Cartelera de Historia

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Bienvenida culposa

¡Bienvenidos a este blog! Lamento decir que comenzaré con una disculpa general: en primer lugar, que en la blogósfera hay demasiados blogs, y este no hace más que sumarse al alegre montón de vituperados amateurs de la cultura. (Me hago cargo de mi inexperiencia y falta de talento.) En segundo lugar, miren si habré dudado de esto que mi primer post es un artículo del gran Umberto Eco con un despliegue de muy razonables críticas a este medio de comunicación. (Me hago cargo de mis contradicciones.) Sigue leyendo


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Roque Sáenz Peña. Un artífice de la Argentina moderna

A 100 años de su muerte, cobra fuerza su legado como hombre capaz de gobernar por encima de sus simpatías y sus odios personales en beneficio del país.

Por María Saenz Quesada  | Para LA NACION

Roque_Saenz_PenaEn la “batalla cultural” que viene librando el gobierno nacional para lograr la reescritura de la historia argentina, el kirchnerismo peronista asume el papel de salvador del pueblo, víctima hasta su llegada al poder de distintas expresiones políticas contaminadas por el liberalismo. Desde esa perspectiva extremista, es poco lo que queda de la historia política de los siglos XIX y XX. Y lo curioso es que hoy se insista en hablar de la responsabilidad del Estado nacional y, al mismo tiempo, se reniegue de la contribución de los gobiernos liberales y conservadores a su construcción. Dicha labor, colocó a la República Argentina en un sitio respetado en el orden mundial, cuya solidez se puso a prueba cuando estalló la Primera Guerra Mundial, un conflicto en el que se mantuvo neutral y en paz con sus vecinos.

Precisamente en coincidencia con el estallido de la guerra, el 9 de agosto de 1914, falleció en Buenos Aires, en su residencia particular de Santa Fe y Billinghurst, el presidente Roque Sáenz Peña, uno de los artífices de la construcción de la Argentina moderna. La muerte del presidente, en el cuarto año de su mandato, conmovió al país. Una multitud de muy diferente extracción social y pertenencia partidaria acudió a las exequias.

“El entierro fue la mayor aglomeración humana que hasta entonces se realizara en Buenos Aires”, afirmaron testigos calificados. “Todo el país lo amaba [.] Es que representaba y representó desde el advenimiento de su candidatura el papel de un redentor, sincero y puro, como es siempre un redentor”, observó el politólogo Rodolfo Rivarola, en busca de una explicación al carácter masivo del homenaje. Sigue leyendo


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Las mejores fotografías de la II Guerra Mundial

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La actualidad tiene la fastidiosa costumbre de transcurrir al ritmo que le da la gana y no al que convendría a los medios, así que puede haber largas temporadas sin que ocurra nada demasiado relevante y luego en unos pocos días acumularse una extraordinaria sucesión de acontecimientos de gran trascendencia. Ahora estamos viviendo lo segundo. Los conflictos en Ucrania, Palestina, Siria o Irak están proporcionándonos a diario fotografías impactantes que retratan el horror de la guerra. Sin embargo no podremos aún conocer el valor histórico de cada una de ellas, el significado y la carga simbólica que puedan contener, hasta que los relatos de esas guerras estén concluidos. Por ello es interesante remitirse a la Segunda Guerra Mundial. Ya quedó perfectamente terminada, sabemos qué acontecimientos en ella fueron decisivos y qué imágenes son las más descriptivas de cada uno. Muchas de ellas las hemos visto en numerosas ocasiones, así que aquí las reunimos para saber un poco más qué hay tras ellas.

Niño entre las ruinas de Varsovia

Polish_kid_in_the_ruins_of_Warsaw_September_1939

La fulminante invasión de Polonia en septiembre de 1939 dio comienzo a la Segunda Guerra Mundial. Su capital fue duramente bombardeada por la Luftwaffe y el fotógrafo estadounidense Julien Bryan estuvo presente aquellos días, lo que le permitió retratar a un niño entre las ruinas que es la viva imagen de la tristeza.

