Cartelera de Historia

Rincón de herramientas, información, textos, actualización bibliográfica y mucho más.


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Bienvenida culposa

¡Bienvenidos a este blog! Lamento decir que comenzaré con una disculpa general: en primer lugar, que en la blogósfera hay demasiados blogs, y este no hace más que sumarse al alegre montón de vituperados amateurs de la cultura. (Me hago cargo de mi inexperiencia y falta de talento.) En segundo lugar, miren si habré dudado de esto que mi primer post es un artículo del gran Umberto Eco con un despliegue de muy razonables críticas a este medio de comunicación. (Me hago cargo de mis contradicciones.) Sigue leyendo


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12º Certamen Intercolegial de Historia “Euskal Etxeko Txapelketa XII”. “El País Plural. La Inmigración Masiva en Argentina (1880-1914)”

UntitledSe ha recibido la invitación al 12º Certamen Intercolegial de Historia “Euskal Etxeko Txapelketa XII” a realizarse el día viernes 26 de septiembre de 2014 a las 8:30hs en las instalaciones del Instituto Euskal Echea de Llavallol.

El tema de este año será:

“El País Plural. La Inmigración Masiva en Argentina (1880-1914)”

Podrá encontrar toda la información necesaria en:

http://certamenhistoria.wix.com/euskal (sin “www”)

Sería muy grato para nosotros poder contar con su presencia y participación.

Nos encontramos a su entera disposición ante cualquier duda o consulta a través de esta dirección de correo, a saber: certamenhistoria@gmail.com

Primer Premio:

  • Un viaje para el alumno en cada categoría y un viaje para su profesor tutor.

 


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La REALPOLITIK: la época de la Paz Armada y la Gran Guerra

CAMINANDO HACIA EL ABISMO.

 

El historiador David García Hernán publica en Punto de Vista Editores Historia universal. XXI capítulos fundamentales. Reproducimos a continuación un fragmento del epígrafe aparecido en la página Anatomía de la Historia .

[…]

La Gran Guerra

Su dimensión histórica

La Gran Guerra, por supuesto, tiene una extraordinaria importancia histórica y 1914 parece romper ese viejo esquema historiográfico de que una fecha es tan sólo un símbolo o punto de referencia, más didáctico que otra cosa, para dividir las etapas históricas. El mundo va a acudir por vez primera a un conflicto a escala planetaria, donde empieza ya a cobrar forma real aquella inquietante máxima de Hobbes de que el hombre es un lobo para el hombre. Nunca antes se había estado tan cerca del abismo y, desde las grandes crisis de la Prehistoria, no se había presentado tan clara la posibilidad de la propia desaparición de la especie humana. Por eso, la Primera Guerra Mundial, por mucho que produjera menos víctimas que la Segunda, es la Gran Guerra, la madre de todas las matanzas y la que, se supone, debía dejar, ante el impacto producido, una huella marcada entre los hombres para que nada parecido pudiera suceder. Nada más lejos de la cruel realidad.

Para llegar a comprender cómo se pudo desatar aquel enorme desatino, hay que fijarse, en primer lugar, en los espacios abiertos por las tres ideologías que marcaron el devenir del siglo anterior, y que van a estar presentes también durante todo el siglo XX. El nacionalismo extremo, es decir, la exaltación de los valores patrios hasta extremos deshumanizadores, como tan magníficamente puso de manifiesto la extraordinaria película de Kubrick Senderos de gloria, se va a convertir en decisivo. Pero también el imperialismo, visible por ejemplo en los botines de guerra intercambiables de las potencias europeas, e incluso el liberalismo. Con respecto a este último, los conflictos político-sociales internos de los países y, especialmente, la cruzada por la democracia que emprende Estados Unidos frente a los regímenes autoritarios de las naciones centrales, tuvieron mucho que ver en la disposición estratégica de las potencias en la época de la Paz Armada, y serán determinantes en la Gran Guerra. De tal forma que, a la altura de 1914, no había una inmensa razón de conflicto, pero sí una muchedumbre de antagonismos y rivalidades más o menos graves que se encontraban a flor de piel para envenenarse. Y en tal extremo que sólo hacía falta un chispazo en cualquiera de las bases de los sistemas de alianzas para que todo estallara por los aires. Sigue leyendo


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11 factores que explican la guerra civil española según Julián Marías

Por Prodavinci | 10 de Abril, 2014

A continuación podrán leer los 11 factores que explican la guerra civil española de acuerdo con el resumen que hace Antonio Astorga del ensayo de Julián Marías «La Guerra Civil ¿cómo pudo ocurrir?»:

“Frivolidad: «La guerra fue consecuencia de una ingente frivolidad. Ésta me parece la palabra decisiva. Los políticos españoles, apenas sin excepción, la mayor parte de las figuras representativas de la Iglesia, un número crecidísimo de los que se consideraban «intelectuales» (y desde luego de los periodistas), la mayoría de los económicamente poderosos (banqueros, empresarios, grandes propietarios), los dirigentes de sindicatos, se dedicaron a jugar con las materias más graves, sin el menor sentido de responsabilidad, sin imaginar las consecuencias de lo que hacían, decían u omitían».

