
La gente suele imaginar a los hombres prehistóricos como unas bestias peludas que arrastraban a sus mujeres por las piojosas cabelleras y que las incitaban al amor a puro garrotazo. Sin embargo, los estudiosos encontraron un pasado mucho más tierno y, sin duda, más “humano”.
El amor… ¿es un producto cultural? ¿Una cualidad esencialmente humana? ¿Cuándo aparece el amor en la historia de la Humanidad?
El historiador francés Jean Courtin comienza por diferenciar el amor de la necesidad animal de armar pareja para asegurar la continuidad de la especie. Entiende que se trata de “un sentimiento profundo, que incite a evaluar las cualidades del otro, a escoger a su compañero, a tomar la decisión de pasar el tiempo con él”. Esto recién lo encuentra en el Homo sapiens, es decir, el hombre moderno.
Las primeras huellas del amor, parece, estuvieron unidas a las de la muerte. Así es: para Courtin, el sentimiento amoroso va a la par con la consideración que las sociedades primitivas empiezan a tener hacia los muertos. Y esto aparece con el hombre de Cro-Magnon, hace 100.000 años en Africa y el Cercano Oriente y unos 35.000 en Europa.
En las grutas de Grimaldi, por ejemplo, se encontraron unos esqueletos de 30.000 años de antigüedad de dos niños de entre 6 y 10 años enterrados juntos, con la pelvis y los muslos recubiertos de miles de conchillas perforadas. En Dinamarca, en un lugar de unos 8.000 años, se descubrió una joven de 18 años con su bebé recién nacido. Ella llevaba una gran cantidad de dientes de ciervo perforados (antes cosidos o atados a su ropa) y el bebé, un varoncito, sostenía una hoja de sílex en su mano (como se usaba entre los hombres adultos) y ¡estaba ubicado sobre el ala de un cisne! No es difícil ver en tanta dedicación una forma de amor, ¿verdad?
Pero incluso pensemos en los fuleros neandertales (ya se sabe: cuello ancho y corto, piernas ídem, brazos musculosos, narizota de perro de caza…), incluso aquellas nobles bestias enterraban a sus muertos. Courtin cuenta el hallazgo de una tumba de mujer, tapizada de flores de los pantanos, que alguien había traído desde un valle que estaba a varias horas de camino. Es el ejemplo más antiguo conocido de flores en un enterramiento. ¿No es romántico?
Los más “modernos” cromagnones ya hablaban y tenían el mismo cerebro que nosotros, por lo tanto, ninguna de las pasiones humanas les era ajena. Parece, amigos, que el Paleolítico fue algo así como el paraíso en la Tierra. Los recursos abundaban, los grupos humanos se comunicaban entre sí sin mayores conflictos, hablaban una suerte de lengua universal, comerciaban… los científicos no hallaron ni un testimonio de muerte violenta provocada por otros humanos. Pero no todo lo que reluce es oro: parece que existía algo así como la pareja monogámica. En efecto, los cazadores seminómadas de entonces no podían darse el lujo de la poligamia, porque hubieran tenido que pasarse la vida cazando para mantener una familia muy numerosa. Pero como siempre existen excepciones, se han encontrado algunas tumbas (raras) con un hombre enterrado con dos mujeres y hasta un caso de una joven con dos hombres. (¡Con razón se murió!)
Pero la tumba más romántica que cita Courtin es una de la famosa gruta de Grimaldi, donde se encontraron los esqueletos de un hombre muy alto de unos veinte años y una mujer un poco mayor, replegados y estrechamente entrelazados entre sí, adornados con caracolas…
Si te interesa el tema, leéte “La más bella historia del amor”, de Dominique Simonnet, publicado por el Fondo de Cultura Económica, 2004.
Apostilla sobre la imagen ut supra: Esta imagen no corresponde a los restos de Grimaldi, sino a otros posteriores a la edición del libro citado anteriormente, pero que no hacen más que confirmar lo que allí se dice:
“Les apodan “Romeo y Julieta de la prehistoria”, y son los restos óseos de un hombre y una mujer fallecidos hace 6000 años, probablemente jóvenes (el análisis de sus piezas dentales lo confirmará), encontrados en Mantua, al norte de Italia.
Lo insólito de la historia no es que los cuerpos se encontraran en las proximidades de la ciudad dónde William Shakespeare ambientó su famosa tragedia de amor adolescente Romeo y Julieta. Ni tampoco que sea uno de los pocos entierros dobles conocidos de época neolítica. Lo realmente curioso y novedoso, según los autores del hallazgo, es que los miembros de la pareja fueran enterrados abrazados y enfrentados. Luca Bondioli, antropólogo del Museo Etnográfico y Prehistórico de Roma, confiesa que el hallazgo “tiene un valor más emocional que científico”, aunque también asegura que confirma que la concepción sobre la muerte en el ser humano no ha cambiado mucho en seis milenios.” Extraído del blog: heroesdelaciencia ver también en sopadeciencias.
























Amigo/a!
Me gustaría pedirte que leyeras la apostilla que agregué al final del post sobre la imagen que incluí. No me gustaría que hubiera malos entendidos sobre eso. Por otra parte, no sabés cómo lamento que tu comentario haya salido truncado! Si no es molestia, volvé a intentar, ambos salieron así… De todos modos, gracias por tomarte la molestia de hacerlo!
Saludos,
Nora