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Augusta Ada Lovelace: la creadora del primer programa de computación

ADA LOVELACE 2En 1844, mientras Morse mostraba su telégrafo en Estados Unidos, los científicos británicos discutían una investigación publicada recientemente por alguien de quien sólo se conocían sus iniciales: A.A.L. El trabajo trataba sobre el Motor Analítico, una máquina mítica que había sido desarrollada por el matemático inglés Charles Babbage.

A.A.L. explicaba cómo esta máquina podía manejar operaciones complejas, pero también divisaba un tiempo en el que este artefacto podría encarar toda clase de tareas, tales como crear música.

Veinte años después de la muerte de A.A.L., se hizo público que se trataba de Augusta Ada Lovelace, que resultó ser hija –aunque separada de su padre- del ilustre poeta Lord Byron.

Mientras nunca se completó la máquina de Babbage, el grupo de comandos creados para ésta por Lovelace con el objetivo de generar números Bernoulli, es considerado el primer programa de computación. Charles y Ada estaban adelantados en un siglo a su época.

(Fuente: I fucking love science)

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Ada Lovelace, la primera programadora de la historia

Augusta Ada Byron King en la página del Museo de la Informática de la Universidad Politécnica de Valencia.

Augusta Ada King,  Condesa de Lovelace en Revista de Historia de la Matemática.

 

El cráneo de Lombroso

Al fundador de la psicopatología forense, Cesare Lombroso, se lo recuerda sobre todo por sus teorías que vinculaban la delincuencia con determinados rasgos físicos, y estos, a su vez, con el atavismos de ciertas formas de vida.

POR IVANA COSTA en Revista Ñ

El hombre delincuente. Obra de Lombroso.

A fines de 2009, la Universidad de Turín abrió al público el Museo de antropología criminal Cesare Lombroso, que reúne la que fue inicialmente una colección privada del fundador de la psicopatología forense, enriquecida por donaciones públicas y privadas, a lo largo de más de un siglo de vida exclusivamente universitaria.

A Lombroso se lo recuerda, sobre todo, por sus teorías que vinculaban la delincuencia con determinados rasgos físicos (fisiológicos y fisonómicos) y estos, a su vez, con el atavismo de ciertas formas de vida. Cabal representante del positivismo decimonónico –que influyó también las teorías de otros positivistas, como el argentino José María Ramos Mejía—desarrolló con metodología analítica un sistema científico “hoy definitivamente superado”, según aclara, terminante, el portal del museo. Pero la que no ha sido ni remotamente superada es la herida infligida por el médico veronés a la corrección política de algunos de sus connacionales, que ven al Museo no como lo que es –la exhibición de un modo de hacer ciencia (esto es: conocimiento hipotético, provisorio y “superado”)– sino como el oscuro paradigma que rige, inconscientemente, la conflictiva relación Norte-Sur. Como una amenaza a la convivencia democrática y a los valores de la equidad y la justicia social.

El “comité científico No Lombroso” nació, de hecho, a poco de abierto el Museo con la firme convicción de ser la encarnación de “una ética, una escuela de pensamiento, un proyecto unísono”. La suya es, dicen, “una lucha que compromete a intelectuales, investigadores, ciudadanos, criminólogos, instituciones”. Su primera victoria es la orden que libró el año pasado un juez de la localidad calabresa de Lamezia Terme, reclamando al Museo el cráneo del campesino Giuseppe Villella, quien inspiró a Lombroso la teoría del “delincuente nato”.

Condenado “tres veces por robo y por el incendio de un molino, con fines de robo”, anota Lombroso en Etnografía y medicina social en Italia, Villella murió en prisión, en 1864, “de tisis, escorbuto y tifus”. Sus restos no fueron entonces –ni hoy—reclamados por su familia. Los reclama el juez como reivindicación de toda la localidad de Motta Santa Lucia (878 habitantes), de donde Villella era oriundo.