San Pablo sobrevive

La noche del 29 de diciembre de 1940 tuvo lugar otro de los incontables bombardeos sobre Londres, con los que Hitler quería doblegar a la población inglesa, forzar su rendición y poder centrar así su atención en el Este. Tras el ataque, el cineasta y fotógrafo Herbert Manson se subió al tejado de la redacción del Daily Mail y fotografió entre el humo la catedral de San Pablo, que parecía erigirse intacta sobre la destrucción. La imagen ocupó la portada del periódico y se convirtió en un esperanzador símbolo de resistencia ante un enemigo que por entonces parecía imbatible. Sigue leyendo


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Los médicos de la muerte

Los médicos de la muerte
Prof. Abraham Huberman
Origen ideológico de la política nazi en los ’30 para los enfermos mentales, que a partir de 1942 derivó en los grandes centros de matanza a escala industrial, donde el médico pasó a ser un asesino con diploma.

La combi-nación de estos dos térmi-nos parece una incon-gruen-cia, pues la esen-cia, la misión misma de la medici-na es salvar vidas, aliviar los sufrimientos. ¿Cómo pudo darse en la Alemania nazi tal monstruosa combinación?
Para ello es necesario remontarse un poco a épocas anteriores, especialmente al siglo XIX, que fue cuando se comenzaron a elaborar teorías que luego pudieron ser implementadas. Por supuesto que ya mucho antes se sabía que había seres humanos de diferentes aspectos. Cuando los europeos llegaron a América pudieron comprobarlo, pero recién en el siglo XIX, gracias al trabajo de ciertos antropólogos, se llegó a la conclusión que las diferencias implicaban también juicios de valor. Había seres humanos cuyas vidas valían menos que otras. Y de allí también una serie de conclusiones sociales: su estado de pobreza o atraso, no era circunstancial, sino algo orgánico que jamás podía ni debía ser cambiado, si no se quería violentar las “leyes objetivas” de la naturaleza.
La Revolución Francesa alteró esos conceptos al declarar como un principio universal la igualdad de los hombres ante la ley, además de sancionar los principios de libertad y fraternidad. Algunos círculos sociales consideraron que esos principios atacaban e intentaban destruir costumbres y modelos sociales aceptados desde tiempos inmemoriales. Además, el vertiginoso desarrollo industrial y urbanístico creó una serie de problemas sociales: hacinamiento, enfermedades sociales se hicieron presentes. Pero curiosamente, no se culpó a las nuevas condiciones creadas por el industrialismo de ser responsables. Los enfermos mismos, es decir, las víctimas, pasaron a ser los culpables, por ser pobres y enfermos, pues eso era una señal de su “inferioridad racial”, un signo de degeneración hereditaria. Se creó una nueva “pseudociencia” llamada higiene racial, cuyos ideólogos fueron psiquiatras y antropólogos. Ellos proporcionaron los instrumentos ideológicos para una solución biológica a un problema que era eminentemente social. No era la enfermedad la que debía ser eliminada, sino sus portadores. Con la llegada de los nazis al poder en 1933, se crearon las condiciones para que estas ideas asesinas pudieran ser puestas en práctica. Como es sabido, ya en 1933 se ordenó en Alemania que cierta categoría de personas fuesen esterilizadas a fin de que no pudieran reproducirse y propagar sus “taras hereditarias”. Ya en 1923 Hitler había anunciado que había que prohibir los matrimonios entre alemanes y extranjeros, en particular con negros y judíos.
Alemania requería remedios violentos, tal vez incluso “amputaciones”. Todas esas medidas producirían una depuración racial. En la última página de su libro Mi Lucha Hitler decía: “Un estado que en una época de contaminación de las razas vela celosamente por la conservación de los mejores elementos de la suya, un día debe convertirse en el amo de la Tierra”.
Estas ideas, por sí mismas no fueron la fuente del desastre. Cuando en 1947 se estaban juzgando a esos médicos asesinos, dijo Alexander Misterlich, el delegado oficial de la cámara de médicos de Alemania Occidental: “Antes de que tales ideas pudieran traducirse en hechos monstruosos y en rutina diaria, tuvieron que cruzarse dos corrientes cuyos resultado fueron que el médico pasó a ser un asesino con diploma, autorizado no para curar sino para matar. El ser humano dejó de ser una criatura sufriente: pasó a ser un “caso” o un número tatuado en el brazo.”
A esto hay que agregar las graves consecuencias de las crisis económicas y políticas que afectaron a Alemania durante buena parte de la década del veinte y sobre todo a comienzos de la década del treinta, con su secuela de reducciones presupues-tarias para atender la salud de la población. El resultado fue que miles de médicos comenzaron a afiliarse al partido nazi. Muchos que llegaron a dicha profesión llevados por el idealismo, rápidamente sintieron las limitaciones que la ciencia les imponía. Se comenzó a abrir paso la idea de que habían no solo seres inferiores que deberían ser esterilizados, sino que tenían que ser totalmente eliminados, porque eran “consumi-dores innecesarios e improductivos” a los que habría que mantener hasta que murieran naturalmente.
Aún hoy en día se escuchan opiniones de los herederos de tales ideas. Dicen, por ejemplo, que se debe proceder a la “discontinuación de tratamientos sofisticados aplicados a personas mayores de 75 años con el fin de prolongar sus vidas”.
Pero no se trata de la Alemania nazi de los años treinta sino de los Estados Unidos en las décadas del ochenta y noventa.
Ya durante los primeros años del régimen nazi, se comenzó a realizar una profunda campaña por medio de posters que demostraban la cantidad de dinero creciente que el Estado debía gastar para mantener a niños defectuosos, frente a sumas mucho menores que se dedicaban a los niños sanos. El objetivo era claro. Si ese dinero se dedicara a los niños sanos, estos podrían desarro-llarse mucho mejor. Eran los enfermos y porta-dores de enfermedades genéticas los culpables por esa situación. Y por si eso fuera poco, en otro poster había figuras humanas: un hombre adulto cargaba sobre sus hombros dos criaturas deformes, con rostros de monos. El peso de ambos niños lo agobia.

