Nacimiento del Estado de Israel

en MundoGeo

Hace más de 60 años, en mayo de 1948, nació el Estado de Israel. El sueño sionista de un hogar judío en Palestina por fin se hacía realidad después de los horrores sufridos en la Europa nazi.

El 29 de noviembre de 1947, las Naciones Unidas aprueban la partición de Palestina. Ciudadanos judíos lo celebran en las calles de Jerusalén.

La euforia se extendió entre los hebreos, pero los árabes, habitantes durante generaciones de estas tierras, se opusieron violentamente a la nueva nación. La lucha por Palestina se convirtió en una guerra abierta, un sangriento conflicto regional que dura hasta nuestros días.

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Es el quinto día del mes de Iyyar del año 5708. Un puñado de hombres permanece sentado en una sencilla sala de Maale Ha-Jamisha, un kibutz (comuna agrícola) pocos kilómetros al oeste de Jerusalén. Son soldados jóvenes y agotados, con los fusiles y las ametralladoras al alcance de la mano. Su jefe es un hombre de 26 años, bastante guapo, pero con un carácter cerrado que lo hace parecer malhumorado. Es el comandante de los 1.300 soldados de la Brigada Harel del Palmach, una tropa de élite destacada en Palestina. Hace algunas semanas que sus hombres se han enzarzado en duras batallas. Muchos de ellos ni siquiera han cumplido la mayoría de edad. El sol de la tarde arde sobre las montañas cercanas, quedan aún algunas horas para el crepúsculo y el comienzo del sabbath (sábado, día sagrado de los judíos). La radio está puesta. Se escucha el discurso de un hombre, su voz es ronca y a veces parece distorsionada.

–Estoy muy cansado, apagad la radio –grita un soldado.

Uno de sus camaradas aprieta un botón, y el silencio se apodera al instante de toda la sala.

El quinto día de Iyyar del año 5708 corresponde al 14 de mayo de 1948. El comandante de la brigada se llama Isaac Rabin. Y el discurso radiofónico, en boca de David Ben Gurion, es la proclamación del Estado de Israel, país del que Isaac Rabin se convertirá en primer ministro años más tarde. Ese mismo día termina la ocupación británica.

Al principio del siglo XX, Jerusalén formaba parte del Imperio Otomano, que participó en la Primera Guerra Mundial del lado de Alemania y el Imperio Austrohúngaro, y acabó perdiendo gran parte de sus posesiones. Nadie podía prever tal desenlace; así que el Gobierno británico buscó aliados locales contra los turcos. Encontró a dos candidatos idóneos: los judíos y los árabes.

Hogar nacional de los judíos en Palestina

En 1917, el ministro de exteriores británico, Arthur J. Balfour, escribió una carta a uno de los sionistas británicos más destacados de la época, Lord Rothschild. En su misiva, conocida como la Declaración Balfour, anunciaba que “el Gobierno de su Majestad veía con simpatía la fundación de un hogar nacional de los judíos en Palestina”. Sin embargo, al mismo tiempo, Gran Bretaña apoyaba también a los árabes que luchaban por su independencia de los turcos. El oficial T. E. Lawrence, inmortalizado como Lawrence de Arabia, prometió a los árabes que iban a poder fundar sus propios Estados una vez fueran derrotados los otomanos.

Los británicos no jugaron limpio. Frente a aquellas vagas promesas, el único contrato válido que firmaron fue el Tratado Sykes-Picot, un acuerdo secreto con Francia donde ambas potencias establecían que, una vez concluida la contienda, se repartirían Oriente Próximo en zonas de influencia. Gracias a una resolución de la Sociedad de Naciones, organización internacional precursora de las Naciones Unidas , Palestina fue puesta bajo mandato británico en 1920. Abarcaba principalmente el territorio de lo que hoy es Israel (incluidas las zonas de autonomía palestinas) y, al principio, la actual Jordania. Desde 1920 hasta 1948, el Gobierno británico buscó en vano una salida del atolladero en que se había metido al romper las promesas hechas a sus aliados. Tanto para los árabes como para los judíos, Gran Bretaña se había convertido en un modelo a nivel militar y administrativo. Pero la admiración dio paso al odio y con el tiempo se convirtió en una fuerza de ocupación que había que echar del país.

Durante todos esos años, las tropas británicas –al final, casi 100.000 efectivos– no lograron impedir de forma duradera la violencia entre hebreos y árabes, ni tampoco la de ambos bandos contra las fuerzas de ocupación. Los políticos en Londres tampoco lograron elaborar un plan para el futuro del país que fuera aceptable para unos y otros. Ni siquiera lo consiguieron durante el trascurso de la Segunda Guerra Mundial, cuando a partir de 1943 surgían cada vez más noticias del genocidio nazi contra los judíos en Europa. Los líderes sionistas instaban a los británicos a que abrieran las tierras palestinas al mayor número de refugiados posible, salvándolos así de los campos de exterminio. Pero los británicos temían reacciones negativas de la población árabe de Palestina y se obstinaban en poner estrictos límites a la inmigración. La actitud británica tampoco cambia una vez terminada la guerra, cuando cientos de miles de judíos liberados de los campos de concentración sueñan con un futuro seguro en Palestina. La radicalización no se hizo esperar.

Para seguir leyendo en MundoGeo:

Ver la galería de fotos de la creación del estado de Israel

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