Cartelera de Historia

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Grandes epidemias en el mundo

POR JULIETA ROFFO en Diario Clarín

A lo largo de la historia, desde la Antigua Grecia hasta nuestros días, la Humanidad atravesó varias crisis sanitarias: la “peste negra” es de las más recordadas.

26/07/13 – 15:46

Es cierto que la globalización, y sobre todo la globalización informativa, provoca que en muy poco tiempo, una enfermedad que tiene epicentro en el otro extremo del mundo provoque prevenciones e hipocondría allí donde se recibe la noticia: en algunas horas, pueden agotarse barbijos y alcohol en gel en varias farmacias. Pero la preocupación puede radicar en la Historia: fueron varias las pandemias que azotaron a buena parte de la población mundial a lo largo de los siglos.

La primera en ser documentada fue la “Peste de la Guerra del Peloponeso”, cuyo escenario principal fue Atenas y que se cobró la vida de unos 30 mil ciudadanos de aquella polis griega, hacia el año 430 a.C. En la capital helénica se amontonaban e incineraban los cuerpos, para frenar el contagio, según registró el historiador Tucídides. Muchos años después, hacia 1729, se produjo la primera de las graves epidemias de gripe: se originó en Rusia, y desde allí pasó hacia Estados Unidos y el oeste de Europa.

Una enfermedad que se cobró víctimas en diferentes épocas y en diferentes latitudes es el cólera a lo largo de los siglos XVIII, XIX y XX. La oleada de principios del XIX castigó duramente a Rusia, donde en dos siglos se cobró unas 3 millones de vidas; en París mató a 20 mil habitantes y en Londres a 55 mil. África, especialmente donde las necesidades básicas están más insatisfechas, ha habido brotes en varias oportunidades, y también fue importante el impacto en Sudamérica entre 1991 y 1994 –años en los que el método para purificar el agua se difundía repetidamente-. Entre esos años, murieron 10 mil peruanos.
Durante la década del ochenta del siglo pasado fue descubierto el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida: el prejuicio y la discriminación llevaron a que se calificara al Sida como un mal que afectaba especialmente a los homosexuales, e incluso se lo llamó “la peste rosa”, y aunque en algunos todavía subsiste esa idea tan errónea como injusta, las estadísticas demuestran que el VIH (virus que puede desencadenar en el síndrome) es un mal que nada tiene que ver con las preferencias sexuales. Según cifras elaboradas en 2009, el Sida se había cobrado unas 25 millones de vidas y era padecido, en ese momento, por unas 40 millones de personas. El continente africano es el que mayor proporción de infectados tiene. Sin embargo, los índices de mortalidad –gracias a la investigación continua en busca de nuevos tratamientos- disminuyen con el correr de los años.

Las dos epidemias que resultaron más feroces para la vida humana fueron la llamada “peste negra” –tal vez la más recordada en el imaginario colectivo- y la “gripe española”. La “peste negra”, un tipo de peste bubónica, tuvo lugar entre 1348 y 1350, con epicentro en Europa: sólo en el Viejo Continente se cobró 25 millones de vidas, casi un tercio de la población total en aquella época. También hubo miles de víctimas en África, y muchos la consideraron “un castigo de Dios” en esos años. La “gripe española” se originó en Kansas, Estados Unidos, pero recibió su nombre porque ocupó especial espacio en la prensa española: ocurrió en 1918 –año en el que la Humanidad ya era diezmada por la Primera Guerra Mundial, contienda de la que España no participaba y por eso prestó especial atención al conflicto sanitario- y mató a entre 50 y 100 millones de personas, entre las cuales la población infantil fue especialmente atacada. A la vez, llegó a contagiar a 1.000 millones de personas, siendo una pandemia de extensión escalofriante.  Sigue leyendo


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La historia íntima del juicio que condenó a la Junta Militar

En Rosario3.com

El periodista Pepe Eliaschev presenta su libro sobre los jueces y el fiscal que juzgaron a los ex comandantes. “Hablo de hombres que son de carne y hueso pero que cambiaron la historia del país para siempre”, dijo el periodista.

Una mañana de otoño de 2010 el juez Ricardo Gil Lavedra citó al periodista Pepe Eliaschev en su estudio en la avenida Santa Fe. Ex integrante de la Cámara Federal que juzgó a las juntas militares en 1985, quería confiarle al periodista un proyecto. El fiscal Julio Strassera y los seis integrantes de la Cámara (Gil Lavedra, León Carlos Arslanian, Guillermo Ledesma, Jorge Torlasco, Jorge Valerga Aráoz y Andrés D Alessio, que falleció en 2008) se habían seguido viendo periódicamente durante un cuarto de siglo. “Siempre supimos que la verdadera historia del juicio aún no había sido contada y siempre pensamos que algún día la escribiríamos. Pero el tiempo ha pasado y ya es evidente que no es algo que haremos nosotros”, le confesó Gil Lavedra a Eliaschev. Por unanimidad, los jueces lo habían elegido para proponerle esa difícil tarea.