La guerra:
una oportunidad para el asesinato

El 1 de Septiembre de 1939, el mismo día en que Alemania atacó a Polonia, Hitler firmó un decreto que autorizaba a los médicos psiquiatras a solicitar informes a las instituciones para enfermos mentales y entregar a aquellos, que a su juicio, no tenían una cura previsible, no podían trabajar, pero también se incluían otras personas que en otra sociedad no hubieran sido considerados enfermos mentales: depresivos, no conformistas o incluso presos políticos. Ese programa, como todos los planes asesinos implementados por los nazis, recibió nombres en clave. Este mal llamado plan de eutanasia, recibió el nombre clave de T-4, porque la oficina central del mismo se encontraba en la calle Tiergarten 4 de Berlín. Curiosamente “Tiere” en alemán significa animal, fiera. El edificio fue luego totalmente destruido por bombardeos.
Los directores de instituciones psiquiátricas recibieron cuestionarios donde se les preguntaba acerca del tipo de enfermedad, tiempo de internación y capacidad para el trabajo. A los directores se les dijo que esas preguntas tenían que ver con la economía de guerra, pero no acerca del objetivo último. Luego de reunidos los cuestionarios, una comisión de tres médicos, sobre un total de treinta que formaba el equipo, visitaba los establecimientos y decidía quien viviría y quien moriría. Estos últimos inmediatamente eran transportados a centros de matanza donde eran asesinados por medio de gas. El proceso de matanza comenzó el 9 de octubre de 1939 y se prolongó hasta agosto de 1941, cuando estalló una ola de protestas, lideradas por el arzobispo von Galen. Según un cálculo estadístico preparado anteriormente, sobre una población de setenta millones con la que entonces contaba Alemania, se tenía por aceptado que el 0,01% eran enfermos mentales incurables. Hasta la fecha de la suspensión temporaria de los asesinatos, deberían haber asesinado a 70.000 enfermos. Con una típica pedantería germana informaron que lamentable-mente ese número ¡había sido superado en 243 personas!, es decir, habían superado la marca que habían establecido.
Sin embargo, las matanzas no cesaron, sino que fueron suspendidas para tomarse un tiempo y estudiar nuevas medidas. Se pensó en aplicar nuevos criterios de selección, incluyendo en las listas de futuros candidatos para ser asesinados a los enfermos tuberculosos, personas mayores incapaces de trabajar y que no podían permanecer mucho tiempo en un mismo trabajo. Todos fueron igualmente considerados minusválidos, cuyas vidas carecían de valor para la economía alemana. Existía además el formidable pretexto de que, debido a la guerra, se necesitaban más y más camas en los hospitales alemanes para atender a los heridos de guerra. Lógicamente quedaba abierta la pregunta: ¿Qué pasaría con esas víctimas de guerra que no pudieran trabajar o resultaran con una grave enfermedad mental, como conse-cuencia de su participación en la guerra? Matarlos resultaba más barato que mantenerlos con vida. Pero también corrían la misma suerte los pacientes que estaban detenidos legalmente por virtud de una condena o aquellos de origen judío, es decir personas que como resultado de su clasificación social o racial no necesitaban de ninguna resolución médica para ordenar su asesinato.
Mientras tanto, los responsables de la ejecución de dicho plan, ante el requerimiento de los médicos, se avinieron a emitir instrucciones más precisas a fin de reducir el número de pacientes mentales crónicos, aunque tomaron en cuenta la posibilidad de realizar previamente una terapia intensiva. Sigue leyendo