Irrealidad: «La lectura de los periódicos, de algunas revistas “teóricas”, reducidas a mera política, de las sesiones de las Cortes, de pastorales y proclamas de huelga, escalofría por su falta de sentido de la realidad, por su incapacidad de tener en cuenta a los demás, ni siquiera como enemigos reales, no como etiquetas abstractas o mascarones de proa». Sigue leyendo


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Las dos esposas incas de Francisco Pizarro

El conquistador tomó como esposa entonces a la viuda de Atahualpa, el inca a quién él había ordenado ejecutar, que le dio dos hijos.

por Jesús García Calero en ABC.es

¿Quiénes fueron las dos princesas que Francisco Pizarro desposó en Perú? Esta es su historia, según el relato de Carmen Martín Rubio: «La primera fue Quispe Sisa, hija del emperador Huayna Capac y de una poderosa curaca de Huaylas, del territorio de los Lucanas, llamada Contarhucho. No se sabe nada de su vida hasta que en 1533 se trasladó a Cajamarca para acompañar a su medio hermano Atahualpa. El Inca la entregó a Francisco Pizarro González, el jefe de los hombres recién llegados de tierras desconocidas y según el diario de Inés Muñoz, cuñada del conquistador, éste aceptó a la joven de muy buen grado; lo cual es comprensible pues tenía entre dieciséis y dieciocho años, era hermosa y muy alegre por lo que Pizarro la llamaba “Pispita”, que quiere decir “Alegre” y “Simpática”; fue bautizada con el nombre de Inés y llevó los apellidos de sus progenitores: Guaylas Yupanqui».

Como es sabido, dio dos hijos al conquistador: Francisca, nacida en 1534 y Gonzalo en 1535. Según la historiadora, «debió de tener gran ascendencia sobre él debido a que en Cajamarca resolvió graves problemas de abastecimiento y porque su madre, la curaca guerrera de Guaylas, en mayo de 1536 envió un ejército a la recién fundada Ciudad de Los Reyes, después conocida por Lima, que había sido sitiada por el general inca Quiso Yupanqui, y mediante su ayuda se puso fin al asedio».

Podría parecer que la unión estaba totalmente consolidada. Sin embargo no fue así. Se ignora qué causas propiciaron la ruptura: «Pudo ser que Inés se enamorara de Francisco de Ampuero, un apuesto joven que había llegado con Hernando Pizarro y que pasó a trabajar como paje del gobernador, o tal vez fue el mismo Francisco quien se enamoró de otra bella princesa llamada Cuxirimay Ocllo». Martín Rubio no tiene datos para ir más allá. Sigue leyendo


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Las dos vidas del asesino de Trotsky

Enigma obsesivo de la literatura y el cine, la figura del español Ramón Mercader, espía y brazo ejecutor de Stalin, es revisitada por la escritora Nuria Amat, emparentada con él y autora de la novela “Amor y guerra”.

POR NURIA AMAT en Revista Ñ

La policía mexicana exhibe el piolet con el que Mercader mató a León Trotsky.

La policía mexicana exhibe el piolet con el que Mercader mató a León Trotsky.