El cráneo pasó a ser tema de Estado y disputa ideológica. “Lombroso no se apropió del cráneo de forma abusiva: respetó la ley, que permitía emplear restos de fallecidos en la cárcel sometidos a autopsia”, protestó Giacomo Giacobini, director de la Asociación de Museos Científicos y profesor de Anatomía para el área de Neurociencias de la Universidad de Turín. Pero sus argumentos no fueron convincentes. En un manifiesto del “comité científico No Lombroso”, se compara al cráneo de Villella con una moderna Antígona, que clama por un derecho natural más sagrado que el derecho positivo. (El contraargumento del juez Gustavo Danise, aunque exagerado, es más estimulante: ante la defensa del Museo, que manifiesta no tener intenciones de promover concepciones erradas sino de documentar un modo de hacer ciencia, Danise replica que eso sería como retener a un inocente que terminó en la cárcel, aun después de admitido el error judicial, “como testimonio de los errores que puede cometer la justicia penal”).

El “comité científico No Lombroso” instaló un eslogan: “Museo de los horrores”. Y un ignoto integrante de Cinque Stelle –el partido político del ex cómico Beppe Grillo, que funda su legitimidad en un manifiesto desprecio por los demás partidos políticos—propone ahora sumar al programa de Cinque Stelle “la clausura definitiva del Museo”.

¿Sobrevivirá el Museo Lombroso? Chi lo sa. Por lo pronto, la polémica sirvió para que Bompiani se decidiera a publicar, por primera vez en forma íntegra, las más de dos mil páginas de El hombre delincuente , obra cumbre de Lombroso, escrita entre 1876 y 1897. Sigue leyendo El cráneo de Lombroso

Los que vieron un átomo en el siglo XIX

en XATACACIENCIA

En el siglo XIX, antes de que cualquier científico lo consiguiera, dos personas afirmaron haber visto un átomo. Eran Annie Besant y Charles Leadbeater.

Bessant tenía poco de científica: de hecho, era clarividente y activista en el movimiento religioso teosofista. Leadbeater, por su parte, era predicador anglicano.

Fue Leadbeater el que escribió un libro en 1909 titulado Química oculta, donde describía exhaustivamente y con gran precisión el aspecto de átomos individuales de diversos elementos que se le aparecieron al propio autor y, más tarde, a Besant. Al parecer, para ver estos átomos no emplearon un microscopio sino el “tercer ojo” de la clarividencia.

Las ilustraciones del átomos, a su vez, corrían a cargo de otro tipo que también era bastante extravagante: Curuppmullage Jinarajadasa, el joven compañero cingalés de Leadbeater, que asistía a las “sesiones espiritistas químicas” acompañado de un gatito blanco. Estas ilustraciones tenían un gran parecido a los organismos marinos especulares ilustrados por el biólogo alemán Ernst Haeckel.

 

 

 

 

Abunda en ello Hugh Aldersey-Williams en La tabla periódica:

Obviamente, ninguno de los dos pudo ver átomos con el “tercer ojo”. Además, aunque se asociaron con científicos y registraran sus observaciones y medicas con enorme minuciosidad, incumplían una norma básica en la ciencia experimental: que alguien pudiera replicar sus resultados. Leadbeater y Besant pusieron en marcha su excéntrico proyecto atómico en 1895. Besant, recordando sus días de estudiante, afirmaba la importancia de la observación por encima de todo, y hacía gana de informar de manera neutra lo que afirmaban ver. Empezaron con un intento de observar con “una estructura demasiado compleja para describirla”. Leadbeater tuvo más suerte con el hidrógeno, que anunció que tenía un número de átomos menores “dispuestos según un plan definido”. Este, el más simple de los elementos, “se vio que consistía en seis pequeños cuerpos, contenidos dentro de una forma parecida a un huevo. Giraba con gran rapidez sobre su propio eje, vibrando al mismo tiempo, y los cuerpos internos efectuaban giros similares.” Se encontró que pesaba dieciocho anus, una unidad de medida inventada por los ocultistas, que la llamaron así por el nombre de la unidad indivisible que la materia en la metafísica jainista.