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Un mundo turbulento: las diez guerras que hacen de 2014 un año peligroso

A cien años del inicio de la Gran Guerra, el orden internacional vigente tambalea

Por Adriana Riva  | LA NACION

la fotoConvencido de una victoria eminente, en el verano europeo de 1914 el káiser Guillermo II despidió a las tropas alemanas con un optimismo desmesurado: “Estarán en casa antes de que las hojas caigan de los árboles”, les dijo. Fue una de las predicciones más fallidas de la historia: durante los siguientes cuatro años, el mundo sucumbió ante la Primera Guerra Mundial (1914-1918), que dejó diez millones de muertos y veinte millones de heridos.

A cien años del inicio de la Gran Guerra, los paralelismos del mundo actual con aquella época inquietan: proliferan ideologías extremistas, furias nacionalistas y ambiciones imperialistas. “La Primera Guerra Mundial puso fin a cuatro imperios, reconfiguró el mapa de Medio Oriente, dio pie a la revolución bolchevique y, eventualmente, a la Gran Depresión, Adolf Hitler y la Segunda Guerra Mundial. Aún vivimos en las sombras de ese gran desastre. Varias de las regiones en crisis de aquel entonces también lo están ahora”, dijo a la nacion el economista Jeffrey D. Sachs, asesor especial del secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon.

Aunque no existe ninguna guerra activa declarada oficialmente entre diferentes Estados, el mundo es testigo de al menos diez grandes conflictos armados que dan cuenta de una realidad: que al igual que 100 años atrás, el orden internacional vigente se despedaza.

En una suerte de reacción tardía al derrumbe de la Unión Soviética, una revanchista Rusia anexa Crimea y la violencia estalla en Ucrania. En Irak, el sectarismo vuelve a resurgir y estrecha lazos con sus respectivas cofradías en la región. La Franja de Gaza, una vez más, sangra y arde. La cruenta guerra civil en Siria lleva más de tres años sin tregua. La violencia en Libia hunde al país en el más absoluto caos.

Se trata de conflictos que engrosan la lista de guerras de más larga data, como las de Afganistán, Somalia, Mali, Sudán del Sur y República Centroafricana, entre otras. Guerras olvidadas y relegadas a un segundo plano, pese a ser tan sangrientas como las más recientes.

Según los analistas, la ruptura del orden internacional es causa directa de esas agitaciones que irrumpen, cada vez con más violencia, en diversos rincones del mundo, y que son incapaces de apagarse sin un ejército de diplomáticos. Pero mientras que las zonas calientes se multiplican, nadie, empezando por Estados Unidos, parece dispuesto a apuntalar una estructura global. Sigue leyendo


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12º Certamen Intercolegial de Historia “Euskal Etxeko Txapelketa XII”. “El País Plural. La Inmigración Masiva en Argentina (1880-1914)”

UntitledSe ha recibido la invitación al 12º Certamen Intercolegial de Historia “Euskal Etxeko Txapelketa XII” a realizarse el día viernes 26 de septiembre de 2014 a las 8:30hs en las instalaciones del Instituto Euskal Echea de Llavallol.

El tema de este año será:

“El País Plural. La Inmigración Masiva en Argentina (1880-1914)”

Podrá encontrar toda la información necesaria en:

http://certamenhistoria.wix.com/euskal (sin “www”)

Sería muy grato para nosotros poder contar con su presencia y participación.

