Archivo de la categoría: Biografía

Augusta Ada Lovelace: la creadora del primer programa de computación

ADA LOVELACE 2En 1844, mientras Morse mostraba su telégrafo en Estados Unidos, los científicos británicos discutían una investigación publicada recientemente por alguien de quien sólo se conocían sus iniciales: A.A.L. El trabajo trataba sobre el Motor Analítico, una máquina mítica que había sido desarrollada por el matemático inglés Charles Babbage.

A.A.L. explicaba cómo esta máquina podía manejar operaciones complejas, pero también divisaba un tiempo en el que este artefacto podría encarar toda clase de tareas, tales como crear música.

Veinte años después de la muerte de A.A.L., se hizo público que se trataba de Augusta Ada Lovelace, que resultó ser hija –aunque separada de su padre- del ilustre poeta Lord Byron.

Mientras nunca se completó la máquina de Babbage, el grupo de comandos creados para ésta por Lovelace con el objetivo de generar números Bernoulli, es considerado el primer programa de computación. Charles y Ada estaban adelantados en un siglo a su época.

(Fuente: I fucking love science)

¿Querés saber más sobre el tema?

Ada Lovelace, la primera programadora de la historia

Augusta Ada Byron King en la página del Museo de la Informática de la Universidad Politécnica de Valencia.

Augusta Ada King,  Condesa de Lovelace en Revista de Historia de la Matemática.

 

Hanna Arendt: la mujer que no quiso ser filósofa

En ABC.es por GABRIEL ALBIAC

En enero de 1924, una joven estudiante judía llega a la Universidad de Marburgo. Viene de una familia acomodada de Königsberg. Tiene dieciocho años. Sus compañeros de curso hablan de su belleza y de su fulgurante talento. Lee con toda corrección en latín y en griego.La pequeña buhardilla en la cual se instala la recién llegada Hannah Arendt pasa muy pronto a ser el lugar que concita todas las tertulias.

Apenas desembarcada, pide entrevista con el profesor Rudolf Bultmann, que se dedica al comentario de los clásicos griegos en su seminario. Lejos de pedir la venia para integrarse en él, la joven recién llegada pone condiciones: sólo se unirá al grupo de trabajo de Bultmann, si éste le garantiza que no se hará en él ningún tipo de «comentario antisemita».

A Bultmann debió hacerle gracia la insolencia de la jovencita y le aseguró que ambos «saldrían bien de aquella situación». Por lo que sabemos de aquellas primeras semanas, la joven Arendt deslumbró casi instantáneamente al Marburgo universitario. La buhardilla que compartía con su doméstico ratón iba muy pronto a ver las furtivas visitas de un personaje muy distinto.

Aprender a pensar

Martin Heidegger impera ya en Marburgo. No es todavía el filósofo oficial del nazismo en que se convertirá antes de un decenio. Pero suscita en sus estudiantes algo que va mucho más allá del solo discipulado: un fervor. La joven Arendt ha oído hablar ya en Berlín de aquel fenómeno que auguraba un renacer frontal de la filosofía en torno a aquel profesor brillante y enrevesado. «El rumor -escribirá años más tarde- era muy sencillo: el pensamiento ha cobrado vida otra vez, los tesoros de la formación acerca del pasado, creídos en forma muerta, se convierten de nuevo en palabra viva, poniéndose de manifiesto que dicen cosas totalmente distintas de lo que con desconfianza se había supuesto. Hay un maestro; quizás es posible aprender a pensar…». Sigue leyendo Hanna Arendt: la mujer que no quiso ser filósofa

El oscuro carisma de Hitler

Laurence Rees analiza en su nuevo libro el secreto del éxito de Hitler: el odio

Creemos saberlo prácticamente todo de Adolf Hitler, pero quedan secretos irreductibles de su personalidad y su liderazgo. Para el célebre historiador y documentalista británico Laurence Rees (Ayr, Escocia, 1957), ninguno entiende de qué manera consiguió arrastrar tras de sí, en la terrible espiral de la guerra y el genocidio, a millones de alemanes. A tratar de dilucidar eso y a explicar las claves de la fatal atracción del líder nazi, el autor de Auschwitz, El holocausto asiático, Una guerra de exterminio y A puerta cerrada, ha dedicado su nuevo libro, El oscuro carisma de Hitler (en Crítica, como todos los anteriores). Rees destaca en los rasgos de Hitler “su ilimitada capacidad de odio”. Y advierte: “El poder del odio está infravalorado. Es más fácil unir a la gente alrededor del odio que en torno a cualquier creencia positiva”.

