward Wangemann, quien se incorporó al laboratorio en 1888, asignado a transformar el fonógrafo de cilindro de cera de Edison en un dispositivo comercial para escuchar música.

En junio de 1889, Edison envió a Wangemann a Europa, en un principio para asegurar que el fonógrafo en la Feria Mundial de París se mantuviera en condiciones de operar.

Después, Wangemann recorrió su natal Alemania, y en su viaje grabó a artistas musicales y visitó a miembros prominentes de la sociedad.

Hasta ahora, la única grabación disponible del viaje europeo de Wangemann ha sido un cilindro muy conocido y desgastado de Brahms ejecutando un fragmento de su primera Danza Húngara.

En octubre de 1889, Wangemann visitó a Bismarck, entonces canciller del imperio alemán. Bismarck escuchó las grabaciones realizadas en París y Berlín e hizo la suya propia, recitando fragmentos de poesías y canciones. Quizás de manera sorprendente, dada su participación en la Guerra FrancoPrusiana, optó por recitar líneas del himno nacional de Francia.

Puille señaló que no fue fácil identificar la voz de Bismarck, pero descifró una referencia a la mansión de Bismarck. “Supe de inmediato que iba por el camino correcto”, dijo, en un correo electrónico.

“Sin duda, este hallazgo es la culminación de mi trayectoria como investigador”, agregó.

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