Nos encontramos a su entera disposición ante cualquier duda o consulta a través de esta dirección de correo, a saber: certamenhistoria@gmail.com

Primer Premio:

  • Un viaje para el alumno en cada categoría y un viaje para su profesor tutor.

 


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La REALPOLITIK: la época de la Paz Armada y la Gran Guerra

CAMINANDO HACIA EL ABISMO.

 

El historiador David García Hernán publica en Punto de Vista Editores Historia universal. XXI capítulos fundamentales. Reproducimos a continuación un fragmento del epígrafe aparecido en la página Anatomía de la Historia .

[…]

La Gran Guerra

Su dimensión histórica

La Gran Guerra, por supuesto, tiene una extraordinaria importancia histórica y 1914 parece romper ese viejo esquema historiográfico de que una fecha es tan sólo un símbolo o punto de referencia, más didáctico que otra cosa, para dividir las etapas históricas. El mundo va a acudir por vez primera a un conflicto a escala planetaria, donde empieza ya a cobrar forma real aquella inquietante máxima de Hobbes de que el hombre es un lobo para el hombre. Nunca antes se había estado tan cerca del abismo y, desde las grandes crisis de la Prehistoria, no se había presentado tan clara la posibilidad de la propia desaparición de la especie humana. Por eso, la Primera Guerra Mundial, por mucho que produjera menos víctimas que la Segunda, es la Gran Guerra, la madre de todas las matanzas y la que, se supone, debía dejar, ante el impacto producido, una huella marcada entre los hombres para que nada parecido pudiera suceder. Nada más lejos de la cruel realidad.

Para llegar a comprender cómo se pudo desatar aquel enorme desatino, hay que fijarse, en primer lugar, en los espacios abiertos por las tres ideologías que marcaron el devenir del siglo anterior, y que van a estar presentes también durante todo el siglo XX. El nacionalismo extremo, es decir, la exaltación de los valores patrios hasta extremos deshumanizadores, como tan magníficamente puso de manifiesto la extraordinaria película de Kubrick Senderos de gloria, se va a convertir en decisivo. Pero también el imperialismo, visible por ejemplo en los botines de guerra intercambiables de las potencias europeas, e incluso el liberalismo. Con respecto a este último, los conflictos político-sociales internos de los países y, especialmente, la cruzada por la democracia que emprende Estados Unidos frente a los regímenes autoritarios de las naciones centrales, tuvieron mucho que ver en la disposición estratégica de las potencias en la época de la Paz Armada, y serán determinantes en la Gran Guerra. De tal forma que, a la altura de 1914, no había una inmensa razón de conflicto, pero sí una muchedumbre de antagonismos y rivalidades más o menos graves que se encontraban a flor de piel para envenenarse. Y en tal extremo que sólo hacía falta un chispazo en cualquiera de las bases de los sistemas de alianzas para que todo estallara por los aires. Sigue leyendo


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11 factores que explican la guerra civil española según Julián Marías

Por Prodavinci | 10 de Abril, 2014

A continuación podrán leer los 11 factores que explican la guerra civil española de acuerdo con el resumen que hace Antonio Astorga del ensayo de Julián Marías «La Guerra Civil ¿cómo pudo ocurrir?»:

“Frivolidad: «La guerra fue consecuencia de una ingente frivolidad. Ésta me parece la palabra decisiva. Los políticos españoles, apenas sin excepción, la mayor parte de las figuras representativas de la Iglesia, un número crecidísimo de los que se consideraban «intelectuales» (y desde luego de los periodistas), la mayoría de los económicamente poderosos (banqueros, empresarios, grandes propietarios), los dirigentes de sindicatos, se dedicaron a jugar con las materias más graves, sin el menor sentido de responsabilidad, sin imaginar las consecuencias de lo que hacían, decían u omitían».

Irrealidad: «La lectura de los periódicos, de algunas revistas “teóricas”, reducidas a mera política, de las sesiones de las Cortes, de pastorales y proclamas de huelga, escalofría por su falta de sentido de la realidad, por su incapacidad de tener en cuenta a los demás, ni siquiera como enemigos reales, no como etiquetas abstractas o mascarones de proa». Sigue leyendo

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