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Roque Sáenz Peña. Un artífice de la Argentina moderna

A 100 años de su muerte, cobra fuerza su legado como hombre capaz de gobernar por encima de sus simpatías y sus odios personales en beneficio del país.

Por María Saenz Quesada  | Para LA NACION

Roque_Saenz_PenaEn la “batalla cultural” que viene librando el gobierno nacional para lograr la reescritura de la historia argentina, el kirchnerismo peronista asume el papel de salvador del pueblo, víctima hasta su llegada al poder de distintas expresiones políticas contaminadas por el liberalismo. Desde esa perspectiva extremista, es poco lo que queda de la historia política de los siglos XIX y XX. Y lo curioso es que hoy se insista en hablar de la responsabilidad del Estado nacional y, al mismo tiempo, se reniegue de la contribución de los gobiernos liberales y conservadores a su construcción. Dicha labor, colocó a la República Argentina en un sitio respetado en el orden mundial, cuya solidez se puso a prueba cuando estalló la Primera Guerra Mundial, un conflicto en el que se mantuvo neutral y en paz con sus vecinos.

Precisamente en coincidencia con el estallido de la guerra, el 9 de agosto de 1914, falleció en Buenos Aires, en su residencia particular de Santa Fe y Billinghurst, el presidente Roque Sáenz Peña, uno de los artífices de la construcción de la Argentina moderna. La muerte del presidente, en el cuarto año de su mandato, conmovió al país. Una multitud de muy diferente extracción social y pertenencia partidaria acudió a las exequias.

“El entierro fue la mayor aglomeración humana que hasta entonces se realizara en Buenos Aires”, afirmaron testigos calificados. “Todo el país lo amaba [.] Es que representaba y representó desde el advenimiento de su candidatura el papel de un redentor, sincero y puro, como es siempre un redentor”, observó el politólogo Rodolfo Rivarola, en busca de una explicación al carácter masivo del homenaje. Sigue leyendo Roque Sáenz Peña. Un artífice de la Argentina moderna

Las reformas económicas de Thatcher acentuaron la desigualdad en el Reino Unido

La desregulación que defendió junto a Ronald Reagan en Estados Unidos es hoy cuestionada por su relación con la crisis subprime. Sus medidas para achicar el Estado se quedan cortas al lado de los recortes que considera el gobierno de David Cameron.

por Francisco de Zárate en Clarín.com

https://i2.wp.com/www.semana.com/upload/images/2013/4/8/339203_7523_1.jpgParte de la leyenda de la ex primera ministra del Reino Unido, Margaret Thatcher, se forjó en la reforma neoliberal que acometió en la economía de su país. Privatizar y recortar gasto público desmantelando el Estado del Bienestar fueron sus principales recetas. Bajo su mandato pasaron a manos privadas el negocio del ferrocarril, el de las aeronáuticas y el de las telecomunicaciones. Los empresarios la veneraban. Ejecutada en coordinación con Ronald Reagan, en Estados Unidos, su “revolución” es aún hoy objeto de debate.

Para el semanario liberal The Economist, Thatcher era una persona que pensaba que la única forma de hacer grande a un país era dando libertad a los particulares: “Todas sus luchas tenían algo en común: el derecho de los particulares a dirigir sus propias vidas, tan ajenos como sea posible a la intervención del Estado”. Sin demostrar el éxito de sus recetas, el semanario recuerda cómo su ejemplo cundió en todo el mundo: “Los gobiernos de América Latina hicieron suya la liberalización de los mercados. Tanto si les fue bien como si les fue mal, todos miraron hacia el ejemplo británico”.

El también liberal The Wall Street Journal recordó hoy su alianza con Ronald Reagan para exaltar las virtudes de un sistema económico de libre mercado con poca intervención estatal, “aunque algunos aspectos como la desregulación de los servicios financieros, hayan sido cuestionados durante la crisis crediticia (originada por las hipotecas subprime)”: “En sus primeros dos años de gobierno, se achicó la economía británica y el desempleo aumentó en un millón, llegando a tres millones a mediados de los años 80 (…) La señora Thatcher respondió con reformas radicales, inspiradas en las ideas de los economistas defensores del libremercado Friedrich Hayek y Milton Friedman”

Thatcher cerró las minas estatales de carbón y las siderúrgicas porque no daban beneficios, provocando una huelga que fue famosa por la feroz represión que ordenó. “No estoy acá para cosechar aplausos”, era una de sus frases favoritas. Según The Wall Street Journal, la economía británica se recuperó durante su mandato, en parte, por la flexibilización del mercado de trabajo de Thatcher; y en parte, por los descubrimientos de petróleo en el Mar del Norte.