Siempre supe que Ramón Mercader, responsable de haber dado muerte al recordado dirigente de la Revolución Rusa, León Trotsky, era para mí un asesino muy especial. En primer lugar, mi padre estaba emparentado con María Mercader, la esposa de Vittorio de Sica, y en lo que respecta a la familia, Ramón era poco menos que un demonio. Silencio sepulcral al respecto. Y, para añadir más misterio al enigma, la vida de Mercader ha sido uno de los más grandes secretos de la historia del comunismo soviético.
Elementos todos que, sumados, se convirtieron un buen día en tentación fulminante para una novelista entregada a descubrir intimidades, desvelar confidencias, atar cabos sueltos a personajes incómodos y poner sobre el tapete la luz reveladora de tanto misterio y manipulación política.
¿Cómo un joven catalán de veintisiete años, hijo de la burguesía barcelonesa, consiguió ser uno de los asesinos más conocidos y repulsados de la historia y con ello cambiar el curso de la misma? Para responder a fondo escribí una novela (Amor y guerra) y, posteriormente a su publicación, dediqué tres años más a una investigación sobre la verdadera personalidad del asesino, los motivos del crimen (ordenado, como es sabido, por Stalin) y el entramado de la importantísima red de espionaje soviético en la que Mercader llegó a ser considerado el agente más valorado.
Ramón Mercader ha pasado a convertirse en mi fantasma particular. Especialmente cuando el único nieto de Caridad Mercader consiguió comunicarse conmigo pidiéndome que en lo posible siguiera indagando y estableciendo claridad histórica sobre su tío y abuela. No he podido evitar desde entonces buscar la mejor respuesta a los datos ocultos ¿Fue Ramón Mercader el único ejecutor del crimen? ¿En qué consistió la sucesión de órdenes para que fuese un catalán el responsable del asesinato? ¿Por qué con la ayuda de un piolet, objeto primitivo, pudo perpetuar el crimen? ¿Llevaba otras armas mortíferas? ¿Cómo estos elementos, digamos surrealistas y sórdidos consiguen superar las estrategias criminales soviéticas más profesionales? ¿Cómo era Ramón? ¿Qué le indujo a hacer lo qué hizo? ¿Caridad Mercader del Río, madre del protagonista, estuvo realmente loca? ¿Amó a Stalin más que a sí misma? ¿Qué motivos hubo para que no fuera purgada y encarcelada por Stalin como todos los agentes soviéticos participantes del crimen? ¿Cuál era la relación entre madre e hijo antes del asesinato? ¿Por qué se negó Ramón a escapar a Moscú cuando su madre había articulado la estrategia para sacarlo de la prisión de Lecumberri? ¿Por qué concedieron a Mercader el Premio Lenin de la Paz? ¿Por qué “huyó” a Cuba? ¿El asesinato de Trotsky cambió, como dicen, la historia del siglo XX? ¿Fue Mercader asesor de Fidel Castro durante su exilio cubano? ¿Cuáles fueron los motivos de su muerte?
Y sobre todo: ¿por qué un silencio tan largo y espeso? Un riguroso silencio de sus protagonistas y de los testigos del hecho que persiste todavía pese a los cambios extraordinarios ocurridos en la antigua Unión Soviética y el mundo.
Mercader no es cualquier peón elegido al azar tal y como han querido presentarlo.

El origen de la leyenda

En un mes de febrero gélido de 1913, año en que Stalin se verá por primera vez con Trotsky en Viena, nace en Barcelona Ramón Mercader del Río, el agente especialísimo que asesinará al Jefe de la Revolución Roja, obedeciendo el catalán la orden del tirano soviético. Mercader: el hombre más secreto de la historia reciente, leyenda mundial en hervidero sobre la que especularán voces célebres del arte y de la cultura (Losey y Semprún, entre ellos) pero sin conseguir demostrar la verdad de su vida. Se trata, sin duda, de un asesino muy particular. ¿Sicario? Por supuesto, no. Estalinista hasta los huesos, sí. Producto de un tiempo en el que el oficio de matar era práctica corriente de héroes, idealistas y belicosos. Espía modélico conforme al canon de agentes secretos de la época. Republicano, inteligente, cultivado, marxista, burgués, bien educado, intrépido que, a diferencia de otro agente famoso (alias 007) creado por Ian Fleming, con quien el catalán guarda más de un parecido, trabajará a las órdenes del servicio secreto de Moscú siendo el mismo el agente más valorado de la Unión Soviética.
Finales de los años treinta de un siglo que Kafka llamó “la época más nerviosa de la historia”. Una gran crisis económica ha afectado al mundo capitalista y se desatan guerras en diferentes países. Millones de muertos. Poblaciones destruidas. Hitler, Stalin, Mussolini y Franco establecen dictaduras absolutas y mortíferas, hasta terminar en una guerra fría entre dos bloques. El occidental capitalista, liderado por Estados Unidos, y el oriental comunista, liderado por la Unión Soviética.
¿Qué papel representa Mercader, hijo de un fabricante textil de Barcelona, en este escenario sombrío? Nadie sabe ni quiere saber. Su vida, su forma de actuar, su formación, la red de espionaje de la que depende su silencio y su gran personalidad (siempre bajo la bota del gran verdugo Stalin) contribuyen a que la fábula en torno al asesino de un solo hombre prevalezca sobre su historia real, sorprenda incluso a la maquinaria espía soviética y pase a transformarse finalmente en mito. Es decir: en una fatal quimera.
Los dioses de la guerra tienen su parte de responsabilidad en tamaña vida novelesca. Nacido Ramón para ser industrial, abogado, deportista, historiador, periodista, diplomático, militar o profesor (todo eso llegó a ser entre una cosa y otra) se convierte, como bien contó Javier Rioyo en su película (Asaltar los cielos), en el único asesino español de las enciclopedias universales sobre criminales gloriosos. Solo que en este caso su historia no es como han querido inventarla. Sino increíblemente mejor.
Héroe para unos, asesino para otros, el agente secreto Mercader, alias un sinfín de identidades, es conocido en el mundo por ser autor de su obra más significativa. Un 20 de agosto del que ahora se cumplen setenta y tres años, consigue matar al líder de la Revolución rusa con la ayuda de un piolet de niño que clava en la cabeza de su víctima sentada a la mesa de su despacho de la casa en el barrio de Coyoacán (México, D.F.) donde Trotsky vivía fortificado temiendo que su obsesionado enemigo consiguiera liquidarlo.