 Como persona, señala Rees, Hitler era bastante lamentable. Un tipo psíquicamente “muy dañado”, incapaz de amistades y afectos verdaderos, bañado en odio y prejuicios. “Solitario y con una visión de la vida como lucha y de los seres humanos como animales”. Pero tenía carisma. “Solemos creer que el carisma es un valor positivo, pero lo pueden poseer personas despreciables”, reflexiona. Rees “Lo más importante que hay que entender del carisma de Hitler es que dependía de la gente. El carisma no existe sin conexión. No se puede ser carismático en una isla desierta. Buena parte lo pone el otro”. Vaya, como el amor. “Sí, la idea es que cuando sentimos una conexión especial con alguien creemos que depende de ese alguien pero en realidad depende en parte de nosotros. El carisma de Hitler procedía tanto de la gente que lo seguía como de él. Por eso ahora no lo percibimos en fotografías o películas. No nos habla a nosotros. No somos de su tiempo. Lo que ha cambiado no es él, sino la percepción que tenemos de él”. Sigue leyendo El oscuro carisma de Hitler

Manuelita Rosas, la princesa federal

En Infobae.com

María Rosa Lojo nos lleva a la vida de una de las personalidades femeninas de la política argentina. Hija de Juan Manuel de Rosas y Encarnación Ezcurra, fue amante de Máximo Terrero, hijo del amigo y socio de Rosas, relación a la que su padre se opuso.

La autora, María Rosa Lojo, es doctora en Letras e investigadora del CONICET e invita a conocer el mundo de esta joven controvertida, por el peso de su apellido y sus deseos de juventud.

“En 1893, un joven médico de familia federal llega a Europa con un cuaderno punzó para entrevistar en su exilio londinense a una legendaria y anciana Manuela Rosas, que irá provoncando para él sombras y esplendores”, cita la contratapa del libro.

La autora propone conocer el otro lado de la historia, el que cree que se oculta bajo las tapas rojas de ese cuaderno donde Pedro de Angelis, napolitano al servicio de Rosas, escribió sus más secretos pensamientos del polémico gobernante y de su hija.

Cuando Rosas enviudó, Manuela comenzó a ejercer de hecho como una Primera Dama, acompañando a su padre en ceremonias protocolares y recibiendo a embajadores extranjeros y representantes de los gobiernos de las provincias argentinas.

Durante los años en que su padre permaneció en el poder fue un símbolo del Partido Federal; a diferencia del rígido carácter de su padre, aportaba en las relaciones públicas de éste gestos de humanidad y de dulzura, pero –a diferencia de su madre – nunca fue su consejera, ni organizó su partido.

Manuela era íntima amiga de Camila O’Gorman, la joven muchacha que protagonizó una trágica historia de amor con un sacerdote bajo el mandato de Rosas. Manuelita falleció en Londres en 1898, después de haber llevado una vida tranquila en el exilio y sin haber regresado a la Argentina desde la Batalla de Caseros.

¿Fue Manuelita víctima o cómplice de su padre, hada compasiva o hábil política? plantea, y propone al lector que saque sus propias conclusiones.

El Evangelio de María Magdalena

En las versiones de la vida de Jesús aparece la magdalena con distintos grados de intimidad. Más allá de los indicios sobre una posible relación amorosa, se refleja en ella un vínculo de lealtad.

POR FRANCISCO GARCIA BAZAN* EN REVISTA Ñ

Las noticias más antiguas sobre la enigmática figura de María la Magdalena provienen de los Evangelios canónicos. A partir de las informaciones de los Evangelios de Juan, Marcos y Mateo se deduce que el adjetivo toponímico de María, procede de Migdal o Magdala, una próspera localidad de Galilea a orillas del lago de Genesaret, entre Tiberíades y Cafarnaún. Es el nombre que aparece con frecuencia en el grupo de mujeres que seguían y atendían al Nazareno. Se trata de una mujer a la que el Maestro distinguía dentro del número de sus acompañantes y a quien también le correspondió el privilegio de ser la primera testigo de las apariciones de Jesús Resucitado.

Si estas informaciones aludidas figuran distribuidas en las páginas de los tres evangelios mencionados, el relato de san Lucas es más limitado, pero encierra también sugerencias incisivas para la pesquisa historiográfica. Este evangelista, lacónica, pero convincentemente, expresa: “Jesús iba por ciudades y pueblos proclamando y anunciando el Reino de Dios; le acompañaban los Doce y algunas mujeres que habían sido curadas de espíritus malignos y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios, Juana, mujer de Cusa, un administrador de Herodes, Susana y otras muchas que les servían con sus bienes” (Lc 8, 1-3). No hay otros datos. Pero casi al final del Evangelio y en el contexto de las apariciones del Resucitado, Lucas otra vez, sucintamente, pone de relieve a la sanada María cuando las mujeres, las primeras cronológicamente, anuncian la resurrección de Jesús: “Regresando del sepulcro anunciaron todas estas cosas a los Once y a todos los demás. Las que decían estas cosas a los apóstoles eran María Magdalena, Juana y María la de Santiago y las demás que estaban con ellas. Pero todas estas palabras les parecían como desatinos (lêros ta rémata/deliramentum verba ista) y no les creían” (Lc 24, 9-11).

No obstante la concisión de los relatos lucanos se puede argumentar que en ellos se incuba la función de María Magdalena como guía femenina según los testimonios de la literatura gnóstica posterior e incluso con su confirmación en algún escrito gentil. Sigue leyendo El Evangelio de María Magdalena