El diario británico The Guardian tiene otra visión sobre sus méritos. En su nota de hoy, recordó las dos recesiones graves que vivió el país durante su mandato y cómo el desempleo se disparó a niveles no vistos desde la crisis de 1929. “La pobreza subió con Thatcher (…) En 1979, el 13,4% de la población vivía con menos del 60% de la mediana de ingresos antes de considerar los costos de vivienda. En 1990, ese porcentaje había subido hasta 22,2% o 12,2 millones de personas”. El coeficiente de Gini, que mide la desigualdad con valores de entre 0 y 1 (cuando hay desigualdad total, vale 1) pasó de 0,253 a 0,339 durante su mandato.

Lo más preocupante es que sus medidas se quedarían cortas hoy. Según The Guardian, “Thatcher nunca intentó una austeridad que implicara unos cortes en el gasto público de la magnitud que ahora está considerando la coalición de gobierno en el Reino Unido”.

 

 

Sarmiento: Bicentenario y olvido

por Luis Alberto Romero, en Clarín

En 1938, a cincuenta años de su muerte, las publicaciones católicas recordaron a Sarmiento como el autor de una vida de Jesús. No pudieron ignorarlo, pese a que por entonces el catolicismo, impregnado de nacionalismo, llevaba adelante el asalto y demolición de uno de sus grandes emprendimientos: la escuela pública laica y gratuita , tachada de “escuela sin Dios”.

Tampoco lo ignoró Perón, cuando en 1947 puso su nombre a uno de los ferrocarriles nacionalizados. Sigue leyendo Sarmiento: Bicentenario y olvido

“Hubo otra década del 70 en la que pudo cambiar la historia argentina”. Entrevista a E. Gallo

Para el historiador Ezequiel Gallo, en los años 70 del siglo XIX las ideas sobre el liberalismo y el federalismo que encarnaban Carlos Pellegrini y Leandro Alem proponían un modelo de país distinto al que terminó plasmando la Generación del 80.

por Fabián Bosoer, en Clarín

Histórica foto de setiembre de 1891, en ocasiónde la visita de Leandro Alem a Tucumán. De izquierda a derecha; Marcelo T. de Alvear, Alem Francisco Barroetaveña y Juan Posse.


Ezequiel Gallo, doctor de la Universidad de Oxford, profesor emérito de la Universidad Di Tella y autor entre otras obras de “La pampa gringa”, “La formación de la Argentina moderna” (junto con Roberto Cortés Conde) y “De la República posible a la República verdadera”, con Natalio Botana, acompaña la invitación con un aporte inesperado. Se trata del redescubrimiento de la figura de Leandro Alem, la vida y las ideas de “un político brillante y honesto”, dice, en quien no sólo puede verse al implacable crítico del orden conservador y la república oligárquica sino también al auténtico liberal, defensor del federalismo como límite a la concentración del poder. Estas ideas, según el historiador, tienen hoy una renovada vigencia, frente al centralismo desmedido del poder en manos del Gobierno nacional. Dice también que el modo en que gobiernan los Kirchner es la consecuencia antes que la causa de los problemas: “Ellos utilizan un aparato que no inventaron, que viene de antes en este país, de bastante antes”. Lo bueno, en todo caso, es que esos problemas están más a la vista. Sigue leyendo “Hubo otra década del 70 en la que pudo cambiar la historia argentina”. Entrevista a E. Gallo

La democracia, el peor régimen (excepto todos los demás)

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Dicen que Winston Churchill dijo: “el peor régimen político es la democracia, excepto todos los demás”.

Bien entrado el siglo XXI, parece increíble que todavía se deba seguir librando la batalla de la democracia. Pero la realidad indica que las lecciones del pasado se han perdido y muchos han resucitado ideas fracasadas, inmorales y retrógradas, cuya persistencia es mayor que el éxito de su puesta en práctica. Entonces, nos gustaría preguntar:

Si la libertad es mala, ¿es mejor la alternativa opuesta, es decir, la sumisión, la servidumbre, la dependencia?

Si la libertad es mala, ¿es mejor la censura? ¿Es mejor el control policial de los pensamientos y acciones de los individuos? ¿A quién consideraremos capacitado para que entregarle la vigilancia de nuestras vidas, la inspección de nuestras ideas, la categorización de nuestros deseos?

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