La mano que mueve la cuna Sigue leyendo


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¿Cómo impedir que Hitler llegue (hoy) al poder?

por Fernando Mires en Prodavinci

Transcribimos el excelente artículo del historiador y politólogo chileno, que plantea la inquietante posibilidad de pensar en una forma de prevenir la generación y -sobre todo- el triunfo de un autócrata populista al estilo del dictador alemán. ¿Quiénes “tuvieron la culpa” del éxito político de Hitler?

“Cuando la revista Perspectiva, del Instituto de Ciencia Política Hernán Echeverría Olózaga de Colombia me solicitó un artículo bajo el título ¿Cómo evitar que los Hitlers ganen en las urnas?, lo primero que pensé fue poner como condición un cambio de título. La sola idea de que Hitler pudiera regresar era y es para mí una distopía difícil de aceptar.

Una segunda vuelta de tuerca me hizo observar que el título no tenía un sentido literal. El ascenso de Hitler puede ser también utilizado como símbolo representativo de todos los gobernantes que utilizando instituciones republicanas han accedido al gobierno con el objetivo de desmontar la democracia y en su lugar establecer una dictadura, una autocracia o algo similar.

Es importante agregar que el ascenso de Hitler al poder no solo sirve para caracterizar un signo del fascismo. Esa misma “táctica” ha sido asumida, y no en pocas ocasiones, por grupos y partidos que se autodenominan socialistas, algunos de los cuales todavía entienden a la “democracia burguesa” como una  simple superestructura del capitalismo. Es historia muy conocida, sobre todo en América Latina. No insistiremos aquí sobre ella. Valga solamente mencionar que la táctica hitleriana de acceso electoral al poder fue compartida en su tiempo por el KPD (Partido Comunista Alemán). Sigue leyendo


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“¿Qué es el amor?”, Famosas definiciones en 200 años de historia literaria

por María Popova en Brainpickings 

(traducido audazmente por Cartelera de Historia y con links agregados por nosotros también)

“El amor no tiene nada que ver con lo que estás esperando obtener, sólo con aquello que estás esperando dar -que es todo.”

(…) qué mejor forma de comenzar un año que con una selección de definiciones poéticas de un fenómeno particular que es al mismo tiempo más amorfo que el arte, más resuelto que la ciencia, y más filosófico que la filosofía misma? Reunidos aquí están algunas de los más memorables e intemporales percepciones sobre el amor, escogidas entre varios centenares de años de historia literaria. ¡Que lo disfruten!

Kurt Vonnegut, que de muchas formas fue un extremista sobre el amor pero también tuvo una saludable dosis de irreverencia sobre él, en Las Sirenas de Titán:

Un propósito de la vida humana, no importa quién está controlándola, es amar a quienquiera que esté alrededor para ser amado.

Anaïs Nin, cuya sabiduría sobre el amor no conoció límites, en Una pasión literaria: correspondencia de Anaïs Nin y Henry Miller, 1932-1953:

Qué es el amor sino la aceptación del otro, sea lo que éste sea.

Stendhal en su fantástica obra de 1822, Sobre el amor:

El amor es como una fiebre que viene y se va completamente independiente de la voluntad. …No hay límites de edad para el amor.

(Para seguir leyendo el artículo, que incluye frases de C. S. Lewis, Charles Bukowski, Susan Sontag, Shakespeare, Ambrose Bierce, Bertrand Russell, Dostoievsky, y muchos más, bellamente ilustradas con tarjetas victorianas, ver:

What Is Love? Famous Definitions from 200 Years of Literary History )

 

 

 

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