“Mi vínculo cívico y profesional como periodista con esto que se ha dado en llamar Derechos Humanos es desde hace muchos años. Estos temas siempre me generaron una sensibilidad personal y también política”, expresó en contacto con Rosario3.com el periodista Pepe Eliaschev, autor del libro “Los hombres del juicio” (Sudamericana), que se presenta este lunes a las 19 en el Centro Cultural Ross con la participación del periodista Alberto Lotuf. Sigue leyendo


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Cristina Zuker: “No creo en las teorías que señalan a Firmenich como el malo de la película”

La autora de El tren de la victoria habla de la reedición de su libro. Una saga familiar imantada por la historia de su hermano Pato, participe de la contraofensiva montonera y desaparecido por última vez en junio de 1980.

POR HORACIO BILBAO en Revista Ñ

“Asistimos a una historia que sucedió aquí, en nuestro país, que empezó hace mucho con la pena que traían los inmigrantes”, dice la periodista Cristina Zuker. Sentada en la penumbra del Centro Cultural Caras y Caretas, donde dirige un ciclo de cine, Zuker habla de la reedición de El tren de la victoria (Del Nuevo Extremo), el libro que publicó hace siete años y que en 2010 apareció con nuevos documentos y un anexo pertinente. La saga familiar nace con la llegada de los Zuker en barco, huyendo de la crisis europea, hasta el horror de la última dictadura argentina. Y aunque Cristina diga que es una historia familiar, es más un relato en primera persona de la militancia montonera, atravesada por el derrotero de su hermano Ricardo, o el Pato, según el nombre de guerra que llevó primero en la Unión de estudiantes secundarios (UES) y más tarde en la Juventud Universitaria Peronista JUP. Un libro político que va más allá de la muerte de su hermano, secuestrado dos veces, torturado y desaparecido por última vez en junio de 1980, uno de los pocos militantes que fue parte de las dos contraofensivas de Montoneros (79 y 80) y que, pudiendo quedarse en el exilio madrileño, decidió volver dos veces al país siguiendo las órdenes de sus comandantes. Aquí, Cristina Zuker recuerda y valora el famoso y tenso reportaje que mantuvo con Mario Firmenich en España, habla también de su padre, el actor Marcos Zuker y de lo que significa para ella reeditar un texto que es toda una tragedia familiar. Se dice escéptica en cuanto a la aparición de nueva información sobre la contraofensiva. “Pasaron treinta años y sólo se acercaron dos personas para testimoniar”, dice. Y también dice cuánto quisiera que este libro funcionara como un cierre. Pero cuando lo dice se ríe. Serena, con las marcas de una historia que ocurrió aquí, y que a veces convierte la risa en pena. Sigue leyendo


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Apartheid en blanco y negro

Desgarradoras fotos del pasado que siguen indignando conforman la mayor retrospectiva de Ernest Cole, que ahora se expone en la Galería de Arte de Johannesburgo.

Por CELIA W. DUGGER – The New York Times en Revista Ñ

Cuando tenía apenas veintitantos años, Ernest Cole, un fotógrafo que medía 1,52 m, creó uno de los registros de imágenes más aterradores de lo que era ser negro en la Sudáfrica del apartheid. Se exilió en 1966, y al año siguiente su trabajo se publicó en los Estados Unidos en forma de libro, House of Bondage (La casa de la esclavitud), pero las fotos se prohibieron en su país natal, donde tanto él como su trabajo siguieron siendo muy poco conocidos.

Durante buena parte de fines de los años 70 y la década de 1980, Cole vivió en las calles de Nueva York. Murió en 1990, a los 49 años, apenas una semana después de que Nelson Mandela recuperara la libertad. Su hermana viajó a Sudáfrica con sus cenizas.

Por fin, Cole es objeto de otro tipo de recepción. La mayor retrospectiva de su trabajo ahora se expone en la Galería de Arte de Johannesburgo, que se construyó con estilo neoclásico hace casi un siglo, en una época en que en Sudáfrica se amasaban grandes fortunas mineras sobre la base de la mano de obra negra. La muestra sigue teniendo la capacidad de generar estupor e indignación. Sigue leyendo

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