Michael McBride, un químico de la Universidad de Yale, consideró de nuevo los datos de la pareja y los sometió a un análisis estadístico. Encontró que la coincidencia entre sus cifras para los pesos atómicos relativos de los elementos y las que la ciencia acepta no era sólo estrecha, sino que era demasiado exacta para ser cierta: cualquier procedimiento experimental genuino hubiera producido una mayor dispersión de los datos. Sin embargo, McBride exonera a Leadbeater y Besant de fraude. Cree que, por el contrario, una ilusión colectiva los llevó a asociar sus valores “observados” con los establecidos.

 

Los papiros más antiguos, hallados en Egipto

En El País Cultura

Un equipo de arqueólogos ha descubierto en Egipto un puerto histórico en la costa del mar Rojo con los papiros más antiguos hallados hasta el momento, informó hoy en un comunicado el Ministerio de Estado para las Antigüedades.

Imagen facilitada por el ministerio de Antigüedades egipcio que muestra uno de los papiros hallados. / EFE

El puerto, que se remonta a la época del faraón Keops, el segundo rey de la IV dinastía que reinó hace más de 4.500 años, se ubica en la zona de Wadi al Gurf a 180 kilómetros al sur de la ciudad de Suez, en el este de Egipto.

En él, se han encontrado cuarenta papiros con inscripciones jeroglíficas, que documentan la vida cotidiana de los egipcios, algunos de los cuales llevan fecha del año 27 del reinado de Keops.

En la nota, el ministro de Estado egipcio para las Antigüedades, Mohamed Ibrahim, explicó que esos textos incluyen registros mensuales con el número de trabajadores en el puerto y ofrecen detalles sobre sus vidas.

El arqueólogo francés Pierre Tallet, director del equipo galo que ha colaborado con arqueólogos egipcios en las excavaciones, agregó que en los papiros se refleja el estilo de vida de los ciudadanos en la antigüedad, sus derechos y obligaciones. Los documentos han sido trasladados al Museo de Suez para que sean estudiados.

El puerto, al que llegaban barcos con bronce y metales procedentes de la península del Sinaí, cuenta con un muelle, donde se han descubierto varias anclas de piedra.

Asimismo, hay restos de habitaciones en las que se alojaban los trabajadores del puerto y 30 cuevas excavadas en la roca, junto a bloques de piedra empleados para cerrarlas con el nombre de Keops escrito en tinta roja. También se han hallado cuerdas de embarcaciones y herramientas usadas para cortarlas.

 

Hallan 13 cuerpos y cerámicas de la época de la Peste Negra en Londres

En Diario El País

Imagen sin fechar distribuida por Crossrails hoy viernes 15 de marzo de 2013, que muestra a un grupo de arqueólogos mientras trabajan con un esqueleto encontrado durante la excavación de un túnel ferroviario en Farringdon, Londres. / EFE

 

Las excavaciones de un proyecto ferroviario han posibilitado el hallazgo en Londres de restos de trece cuerpos y cerámicas que datan de mediados del siglo XIV y que parecen pertenecer a la época de la Peste Negra, informa la BBC. Hasta la fecha se tenía constancia de que por esa zona existía un cementerio pero su ubicación exacta era un misterio.

Los esqueletos se encontraron en la plaza Charterhouse Square, junto con cerámicas de mediados del siglo XIV, durante las excavaciones realizadas como parte del proyecto Crossrail, la nueva línea de transporte subterráneo de alta velocidad que unirá los barrios del este y del oeste de Londres.

Los análisis de ADN que se realizarán a los restos humanos podrían aportar información valiosa sobre el desarrollo de la bacteria que originó la llamada Peste Negra o Muerte Negra, la pandemia de peste más devastadora en la historia de la humanidad que afectó a Europa en el siglo XIV y alcanzó su punto máximo entre 1347 y 1353.

Durante las obras desarrolladas como parte de este proyecto, los equipos de excavación han descubierto hasta la fecha esqueletos cerca del barrio londinense de Liverpool Street (al norte de la ciudad), restos de la Edad del Bronce y la mayor pieza de ámbar encontrada en el Reino Unido. Sigue leyendo Hallan 13 cuerpos y cerámicas de la época de la Peste Negra en Londres