La revolución pop de los años 60

Los Beatles grabaron su primer simple en 1962, año que produjo una buena cosecha: el estreno de Lolita y la publicación de La naranja mecánica. En un clima de renovación estética, el grupo de Liverpool iba a la vanguardia de una nueva sensibilidad musical.

Por Felipe Fernández  | Para LA NACION

Fue un viernes como hoy. Exactamente hace cincuenta años: el 5 de octubre de 1962 salió a la venta en el Reino Unido Love Me Do, el primer simple de los Beatles editado por Parlophone, una filial de la compañía discográfica EMI.

El productor George Martin les había hecho una prueba en junio. Antes de comenzar la sesión les habló largo rato sobre distintos aspectos técnicos del proceso de grabación. Los Beatles lo escucharon en absoluto silencio. Por fin Martin interrumpió su explicación y les comentó: “Si hay algo que no les gusta, me lo pueden decir”. “Bueno -contestó George Harrison mirándolo directo a los ojos-, por empezar no me gusta tu corbata”. Aunque todos festejaron el chiste, al productor no le cayó demasiado bien. Se trataba de una corbata cara y acababa de estrenarla.

El 4 de septiembre el conjunto de Liverpool volvió a los estudios de Abbey Road con un cambio en su formación. Habían reemplazado a Pete Best por Ringo Starr en la batería. Martin les propuso una canción más comercial para su debut discográfico: “How Do You Do It”. Los Beatles la grabaron sin entusiasmo y Martin entonces se decidió por “Love Me Do”.

En esa época no era común que los cantantes y los grupos elaboraran su propio material. Esta temprana composición de John Lennon y Paul McCartney -apunta Ian MacDonald en Revolution in the Head- estaba concebida de acuerdo con lo que ellos pensaban debía ser un estilo “blusero”. En contraste con los sonidos más domesticados en boga, exhibía una crudeza extraordinaria que parecía anunciar un cambio en la sensibilidad de la música popular. Sting recuerda haberla escuchado a los once años junto con unos amigos en una piscina pública. De inmediato todos se pusieron a bailar. El futuro líder de The Police se sintió tan conmovido que supo que consagraría su vida a la música. En cambio a Mimi, la tía de John, no le gustó la canción. “Si crees que te harás rico con eso -le advirtió a su sobrino-, es mejor que vayas pensando en dedicarte a otra cosa.”

Existen tres versiones de “Love Me Do”. La primera proviene de la sesión de junio con Best. La segunda se grabó el 4 de septiembre con Ringo. Para la tercera, del 11 de septiembre, Martin contrató al baterista Andy White, porque no le satisfacía la solidez rítmica de Ringo. Éste debió conformarse con tocar la pandereta.

El simple que salió a la venta originalmente fue la versión con Ringo en batería, pero copias posteriores utilizaron la grabación con White. En diciembre el disco llegó a un honroso puesto 17 en los rankings, por debajo de “Telstar” (uno de los temas favoritos de Margaret Thatcher) y “Desafinado”, la canción de bossa nova interpretada por Stan Getz y Charlie Byrd. Estrellas como Elvis Presley, Cliff Richard, The Shadows y Brenda Lee se disputaban los primeros lugares.

En la Argentina “Love Me Do” se editó en noviembre de 1963; ocupó la cara B de un simple que traía a “Please Please Me” (el primer Número Uno de los Beatles) en la cara A. En español los títulos pasaron a ser “Ámame” y “Por favor, yo”. El nombre del grupo sufrió una metamorfosis más audaz: los bautizaron “Los Grillos”.

En un contexto cultural más amplio, 1962 produjo una buena cosecha. Ese año en los cines se estrenaron -entre otras películas- Lawrence de Arabia, Lolita, El ángel exterminador, Dr. No, El eclipse y Jules et Jim. En jazz pueden mencionarse álbumes de Ornette Coleman (Ornette! y Ornette On Tenor), Sonny Rollins (The Bridge), Charlie Mingus (Oh Yeah) y John Coltrane (Live at the Village Vanguard). En literatura, algunos de los libros publicados fueron La naranja mecánica, El siglo de las luces, Historias de cronopios y de famas, Cómo es y Los funerales de la Mamá Grande. En la órbita de la plástica, distintas muestras afianzaron la influencia del arte pop y del Nuevo Realismo.

A pesar de la renovación estética que prometía la década de 1960 en sus inicios, nadie se hubiese atrevido a pensar que un conjunto del rock and roll podía llegar a componer canciones de valor artístico. Se suponía que una banda debía limitarse a proporcionar entretenimiento y provocar histeria. Y con suerte ganaría mucho dinero. En ese momento los mismos Beatles -resignados todavía a compartir escenarios con comediantes y bailarines de zapateo americano- no tenían mayores expectativas que ésas. Tampoco George Martin, cuya meta principal era conseguir éxitos comerciales. Él sugirió que Paul cantara la parte solista de “Love Me Do” para que John pudiera tocar la armónica. Un arreglo sencillo para un tema elemental. Apenas un grito primario. Nada presagiaba la vertiginosa evolución musical que ocurriría en los años siguientes y que llevaría el género de la canción popular a una prolífica edad de oro caracterizada por un refinado eclecticismo. En ese territorio de ilimitada creatividad todo sería posible: el cuarteto de cuerdas de “Yesterday”, el sitar de “Norwegian Wood”, los loops de “Tomorrow Never Knows”, el melotrón de “Strawberry Fields Forever”, la arremetida sinfónica de “A Day In The Life” o la epopeya coral de “Hey Jude”.

 

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